Ni a morir se tiene derecho en este país

¿Cómo se le explica a un padre que su hijo fallecido no puede ser enterrado porque la producción de ataúdes está a la mitad, debido a la carencia de latón?
A Gloria, de unos 50 años, le tocó de sopetón enfrentar la muerte de su único hijo el pasado fin de semana, tras un enfrentamiento entre bandas delictivas en Petare. Pero ella, no sólo debió llorar a su cría y desgarrarse en carne viva a la vera del cuerpo sin vida de su hijo, yacido a unas dos cuadras de su casa, luego de un tiroteo entre bandas de ese sector caraqueño.

Pues cuando apenas pudo recomponerse, y “refugiarse en Dios”, tuvo que lidiar con la burocracia de retirar el cadáver en la morgue de Bello Monte y, a la postre, ir de funeraria en funeraria para velarlo; y, como si esto fuera poco, “suplicar por una urna… no hay urnas… dicen que no hay material, mi hijo no es un animal”.

Luego de algunas horas, logró ubicar un ataúd en un pueblo aledaño a la capital venezolana y, por fin, despedirse frente a la tumba de quien era el hombre de su casa.

Realidad

Después de una procesión por distintas funerarias del oeste de Caracas, se pudo constatar la dificultad que tienen las capillas para prestar el servicio velatorio a las familias que han perdido a uno de sus integrantes.

El principal problema, según Gerardo, dueño de una funeraria del barrio La Paz (que no quiso dar su verdadera identidad como la mayoría de entrevistados), es la falta de material para la fabricación de ataúdes, pues normalmente la demanda exige los que son de latón, debido a que las urnas de maderas son muy costosas.

Asimismo, “las telas satinadas para forrar los ataúdes tampoco se consiguen”. El hombre también comenta que este problema no es de ahora.

“Desde el mes de noviembre tenemos estos inconvenientes, los surtidores dicen que no hay divisas para importar el material y, por eso, están a media máquina”.


La muerte es algo para lo que no estamos preparados. En esta cultura occidental, fallecer es sinónimo de tragedia, soledad y mucho dolor. Pocos se recomponen rápidamente, el duelo suele venir acompañado de sombras y lágrimas.

Se va recortando el aliento y la desesperanza llama a la puerta, pero esta escena puede volverse aún más desconsoladora cuando se pierde a un ser querido de forma sorpresiva y no de origen natural, sino por una bala, o dos.

Eso se ha vuelto común no sólo en los barrios bajos de Caracas, sino también en ciudades del interior del país como Valencia, Puerto Ordaz o Barquisimeto. Ya aceptado el hecho: ¿qué pasa cuando a los muertos no hay dónde velarlos o enterrarlos?

La historia de Gloria la contó a eltoque.com su hermano a las puertas de una funeraria ubicada en Plaza Venezuela, la mujer ha caído en shock. Para él, de nombre Felipe Durán, la denuncia no le da miedo: “miedo o vergüenza debería darle al Gobierno, que no tenemos ni para enterrar a los hijos que nos matan los malandros que ellos mismos han creado”.

  • Gerentes de funerarias aseguran que no hay material para fabricar los ataúdes.
  • El latón, principal material para la construcción de las urnas, debe ser importado desde Colombia
  • Una urna de madera cuesta entre 11.000 y 13.000 bolívares, o sea, el doble de las de latón, cuyos precios oscilan entre 6.000 y 7.000 bolívares.
 

Risas y lágrimas

Este tema se ha puesto sobre la mesa en las últimas semanas en Venezuela, algunos aún permanecen incrédulos, empero una mayoría aplastante parecieran aceptar. “Cualquier cosa que ocurra después que se roban 20.000 millones de dólares, que no haya urnas, no me parece algo descabellado”, afirma Ely Mata, estudiante de arquitectura, en un foro sobre el futuro de los jóvenes venezolanos al que estuvimos invitados en la Universidad Central de Venezuela.

De la misma manera, Ronald Cabrera, estudiante de derecho, revela que “mientras estamos sentados aquí, muchas cosas pasan en la ciudad… A veces uno se preocupa o nuestras madres, pero ¿qué hacemos?, ¿no vivimos?”

Sin embargo, uno de los invitados al evento, dijo a micrófono abierto algo aterrador: “No es que te maten, es que te entierren… ni derecho a morirse tiene uno”, en clara referencia al déficit de ataúdes en el país, lo que provocó de inmediato algunas carcajadas -quizá de disimulo a la obstinación-. Y enseguida se hizo el silencio que antecede la reflexión, o el temor a afrontar las cosas tal como son. 

Fuentes:

- Afectados

- Trabajadores de funeraria: La paz, Hispania, Bello Monte, Paraíso, Vallés. 

- Cámara Nacional de empresas funerarias, cementerios, fábricas de urnas, crematorios, prevención y afines.

Autor

Eduardo Salazar de Peñaranda. Ser joven en América Latina es conocer el pasado y soltarlo; entender el presente y adueñarnos de él; poner la mira en el futuro y desafiarlo a que sea mucho mejor. En las calles de Venezuela: aprendo, descubro y dimensiono la sociedad desde distintos ángulos, pues quedarme con la primera impresión sería un error en un país en el que su gente (Sociedad y Estado) parecieran reinventarse y sorprendernos día a día. A veces me preguntan por qué escribo, y mi respuesta es contundente: no me gusta lo que veo, y esto no quiere decir que todo esté mal, pero tampoco las cosas están como deberían. Por tanto, desde esta trinchera caraqueña apuntalo mi pluma para construir un lugar de paz y sin violencia para vivir, en la espera que desespera pero intencionalmente busca despertar consciencias. 


Twitter: @EduSalazarU

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