Hasta hace ocho meses, a Carlos Alberto Trujillo le eran ajenas las técnicas de cultivo y la continua exposición al sol. Mientras estudiaba Ingeniería Informática soñaba que, una vez graduado, podría ejercer su profesión y vivir de ella. Pero el servicio social en la oficina de estadísticas de Pinar del Río y un salario de 297 pesos en moneda nacional (12 CUC) cada mes, le derrumbaron las esperanzas.

“A los jóvenes nos gusta salir, divertirnos, pero con 12 CUC no puedes pensar en eso. Estudias cinco años una carrera universitaria, te gradúas y al final solo tienes un título en la pared, un papel con el que no puedes comprar ni las cosas básicas”.

“Me decepcioné de una ubicación laboral donde se estancaba mi aprendizaje. Estudié para desarrollar programas, software y allí no hacía nada de eso. No estás diez semestres en una universidad para luego actualizar antivirus. Añade a eso que sin importar cuán bien hacía mi trabajo no recibía estimulación. Finalmente terminé mis dos años de servicio y de inmediato pedí la renuncia.” “Desde ese momento empecé de cero”.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés

Carlos podría haberse sumado al negocio familiar: un estudio de fotografía para quinceañeras y bodas, pero él prefiere emprender por sí mismo a “heredar”. Hoy trabaja de lunes a lunes en su propio negocio.

Cuando una vega de tabaco comienza no hay descanso durante los primeros años hasta que sale a flote.

Antes de las siete de la mañana sale de la ciudad de Pinar del Río hasta el kilómetro cuatro de la carretera a Viñales. El ingeniero, ahora campesino, es uno de los 25 socios de la Cooperativa Cuba Socialista. Cada día, con la ayuda de cinco personas contratadas, cultiva 9,6 hectáreas de tierra.

“Empecé sin conocimientos del trabajo campesino y tuve que aprenderlo sobre la marcha. Tampoco sabía dar órdenes y debo ser un líder ante trabajadores que me doblan la edad. Además, cuesta ganarse la confianza de la dirección de la cooperativa.”

Ellos al principio me veían como un muchachito de la ciudad que tenía aun mucho que probar. Y eso he hecho.

Dice que con solo 8 meses de trabajo tuvo la mayor producción de frijoles en su cooperativa, prácticamente duplicó la cosecha de los más experimentados. Y ahora tiene las mismas expectativas con la siembra del tabaco.

Foto: Alejandro Trujillo Valdés

“En el poco tiempo libre que tengo reviso bibliografía sobre informática y hago búsquedas en Internet para actualizarme. Ahora mismo estoy intentando automatizar las gestiones económicas de la cooperativa. Aquí todo se hace a mano y un sistema contable digital perfeccionará el trabajo”.

Desde enero, Carlos, además de socio de la cooperativa, es el económico del emprendimiento.

“De los 45 trabajadores de la CPA, yo soy el único con estudios universitarios.  No había otra persona capacitada para llevar la parte contable y yo asumí el reto. Incluso tengo en planes comenzar a estudiar economía en el curso para trabajadores y ser entonces informático, económico y guajiro.”