La tarde empieza a caer, pero Lisán continúa empujando su carretilla al ritmo de sus pregones para vender toda su mercancía. Lleva zanahorias, coles, plátanos, cebollas, ajo, frijoles, que le dan colorido a las calles por donde anda.

Algunos se le acercan, pero desisten. A otros les parece buena la oferta y le compran algo.

Unos días con más suerte que otros, así ha transcurrido en los últimos tres años la vida de este joven cubano que ansía, algún día, poder vender sus verduras a un precio más barato. Mientras, la especulación del mercado mayorista donde compra sus productos no le deja otra opción que seguir vendiendo caro.