Dominó mientras no hay luz

“¡Se fue la luz!”, indica entre la obviedad la doña del apartamento. En esta oportunidad, dos de las cuatro horas semanales del sistema de racionamiento que impone la compañía estatal venezolana de electricidad, tocan entre las 9.00 y 11.00 de la noche.

Se enciende el protocolo que se ha creado silenciosamente ante las repeticiones; y cada miembro de la familia se alinea para ir a la terraza, el refugio ante el sofocante calor.

Desde que se reiniciaron los ciclos del llamado “Plan de restricción del servicio”, antes “Plan Nacional de Administración de Carga”, siempre les había tocado en momentos cuando todos estaban en clases o trabajaban. Pero en los últimos meses, son frecuentes las interrupciones en horarios en los que todos confluyen en la vivienda.

“Te asomas por aquí (señala la ventana del estudio) y ves como una parte de este mismo sector está con luz”, dice Juan, el más joven de la familia. Vive con su mamá, hermana, hermano y su abuela.

Cuando el servicio comenzó a fallar de noche, Beatriz o Betty, la mamá de Juan, bajaba los doce pisos del edificio para compartir con los vecinos. “Allí fue que me enteré de que juegan dominó cada vez que se va la luz y hasta un torneo tienen armado con la torre B (el edificio hermano dentro del conjunto residencial)”.

El conserje, con remarcado acento colombiano, lo confirma: “Si el apagón cae un jueves o viernes, aquí amanecen bebiendo y jugando, incluso después de que regrese la luz”.

En el salón de festejos de la vivienda, se consiguen pocas personas para la cantidad de cerveza que hay. Se mantienen frías, según destaca Betty, porque la nevera de la conserjería escarcha.

Pese a no jugar, Betty asegura que, mientras van "trancando" la partida, pudo ver a opositores y a oficialistas contando cómo les molesta lo que se vive en el país.

“Yo trataba de mantenerme calladita, pero siempre salía el tema de la escasez de cualquier vaina y hablaba. Por lo menos no era la única”, afirma.

Juego a oscuras

En la mesa de dominó también se ha creado un protocolo silencioso, donde son los sonidos de las piezas las que indican las acciones a seguir ante la ausencia de electricidad.

Dos golpes toscos y continuos indican que la persona no juega la ronda; tres, es para que el siguiente jugador apure el paso y un pequeño golpe de la ficha a la botella significa que se le pide a los compañeros buscar las cervezas o que se va al baño.

De resto, el juego se mantiene callado, con público esperando a que pierda un equipo para tomar el relevo o buscando alumbrar con una lámpara a baterías, una vela o el flash de un teléfono inteligente.

“Ve, aquí pasa lo que no sucede en la Asamblea Nacional, hablamos los de la oposición con los del oficialismo”, dice un hombre calvo de unos cuarenta años.

Otro hombre, con “short” y sandalias roídas, confirma la información y añade: “durante estos torneos de dominó varios vecinos se conocieron y lograron conversar de temas de interés mutuo porque ninguno iba –y hasta la fecha, no van- a las juntas de condominio”.

“¡Trancao!”, grita uno anunciando el final del camino de una pareja, mientras otra ocupa su lugar. La bombilla se enciende tras dos horas, anunciando que se acabó el racionamiento ese día. La misma fila que llevó a Juan y a Betty a la terraza, los lleva ahora a sus camas.

El último que queda, que decidió rezagarse o simplemente fue al baño,  le toca apagar la luz.

Autor

David Padilla G  | @dawarg, bloguero venezolano. 

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