Los retos de una joven venezolana discapacitada

María Eloísa es una joven venezolana que nació con malformaciones congénitas. En su día a día, se enfrenta al reto de terminar sus estudios y al mismo tiempo, a acceder a los espacios públicos no adaptados para personas con discapacidad.

“Me han operado desde las seis horas de nacida”, dice María Eloísa. Tiene 19 años, vive en al occidente de Venezuela y cada palabra que sale de su boca es un titular.

Las malformaciones congénitas que sufre la han llevado a sobrevivir en la ciudad con andadera. Aún no tiene los veinte años y ya cuenta unas 17 intervenciones quirúrgicas. Le faltan otras más, pero quiere graduarse primero antes de hacérselas. “Con el tiempo me fueron operando debido a las emergencias y han solventado muchas cosas”, comenta.

Estudia, becada por el gobierno regional, sexto trimestre de Derecho en la Universidad Rafael Belloso Chacín, mejor conocida como Urbe, y a su juicio el sitio de estudio es tan crítico para andar como en la propia metrópolis donde reside.

María Eloísa supera las barreras arquitectónicas con optimismoMaracaibo es una ciudad muy difícil para un discapacitado. Hay muchos espacios que no están adaptados (…) Yo utilizo andadera y se me dificulta mucho. Las personas que usan sillas de ruedas simplemente no pueden entrar a muchos lugares”, asegura.
 
Dentro de las leyes venezolanas hay una normativa por la que el 5% de las compañías debe incluir dentro de sus espacios laborales a personas con discapacidad dentro de su plantilla, pero deja a discrecionalidad de las entidades municipales la inclusión en otros servicios.

La Urbe, que es una institución privada, tiene bloques de salones con una incontable cantidad de escalones sin acceso a rampas o ascensores a niveles superiores. Hablar del transporte público, en ésta y muchas zonas de Venezuela, es referirse a un reto hasta para la persona más aventurera. 

La situación se agrava al revisar centros de educación superior públicos, como la Universidad del Zulia (LUZ): su horizontalidad y la fragmentación en facultades o dependencias no hace difícil solamente la cotidianidad para personas discapacitadas, sino el desembolso económico para nuevos proyectos que sirvan para el acceso.

“Me inscribí también en la Universidad del Zulia, en Ciencias Políticas, que es otra carrera que me encanta y en cierto modo se complementa, pero debido a que uso andadera me canso mucho. Decidí dejarla y enfocarme en Derecho, en Urbe”, destaca María Eloísa.

“Creo que mediante esa carrera (Derecho) se puede generar un cambio, muchas cosas nuevas”, dice. Salió de bachillerato (de la escuela secundaria) con honores y así pretende hacerlo continuar en esta etapa profesional con un título summa cum laude o simplemente cum laude. Añade que la ayuda de sus abuelos es un pilar fundamental tanto para su vida académica como para su movilidad.

“A los treinta años, supongo que seré juez o embajadora, graduada con un posgrado en penal o internacional y ejerciendo mi carrera, haciendo lo que me gusta”, destaca la chica de cabello negro devota de Jesús de la Divina Misericordia. No hay mención al activismo por los discapacitados, pero sí a la preparación académica.

Autor

David Padilla G  | @dawarg, bloguero venezolano. 

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