El sábado 28 de octubre tuve la oportunidad de participar en el Cuarto Encuentro de Residentes Cubanos en los Estados Unidos, celebrado en Washington, DC. Me motivó participar en el evento, auspiciado por la Embajada de Cuba en los Estados Unidos, pues es un espacio de comunicación entre miembros de la comunidad cubana emigrada con funcionarios consulares y diplomáticos de nuestra Isla, a la vez que nos permite conocer de primera mano cuestiones de la actualidad nacional. Justo es reconocer su importancia y utilidad.

El número de participantes, de acuerdo a los organizadores, ha ido en aumento. Sin embargo, a estos Encuentros sólo se puede acudir por invitación. Contrario a lo que algunos pudieran pensar, allí se realiza un debate  franco sobre la situación de los emigrados cubanos y su relación con Cuba. Como buen debate entre cubanos, a veces se acalora; no son pocos los reclamos de los emigrados cubanos a los funcionarios consulares. Sin embargo, la función de los diplomáticos y funcionarios consulares es meramente representar decisiones de otros. Es entendible, su rol es aplicar las regulaciones vigentes, no crear unas nuevas.

Percibí en este encuentro un sentido de familiaridad, incluso cuando no se comparten ideologías, que me llevó a considerar como algo meramente artificial a la división que existe entre muchos cubanos por diferencias políticas. Allí cada cual respeta al distinto y evita hacer comentarios incómodos. Nos enfocamos más en lo que nos une que en lo que nos separa. Ello me confirma que ese respeto y tolerancia entre cubanos se puede exportar hacia otros espacios.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad La Habana, con su extraordinario magisterio, en el Encuentro nos recordó (y enseñó) que no es posible un divorcio de Cuba con sus emigrados cuando la propia cubanía nace producto de la mezcla de distintas inmigraciones: la española, africana, y china, entre otras, para formar ese ajiaco del que hablaba Don Fernando Ortiz. Sin embargo, la relación de Cuba con su emigración ha sido como la crónica de una montaña rusa, cargada de altibajos.

En su historia hay episodios felices y cicatrices; hay tabacaleros y emigrados en Tampa y Cayo Hueso apoyando las distintas causas por la independencia de Cuba, y hay frases lapidarias (la tristemente célebre “no los queremos, no los necesitamos” de Fidel Castro en los días del Mariel) que marcan hitos.El momento del Encuentro que acaparó titulares a nivel mundial fue la intervención del Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, en que dio a conocer nuevas regulaciones para los emigrados cubanos. Como se puede ver en los videos y fotografías de la intervención del Ministro, el anuncio de estas medidas fueron recibidas con efusividad por la mayoría de los asistentes. Pero después de la emoción, cuando se comprenden los límites de lo aprobado y se detecta cierto tufo de maniobra política, queda una mezcla de sensaciones que va de la apreciación positiva al sinsabor tremendo.

El gobierno cubano no ha aprovechado completamente (otra) oportunidad de realizar verdaderos intentos de normalizar las relaciones con su emigración. Mucho se habló de normalizar relaciones con los Estados Unidos, pero creo que primeramente se debe hablar de normalizar relaciones con la emigración. Las medidas anunciadas no eliminan el profundo sesgo arbitrario (con sustento político) del sistema migratorio cubano.

La emigración cubana ha servido de fichas en un ajedrez entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos desde hace varias décadas. Esta vez no fue distinto. La eliminación de la política de Pies Secos/Pies Mojados y el desestímulo a la emigración de los cubanos hacia el país norteño, han suprimido amenazas externas e intereses de seguridad nacional en la Isla, que han facilitado la adopción de estas medidas en La Habana; pero no todo lo que toca a la emigración depende de lo que pase en Washington o Miami.

Aunque no se quiera reconocer explícitamente, varias medidas del gobierno cubano en esta área han sido producto de una reacción con respecto a los Estados Unidos. La eliminación de la prohibición de nacionales de entrar al territorio nacional a bordo de cruceros se realizó como consecuencia de un boicot que hizo la comunidad de cubanos residentes en Miami, lo que podía hacer peligrar la recién comenzada relación comercial con esa industria. Esta nueva tanda de medidas se hace como respuesta a las medidas del Departamento de Estado. El objetivo ha sido cambiar la retórica política y pasar la bola a la cancha contraria.

Pero esa jugada de “alta política” me deja otra vez esperando la hora en que una decisión favorable hacia la emigración cubana no surja de la propaganda para demostrar que se abre una puerta mientras otros las cierran, sino porque, exclusivamente, el bien de la Nación así lo demanda.