¿De dónde vienen los líderes?

Construir un líder no es tarea fácil. No existe fórmula mágica ni mucho menos una máquina donde uno pueda añadir ciertos productos y con sólo apretar un botón salga el “líder perfecto”.

Por Yohan González/desdeminsulacuba.com

Algunos dicen que hay seres que nacen con el halo de ser líderes, otros que el objetivo se logra con una mezcla de formación y experiencia o hay quienes piensan que los líderes se imponen con el dedo. Lo cierto es que hoy en día ya es muy difícil encontrarlos.

Estudiar a los líderes es toda una ciencia, su habilidad comunicativa, su capacidad de movilizar fuerzas, su carisma, el impacto de su imagen o el gran vacío que dejan cuando no están son elementos que muchos a veces se esfuerzan en comprender en su larga lucha por encontrar ese ser capaz de capitanear a las masas, ese pastor capaz de guiar a las ovejas hacia el cumplimiento de los esfuerzos.

Tras la “proclama al pueblo cubano” de Fidel Castro en julio de 2006 y el ascenso de su hermano Raúl como Jefe del Estado, del Gobierno y del Partido, Cuba entró en una nueva etapa.

El proceso de transformación o de reforma político-económica se encamina ahora hacia la etapa de transferencia del poder a una nueva generación de políticos, la gran mayoría de ellos nacidos después del triunfo de la Revolución, los cuales no cuentan con el mérito histórico en sus currículos del Moncada, la Sierra o Girón. 

Más allá de si poseen o no la capacidad de ser los “herederos”, aún se persiste en aplicar en Cuba el viejo modelo de la imposición de líderes.

Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez parece ser “el hombre”. Para algunos es el “delfín político de los Castro”, para otros, “símbolo de las nuevas generaciones que se abren paso”.Lo cierto es que el derecho de elegir al líder no debe ser prerrogativa de unos pocos, sino de las mayorías. Es el pueblo, directa y democráticamente, quien tiene que elegir quien es el más capaz y el más útil para servirlo.

Eso lo tienen que entender los políticos y la clase dirigente cubana, quienes muchas veces critican los defectos de “democracias” externa, pero que a veces le cuesta ver los errores que tiene dentro de sí misma.

Hace algunos meses el compositor y pianista Robertico Carcassés, en autónomo ejercicio de expresión, llamó a tener el derecho a elegir a nuestro propio presidente.

Algunos se centraron más en averiguar quién era la María que había que liberar o en si era o no adecuado el lugar y el momento en que dijo sus demandas y olvidaron interiorizar esa demanda.

Pedir eso no es para nada antirrevolucionario, a lo contrario, es sumamente revolucionario pues se está poniendo en manos del pueblo no sólo la responsabilidad de elegir a sus políticos, sino también de tener la capacidad de quitarles la confianza con un voto.

No obstante, el derecho de elegir al presidente no garantiza ni es la forma con la que se alcanza la “democracia”. En la Cuba que se está construyendo el liderazgo no debe de caer en una persona ni mucho menos en un grupo cerrado sino en instituciones fuertes y mucho más cercanas al pueblo. El liderazgo tiene que recaer en una Asamblea Nacional fuerte, en una sociedad civil abierta, responsable, patriótica y completamente nacionalista.

Como bien dijo una vez un buen amigo al referirse a las nuevas generaciones de líderes: “La confianza no se hereda, ni se hace heredar por decreto, se construye con años de sacrificio y servicio”.

Por eso, me pregunto: ¿de dónde vienen los líderes? Y al menos yo me respondo: De donde el pueblo decida.

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