Yo soy de azúcar

“Yo no fui violada por mi padre ni mucho menos por mis compañeros de la universidad. Es absurdo imprimirle siempre el mismo morbo a este asunto”, declara Juan Crisóstomo, una cantante transgénero conocida artísticamente como Azúcar, antes de su actuación en una discoteca de Caracas.

“Entiendo que por naturaleza, en sí, tenga mucha connotación sexual… Pero no es algo impreso a la fuerza ni siquiera lo elegí. Nací así y para mí es un don, es mi talento. Ese talento nadie me lo explota, yo lo exploto por mí misma. Uso peluca y maquillaje, pero no soy `marica´.

“Soy una mujer que tiene pene y también lo uso, de vez en cuando. Sé que es difícil comprender qué o quién soy. A mí me costó hacerlo, pero no pido que me entiendan, no vivo de aprobaciones, sino de aplausos.

"Soy travestí, eso dicen. No me prostituyo, lo hago porque soy una artista. Canto, bailo y me siento diva en un escenario. No me importan si algunos se burlan o me cuestionen. Soy una artista, lo he dicho ya.

“Siempre supe que era diferente a los demás. Aunque hoy en día digo que todo el mundo es raro. Desde pequeño no me gustaba jugar fútbol con los niños. Por el contrario, me encantaba estar con las niñas: jugar a las muñecas o a la casita. Me fascinaba peinar a mi hermana mayor y cuando no había nadie en casa, me ponía los tacones de mi madre y sus faldas – risas-.

“Estaba loquita, me ponía frente al espejo y cantaba canciones de Celia Cruz. Quizá porque soy muy alegre y alborotada, me sentía identificada, aunque ahora mis shows los haga de Madonna o Kylie Minogue. Tengo otra onda musical hoy en día, definitivamente.

“Mi nombre de pila es Juan Crisóstomo, imagínate tú semejante nombre. Gracias a Dios no me llaman así. Ese fue un Presidente venezolano, eso creo. La historia no me gusta mucho, parece que a mis progenitores sí -risas-, y menos educación física. Lo mío eran las matemáticas. No vayas a creer que era de manualidades o educación artística, nunca he sido ni seré un cliché.

“Pero sí, encajo en un estereotipo, lo sé. O `arquetereotipo`, ok…, arquetipo. Lo que sea. La gente se empeña en colocarte un cartelito en la cabeza: negro, gordo, feo, marica o ahora dicen también chavista o escuálido. Siempre hay algo. Será diferente cuando simplemente seamos seres humanos y punto.

Identidad sexual

“¿Cuándo me percaté de mi sexualidad? Pues, caí en cuenta que era homosexual cuando tenía como 13 años. Todos mis amigos hablaban de novias, los chicos, y las niñas, de novios. Yo no sentía gusto por nadie, te soy sincera o sincero, no me enamoré de adolescente. Tenía un rollo muy grande en mi cabeza, tenía miedo. No lo niego.

“Tal vez mi primer amor fue como a los 17, allí sí me enamoré. Ya había salido de bachillerato y me entregué y, cuando digo me entregué, es que me entregué: corazón, cuerpo, todo. Bueno, todavía me sigo enamorando como una tonta, no pienses que soy una villana… trabajo de noche, pero no soy vampiro.

“No recuerdo haber tenido problemas con mis amigos, porque nunca los tuve. Evitaba tenerlos porque no me sentía identificada. Yo era una especie del escarabajo este de la novela Metamorfosis, ¿sabes? -de Franz Kafka-. Mi familia tampoco supo de mí, excepto mis hermanos. Mis padres se murieron sin saberlo, mejor así.

“Yo soy de un pueblo del interior del país, Cabimas, en el Zulia. Allá hace mucho calor, creo que por el petróleo. Cuando apenas tuve oportunidad me vine a Caracas. Aquí me sentí como pez en el agua. Eran los años 80, tú no debiste estar en esa época, pero yo sí. Me la viví.

“Recuerdo que llegué a residir en una pensión en El Bosque, eran otros tiempos. Había mucha seguridad y la moda era una locura. Yo aproveché y me volví loca también –carcajadas-. Comencé a travestirme y me iba a los bares de La Candelaria o Plaza Venezuela. Tuve noches inolvidables. Nadie me conocía, entonces, aunque suene increíble, nadie me señalaba en esos sitios.

“No me travestí así como ahora, no, no. Comencé maquillándome un poco. Luego vino la transformación. Me dejé crecer el cabello y me hice amistades que eran igual que yo. Experimentamos mucho. Algunas sí querían sólo prostituirse o tenían pasados turbios. Me decía a mí misma `estas tipas están locas, tú eres una artista.

“Eso me he venido repitiendo siempre. Pero de cierta manera lo conseguí. Una noche mientras estaba en un local nocturno, me vio la mánager del sitio y me dijo, tal cual, ésto no lo olvido: ´eres exótica, ¿te gusta bailar?`.

"Respondí que sí, por supuesto, tampoco fue lo que soñaba, pues yo pensé que me firmarían para Hollywood, pero por algo se arranca. Así que, comencé a bailar allí. Hice de garota, de mulata, de flamenco, me divertí muchísimo.

“Poco a poco fui enamorándome de ésto, que para mí es un oficio, hasta llegar a caracterizar a distintas cantantes. Este oficio es fuerte. Vives por las noches y te sientes maravillosa, pero al día siguiente amaneces y eres tan corriente como los demás.

"Hago mercado, limpio mi casa, voy al gimnasio  y ¡ah! doy clases de baile, pero como hombre. A veces me siento nadie cuando no estoy en un show, pues ni una misma se reconoce. Aunque siempre he dicho que, con o sin maquillaje, soy Juan Crisóstomo, la que se vino a la capital tras sus sueños, pero más madura, eso sí.

“Y quién yo quiero ser: una Drag Queen, una artista. Te digo que he pisado todos los escenarios del ambiente diverso, y algunos heterosexuales también, en Venezuela y ,también, en Colombia o España.

"¿Qué preguntas haces? Sí, me he enamorado. Pero no tengo mucha suerte. Ahora estoy sola, vivo con mi perro. No todo es perfecto, o ¿tú tienes una vida perfecta? Me tengo que ir, es mi turno".

De esta manera, Juan sale del camerino de una disco en el Este de Caracas. Se encienden las luces del escenario y una voz aflautada se escucha a través de los altavoces: “(…)Y con ustedes, Azúcar, interpretando `Can´t get you out of my head”, seguidamente suenan los aplausos. 

Autor

Eduardo Salazar de Peñaranda. Ser joven en América Latina es conocer el pasado y soltarlo; entender el presente y adueñarnos de él; poner la mira en el futuro y desafiarlo a que sea mucho mejor. En las calles de Venezuela: aprendo, descubro y dimensiono la sociedad desde distintos ángulos, pues quedarme con la primera impresión sería un error en un país en el que su gente (Sociedad y Estado) parecieran reinventarse y sorprendernos día a día. A veces me preguntan por qué escribo, y mi respuesta es contundente: no me gusta lo que veo, y esto no quiere decir que todo esté mal, pero tampoco las cosas están como deberían. Por tanto, desde esta trinchera caraqueña apuntalo mi pluma para construir un lugar de paz y sin violencia para vivir, en la espera que desespera pero intencionalmente busca despertar consciencias. 


Twitter: @EduSalazarU

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