La sociedad cubana y su industria del cine han cambiado, pero las normas legales del país siguen sin reconocer esa realidad. Así lo creen decenas de realizadores audiovisuales que suman sus voces desde inicios de 2013 para impulsar transformaciones legislativas en su campo, aunque todavía no lo han conseguido.

“Estamos pidiendo una ley que organice en un cuerpo legal todo el sistema actual del cine cubano, que ya desborda al estatal Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)”, explica Pedro Luis Rodríguez González, joven creador integrante del G 20, un grupo de 20 cineastas que coordina y representa los criterios de casi un centenar de sus colegas en las negociaciones con las autoridades.

“Hace más de 55 años se promulgó la primera Ley de Cine para respaldar la fundación del ICAIC. Pero hoy hablar de cine en Cuba no es solo hablar del ICAIC, sino hablar de la producción independiente, de los jóvenes realizadores y de las coproducciones alternativas, donde ya no participa solo el Instituto”, aclara Gustavo Arcos, profesor en la Facultad de Medios Audiovisuales de la Universidad de las Artes, en La Habana.

“Hoy también es numerosa la cantidad de personas que se acercan a mirar la realidad cubana desde el audiovisual, pero en su inmensa mayoría no cuentan con un marco legal que ampare su obra”, detalla el también crítico.
“Se impone acabar de crear la figura del creador autónomo, como persona jurídica, con lo cual hasta se sanearía el funcionamiento de ese sector ya existente, que hoy es caótico pues no existe la posibilidad de tener una cuenta en el banco para recibir ingresos por su trabajo”, ejemplifica Arcos.

No es un supuesto vacío el que explica el intelectual, pues el novel animador caribeño Víctor Alfonso Cedeño, VITO, perdió la oportunidad de cobrar 1000 USD de premio por su corto de ficción Incontrolable, tras no encontrar forma legal de adjudicarse el efectivo.

Regular un sistema

“La ley debería incluir también la aparición de una Comisión Fílmica que gestione los permisos para rodar y coordine con las entidades estatales las posibles ayudas en una producción”, agrega el director y guionista Rodríguez González, también responsable de la productora privada Ilusión Films.

La urgencia de esa Comisión saltó a la luz a finales de marzo, luego de que un grupo de reconocidos cineastas denunciaran trabas a la filmación de películas por parte del Ministerio del Interior (encargado de la seguridad del Estado cubano) el cual supuestamente exigía la presentación de los guiones y la selección del reparto para entregar los permisos de filmación.

Pocos días después el presidente del ICAIC, Roberto Smith, aseguró que los procedimientos para otorgar los permisos de rodaje que causaron malestar entre los cineastas habían sido eliminados; pero, a pesar de la retractación, todavía planea la suspicacia entre quienes aprecian detrás de la escaramuza nuevas pretensiones de amordazar a las películas habitualmente críticas que propone el cine del archipiélago antillano.

“Pienso que hay un sector de la dirección del país que ve prejuiciadamente el cine independiente, incluso el cine que ha hecho el ICAIC. Eso es algo que se ha expresado a lo largo de la existencia de nuestro cine. Y sigue ahí”, comentó Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine y director de polémicos filmes como Suite Habana.

En todo espacio, a toda hora

El debate sobre la necesidad de la ley también generó discusiones en el recién clausurado octavo congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, donde varios miembros del “G 20” e incluso el presidente del ICAIC abogaron por la promulgación de la iniciativa legal.

Muchos creadores salieron decepcionados del plenario pues la respuesta a su demanda fue una poco velada prórroga del debate por parte de Abel Prieto, ex ministro de Cultura y ahora asesor para los asuntos de la cultura del presidente cubano, Raúl Castro.

Un despacho de la agencia estatal Prensa Latina recoge sus palabras: “Debemos respaldar la lucha de los realizadores y el ICAIC, pero la Ley de Cine no encontrará un pozo de petróleo para financiar las producciones”, advirtió Prieto, que tampoco creyó prudente forzarle esta prioridad a un país con una agenda legislativa tan tensa”.

“Es difícil encontrar aliados cuando estamos proponiendo desde la base algo tan grande como una ley, porque no es la manera clásica en que ocurre la promulgación de una legislación en Cuba, que suele aparecer de modo vertical”, comenta Rodríguez González.

“Pero no obstante creo que salimos con un saldo positivo porque se colocó el tema de la ley de cine en un escenario de opinión pública muy favorable, y ya se nota el paulatino cambio en la percepción de las autoridades, pues puedo decir que en una reciente reunión con el propio Abel Prieto empezamos a entendernos”, revela el joven realizador.

Ante la pérdida de la oportunidad en el Congreso de los intelectuales y la nueva postergación del debate, al profesor Arcos le invadió la zozobra por el tiempo que se pierde.

“Seguirán los congresos y las reuniones, las lindas frases y poses para la prensa. Habrá nuevas o viejas promesas, siguiendo esas rutinas discursivas alejadas de las dinámicas que mueven realmente a la sociedad cubana. ¡Allá ellos!, porque el tiempo de esperar, se acabó”, expuso en una carta hecha pública por un blog especializado en el cine cubano.

En cambio, su ex alumno Rodríguez conserva el pensamiento positivo. “Aunque se cierre una puerta hay que encontrar otras. Soy joven, tengo una productora independiente y no me quiero ir de Cuba; por lo tanto tengo que cambiar esta realidad y no puedo asumir una posición extremista porque no creo que así logre un diálogo con el Poder”, explica.

“Las puertas se abren, lo que hace falta es el deseo y la convicción terrible de seguir tratando”, concluye.

Para escuchar la entrevista: