Anhelo de un festejo futuro

Seguramente nos daría un ataque de risa si nos enterásemos de que nuestro vecino celebra su aniversario de boda sabiendo que nunca ha estado casado, o si el mejor amigo de la familia nos llamara a la puerta para festejar su cumpleaños por adelantado; sencillamente porque no quiere esperar tantos meses, o peor aún, dedicarle todo un día de fiesta a algo que casi nadie conoce y que, por tanto, no deja de ser más que un sueño utópico para millones de personas en todo un país.

Por Carlos Alberto Pérez.

Así llegamos a Cuba, un atípico escenario donde la celebración por el Día Mundial de Internet no se conoce, y donde anunciarla en voz alta provocaría una irónica burla a pesar de que poco a poco la isla ha ido llenando importantes espacios en este sentido.

Y no es que acá no haya Internet a estas alturas del siglo XXI, el problema es precisamente que la conexión que tenemos está demasiado centralizada en centros de trabajo a nivel estatal, universidades o en el Polo Científico, por solo mencionar algunos casos; y la otra, la que supuestamente debería ser para todo el pueblo, tiene precios inaccesibles para cualquier cubano de a pie que viva honestamente de su salario, es decir, la mayoría.

Cierto es que los conectados, ya sea por una vía o por la otra, suman ya unos cuantos miles día a día, pero la suma más importante en este cálculo no son los que crecen, sino los que restan, y estos son la inmensa mayoría de los cubanos que por una razón u otra no tienen el más mínimo acceso a la red de redes.

Por eso en mi país quizás este sea un día como otro cualquiera, donde incluso los conectados ni se enteren de la puntualidad de la fecha, pues a decir verdad no nos sentimos identificados aún como una sociedad interconectada. En esto creo que inciden factores de peso como las diferencias culturales, traídas de conjunto con el desarrollo de determinados países y regiones, así que soñar con un mundo virtualmente conectado en un país subdesarrollado como este; que además tiene a nivel de gobierno muchísimas otras prioridades, podría ser una pesadilla constante durante muchos años en lo adelante, por tanto asumirlo con naturaleza y esperar a que nos sorprendan, es la técnica de la desesperada espera que hemos adoptado muchos de esos soñadores.

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De igual forma la red cubana tiene sus particularidades. Si revisamos de una punta a otra de la isla, la mayoría de los accesos a la web aún se hacen a través de un satélite, ya que todavía la infraestructura de fibra óptica no garantiza un enlace masivo y solo está activa en los diferentes cibercafés establecidos por el gobierno. Esto hace que el resto de las conexiones se ralenticen, de manera que el acceso a páginas de formato sencillo como el mismo Google, puede resultar una tarea tortuosa.

Si a eso le sumamos las prohibiciones de acceso a sitios web de contenido político diferente al sistema, sitios de compraventa, o los diversos servicios que por razones del bloqueo norteamericano están prohibidos específicamente para Cuba; volvemos al punto en el que los pocos que tenemos conexión aún no hemos podido explorar Internet libre de controles y prohibiciones, por lo que el hecho de “estar conectado a Internet” se hace más bien un hecho formal que real.

De todas maneras el pensamiento sigue siendo positivo, lo que arroja esperanzas alentadoras en un país que poco a poco está cambiando sus estructuras, tanto las económicas como las de pensamiento, y esto quizás para el año que viene pueda revertir en un escenario totalmente diferente.

Este mismo 17 de mayo se celebra en Cuba el “Día del Campesino”, que aunque no produzcan lo suficiente para darnos de comer todavía de esos tenemos bastante. De igual forma es un día señalado en la isla para el festejo del Día Internacional contra la Homofobia, una emergente cantera que está ocupando su espacio en la sociedad gracias al excelente trabajo que está realizando el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, con Mariela Castro a la cabeza. 

Por tanto, como aún no estamos preparados para festejar un ciberdía en una fecha como esta, propongo que de una vez asumamos cualquiera de los perfiles anteriormente mencionados; seguro estoy que de ambas cosas el pueblo cubano sí conoce en profundidad, y el reto entonces sería incluir una nueva propuesta para el año siguiente, que quizás si ya estamos debidamente vinculados a la vida digital, toque celebrar complementándose unas con otras, iniciativas tan diferentes como estas.

Autor

Carlos Alberto Pérez, bloguero cubano

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