La cola suma unas sesenta u ochenta personas, pero los más curtidos en la fila no se dejan llevar por la primera impresión. Entre los turnos acaparados por los “coleros” y los “compromisos” de los que trabajan en el lugar, puede que en realidad los posibles clientes alcancen el triple de esa cifra.

Estamos a las afueras de uno de los puntos de venta de gas licuado en la ciudad de Camagüey; el del reparto El Retiro, para mayor exactitud, pero la escena se repite en prácticamente todos los demás.

Por suerte, la espera es alentada por el consuelo de que “hoy sí volverán a surtir”. Ni el lunes ni el martes se avizoraba tal posibilidad. Para la empresa de combustibles, simplemente, era como si el huracán Irma no existiera. Por eso, el lunes y el martes muchos debieron regresar a sus casas sin una nueva balita de gas licuado, llena y lista para enfrentar los apagones que previsiblemente sucederán al paso de nuestro más indeseado visitante de esta temporada estival.

Irma llegará a la provincia de Camagüey en medio de una expectativa creciente, que se ha traducido en compras de alimentos, combustibles y toda la amalgama de artículos que se requieren (y se puedan encontrar) para los días “ciclónicos” y de recuperación. Viandas, gasolina, conservas enlatadas… Un chiste compartido por una colega de Ciego de Ávila en las redes sociales ilustra los “movimientos” en la menguada red de comercio interior: la venta de velas hoy ha estado disparada, entre las que se compran para soportar los apagones y las que se le pondrán a todos los santos.

Por norma, casi cualquier gestión implica una larga cola, y abundantes tiempo y dinero. Aunque en las bodegas se han adelantado las distribuciones de los mandados, no basta con lo asignado “por la canalita”, y se impone sacrificar los ahorros –ya muy menguados durante el período vacacional– para surtirse de pollo, aceite y otros bienes que solo pueden adquirirse en el mercado en divisas.

Huracán Irma en Cuba

Preparativos en Esmeralda, Camagüey, ante la llegada del huracán Irma a Cuba

A primera vista no se aprecian revendedores. “El que aumente precios en estos días está loco. Acuérdense de lo que pasó cuando Ike”, comenta un dulcero que recorre la concurrida calle Maceo, en la llamada ciudad de los Tinajones, repleta de personas que van de una tienda a la otra, haciendo acopios.

Hace exactamente nueve años Camagüey sufrió el azote del último gran huracán de su historia, Ike. Por entonces, algunos se dedicaron a medrar con la escasez que siguió al temporal, acaparando cuanto podía necesitarse para la existencia cotidiana. De esa forma, un pan de cuatro pesos llegó a venderse a diez o hasta quince, y el precio de los huevos y cárnicos escaló a cotas inalcanzables hasta para muchos favorecidos.

El fenómeno terminó con la misma rapidez con que comenzó, el mismo día en que los negociantes fueron detenidos en una masiva razzia y sometidos a “juicios ejemplarizantes” que en algunos casos dieron por resultado varios años de prisión.

Ahora la historia no parece llamada a repetirse. Desde este miércoles sesiona en la ciudad el Consejo de Defensa del Ejército Oriental (que abarca las provincias hasta Guantánamo), y aunque discreta, la presencia policial va haciéndose más tangible. Tampoco faltan los equipos de construcción que limpian escombros de viejas edificaciones ya derruidas.

La magnitud de la amenaza y el tiempo de anticipación que ha brindado han servido para mucho, pero por si acaso todo el mundo trata de crear sus propias reservas. Así sean de cervezas, para “capear el temporal”…

Lugares de Cuba

Calle Agramonte, Camagüey