¡Tú estás loco!, le dijeron algunas de sus amistades del centro científico donde trabaja cuando comentó lo que iba a hacer. Pero Adanys Fleite Alonso no vaciló, hizo su mochila y acudió a la hora y el lugar de partida que fijaron en Facebook otros jóvenes a quienes ni siquiera conocía personalmente, para ir a acampar en Canasí, cerca de Matanzas, en plan de guerrilla.

Así llegó Adanys Fleite por primera vez a Camping Cuba, uno de los casi 15 grupos integrantes del movimiento cubano de excursionismo, al cual le distingue un rasgo muy peculiar: nace, se organiza y funciona a partir de la convocatoria, movilización y visibilidad en las redes sociales de Internet.

“¿Este grupo es real?”, preguntó Adanys cuando vio el aviso sobre la expedición en el muro de Facebook de una muchacha desconocida a quien por casualidad agregó como amiga en esa red social.

Foto: Reno Massola. Camping Cuba

Su escepticismo inicial, que él atribuye a la inconstancia y a veces fragilidad del mundo virtual, ahora resulta motivo de broma entre Adanys y sus nuevas amistades de Camping Cuba. La curiosidad pudo más, y sus sospechas cedieron paso a la fascinación por la posible aventura.

Como técnico en el Centro de Inmunología Molecular, una de las instituciones científicas cubanas más prestigiosas por sus investigaciones de vacunas contra el cáncer, Adanys trabaja bajo constante presión, en el cultivo y fermentación de las células que producen anticuerpos monoclonales para complejos ensayos clínicos con pacientes que mucho lo necesitan.

Su horario regular es de lunes a viernes desde las ocho de la mañana hasta las cinco y media de la tarde, pero muchas veces empata semanas, meses y hasta días feriados en su laboratorio, prácticamente en solitario, disfrazado con trajes protectores para mantener la asepsia del proceso y las condiciones de bioseguridad.

“Cuando termino, solo quiero salir y respirar aire fresco, recordar que fuera hay una inmensa multitud que me dice que sigo siendo gente”, confiesa.

No es de extrañar entonces que en sus escasos ratos libres este joven de 27 años optara por cumplir un sueño que tenía desde la infancia y la adolescencia, cuando durmió por primera vez a la intemperie con el grupo de exploración y campismo del preuniversitario, en las márgenes del río Ariguanabo, en San Antonio de los Baños.

Foto: Reno Massola. Camping Cuba

“Acampar en la maleza de los montes, rodearme de buenos amigos, leer un buen libro, tomarme una taza de buen café. Y como es tan poco el tiempo con que cuento para todo esto, entonces: ¿por qué no intentar hacerlo todo a la vez?”, dice.

Ese fue su propósito al llegar a Camping Cuba, una iniciativa que arrancó de una excursión al Pan de Matanzas, la elevación mayor de la llanura yumurina, en el verano de 2014. Su gestor fue el fotorreportero René Pérez Massola, quien reunió a varios colegas de la prensa, sus hijos adolescentes y otros jóvenes profesionales, para acampar una noche.

Luego el grupo cobró vida en Facebook, también en un blog, y empezaron a convocar de manera abierta a todas las personas que tuvieran interés en participar en las expediciones, por lo general de corta duración, durante un fin de semana, y con muy bajo presupuesto, para propiciar la asistencia de jóvenes trabajadores y estudiantes.

Foto: Reno Massola. Camping Cuba

Ante las diferencias de clases que existen en Cuba, según el joven, la posibilidad de salir de “guerrilla” es una excelente opción para quienes no tengan los recursos que cuestan salir a divertirse en discotecas u otro tipo de ofertas recreativas.

Y si además le suman la preocupación de un grupo como Camping Cuba por seleccionar lugares con valores naturales y paisajísticos, pero también históricos y sociales; hay una mezcla poderosa.

En su primera acampada, Adanys buscó leña para la fogata, hizo particular amistad con un chico de seis años a quien en la noche le hizo cuentos de terror a orillas del fuego, descubrió una mata de capulí, compartió el cotorreo de la juventud hasta la madrugada, escuchó rasgar las cuerdas de una guitarra, cruzó a nado el río, paladeó el sabor del monte, contempló la inmensidad de la noche en un cielo lleno de estrellas sin interferencias de la luz eléctrica, así como el rocío y el sol naciente de la campestre mañana.

Desde entonces no para de imaginarse las próximas aventuras. “Cada expedición —concluye—sirve para hacer nuevas amistades, para comprender la importancia de los valores humanos, para convencernos a nosotros mismos de que lo poquito que pudiésemos tener nos enriquece cuando lo compartimos…”