Tiene 58 años y es devota al Creador. Conoció a Dios “por la caridad”. Curiosa manera, además, porque así le puso su madre aquel día lluvioso en que vino al mundo, en una casa de madera enterrada en el barrio Luyanó.

Pero Ángela de la Caridad no siempre fue cristiana, como tampoco lo es su hija de catorce años, a quien lleva cada domingo a la catequesis, con la esperanza de que “encuentre el buen camino”.

Militó en el Partido Comunista de Cuba en tiempos en los que funcionó en completo divorcio con la fe de iglesias, pero nunca se planteó el conflicto entre ideología y religión; sencillamente no pensaba en Dios. Ha sido inspectora de transporte, trabajadora de comunales, custodio de la Empresa de Seguridad de Instituciones de Cultura; todas ocupaciones de baja calificación. Así crio sola a su hija Rosa, que desde los dos años vio salir a su padre por la puerta sin que jamás regresara.

 La primera vez que Ángela de la Caridad fue a la Iglesia buscaba ayuda. Supo que allí podía conseguir medicinas, ropa y hasta comida y no se tomó siquiera un segundo para cuestionar un “desvío” de los principios que le inculcaron durante años.

La tercera vez le pidieron ayudar con las visitas, sumarse a una red que funciona sobre los principios de la fe y el amor al prójimo. Le pareció espléndido. Descubrió que también recibirían a su Rosa cada domingo en la mañana y le mostrarían un camino, aunque hasta ahora su hija no parece totalmente convencida. La quinta ocasión ella fue para rezar. Un tránsito breve pero intenso. Ángela de la Caridad no se hizo monja, pero sí renunció a los hombres y se entregó a Dios.

En la comunidad

El punto de referencia del trabajo comunitario de la Iglesia Católica en Cuba es Caritas, una organización no gubernamental que desde 1991 funciona en Cuba. Ésta fue constituida formalmente por decreto de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, gracias a la iniciativa del Cardenal Jaime Ortega Alamino.

Con esa organización trabaja el padre Silvano, un italiano que ha pasado lo últimos 15 años de su vida trabajando en Cuba “porque este es el mejor lugar del mundo. Esta Isla es un taller. Aquí se están haciendo cosas nuevas, en un mundo donde hay muchos países viejos, perdidos en el materialismo. Aquí hay un camino; hay valores que hay que reanimar, porque las situaciones difíciles los han aplastado, pero los hay”.

Pero lo más impactante de Cáritas es su trabajo en las comunidades. La organización tiene varios proyectos generales, los cuales se replican a menor escala en todas las parroquias, en dependencia de los recursos disponibles, que vienen fundamentalmente de Suiza, pero también de otras organizaciones internacionales.

“Son personas con algún tipo de desamparo que al encontrar alguien que se interese por ellos, recobran la esperanza, y la vida tiene entonces un sentido. Porque no solo de pan vive el hombre; también necesita un sentido para comer”, explica el padre Silvano, seguro.

Y cuenta de proyectos como la pastoral sanitaria, que tiene como fundamento la alimentación y los medicamentos que para algunos, más de los que nos gustaría admitir, escasean. Se trabaja mucho con los niños y los ancianos de la comunidad, explica el padre: “Ahora soñamos con un centro diurno para viejitos que llegan por la mañana y se van por la tarde, porque hay muchos solos, y ahí socializan”.

También funciona la pastoral penitenciaria, que se encarga de la atención a familias con alguno de sus miembros en la cárcel. En este caso también cuentan con la voluntad de algunos abogados para revisar y atender casos de forma gratuita.

“La fe no tiene sentido sin el servicio”, y con esa máxima parece definir su encargo divino, trabajo con el cual ha abierto más de una puerta en Cuba.

Dice que el Papa Francisco va a encontrar en Cuba una “religiosidad básica fabulosa, que siempre ha existido y es muy típica en las personas que viven bajo el sol”, pero además va a encontrar una comunidad más fuerte, “porque de los árboles arrasados en otros tiempos quedaron los retoños”. Eso diagnostica el padre Silvano, que trabaja en una parroquia con más de 50 mil personas y decenas de voluntarios para lograr una mayor cercanía con la institución que la iglesia en definitiva es.

Aunque en una parroquia distinta, Ángela de la Caridad de alguna forma es también la confirmación de ese crecimiento: El día de su comunión, otros seis adultos se unieron a este camino espiritual.

Hace dos años que Ángela de la Caridad es cristiana, y no tan secretamente sueña con la oportunidad de sostener, aunque sea por algunos segundos, la mano del Papa Francisco el próximo septiembre. “Esa visita será una bendición más para este país, que tanto necesita de la fe”, afirma Ángela de la Caridad.