Lo que cuesta no es el dinero como tal –aunque sí, y a veces demasiado-. Cuesta la presión de pagarlo cada mes, de ganarlo a todas todas, sí o sí. La presión de tener que tirarte de las tripas y posponer compras necesarias porque el dinero de la renta se separa y guarda primero.

Nunca en mi vida he sido tan disciplinada y puntual como cuando pago la renta.

Hay quien dice que lo más duro es saber que la casa nunca será tuya. Pero uno no paga por la casa, paga por vivir en ella.

Los alquileres para cubanos (reconocibles por el rojo, simpático y eufemístico cartelito de Moneda Nacional) suelen ser bastante irregulares, cuando no ilegales. Hay caseros que te advierten y otros que no, pero muchos reúnen con el mismo dinero que le pagas para acondicionar un poco y rentar luego a extranjeros; o tienen intención de vender; o alquilan solo por unos meses.

La legalidad tampoco cubre o tranquiliza ciertas incertidumbres, al menos la más común: el tiempo de estancia. Los contratos se firman, en los casos felices, bajo la cláusula de aviso, y para ambas partes, con 20 o 7 días de antelación para abandonar el lugar. Si es uno quien decide irse, el problema del casero es tan sencillo como buscarse otro inquilino (tal como está la situación, siempre aparece). Pero si es el casero quien decide que te vayas…

Y digo en los casos felices porque existen alquileres en los que la legalidad se limita a la firma mensual del registro de arrendatarios.

Las rentas legales, por demás, suelen ser caras. Primero, como resultado-justificación de los impuestos; y segundo, porque supuestamente las condiciones son mejores (dígase agua caliente, aire acondicionado, teléfono, televisor). Un apartamento de un cuarto en el Vedado cuesta, como mínimo, 150 cuc.

En un alquiler ilegal no solo puedes tener problemas con la casa, sino con los vecinos. Uno como consecuencia del otro en un constante estado cíclico. La vecina de abajo amenaza con llamar a la policía por vivir ilícitamente donde no te corresponde; porque le molestan, y con razón, las filtraciones de agua. Tienes filtraciones porque es barato. Es barato porque es ilegal. Como es ilegal pueden llamarte a la policía. Y así, la historia sin fin.

Las parejas jóvenes, heterosexuales, profesionales, sin hijos ni mascotas resultan las mejores candidatas, las que tienen mayores posibilidades de ser aceptadas por los caseros. Algunos de ellos –y esto no me lo invento- piden cobrar a dos muchachas 100 cuc por cada una (cuando el alquiler vale 150) por ser aparentemente independientes; es decir, por no ser un matrimonio con una supuesta y única entrada económica.

Por tanto, cero hijos o mujeres embarazadas, por la ley de protección de la madre desamparada y su pequeño hasta que éste cumpla la mayoría de edad. Se evitan muchachas solas, por miedo a actividades ilícitas (entiéndase prostitución). Y nada de parejas internacionales. En un alquiler para cubanos no pueden residir extranjeros, y viceversa.

Cuando el país decida y pueda construir viviendas que garanticen un fondo habitacional suficiente para los dos millones que en La Habana somos, podremos empezar a soñar con no vivir hacinados, sin entrar en conflictos con los padres. Podremos soñar con tener un techo propio.

Y solo soñar, hasta el día que el Banco Metropolitano, o el de Crédito y Comercio, o el Financiero Internacional, o el que sea, otorgue créditos para comprar casas. Sacando cuentas, muchas veces lo mismo que pagas al casero cada mes por vivir en la casa, puedes pagárselo al banco por tal de que alguna, finalmente, sea tuya.