Iguará es un pueblo muy poco conocido, allí en su lejanía entre la línea norte del ferrocarril cubano y las montañas de Yaguajay. Como casi todos los pequeños pueblos rurales del país, padece por falta de infraestructura, desabastecimiento y abulia. Muy pocos de sus jóvenes permanecen allí.

Sin embargo, Osly, Moya y Erick, escogieron probar suerte cuando como parte de las reformas económicas que abrieron más espacios al trabajo privado, el gobierno cubano decidió arrendar locales del comercio, la gastronomía y los servicios de su propiedad.

“Un día se me acercó el delegado del Consejo Popular y me dijo que en otros pueblos cercanos como Piñero y San José ya estaban arrendados los Círculos Sociales a personas naturales, que habían quedado como nuevos. ¡Es una lástima que el del centro del pueblo esté hecho tierra!”, recuerda Yoel Moya, egresado de la Escuela de Hotelería y Turismo.

“Tuve que comprar desde los utensilios para elaboración, hasta las neveras. Contratar personal y en algunos casos capacitarlos yo mismo.” “Pa’ echarse a llorar”, dice un viejo en medio de la conversación, que transcurre en el parque del pueblo y en la que un rato antes se hablaba de los largos pitazos de los trenes, de árboles podados y fondas por doquier, que dejaron de ser realidad mucho antes de que nacieran estos tres muchachos.

El Circulo Social Obrero de Iguará fue una entre las 12 mil 900 unidades de gastronomía y los servicios técnicos y personales, que en el 2014 el Ministerio de Comercio Interior decidió arrendar a particulares en Cuba. En este pueblo del norte de Sancti Spiritus sería la primera en resurgir.

Un poco más reciente en el tiempo, Erick Fernández Rodríguez tomó su oportunidad y, dicen, dejó “como nueva” la Pista de Baile.

“Ahí lo único que había era un punto de cerveza dispensada y tabaco. La arrendé en noviembre del año pasado, y ya es otra cosa ¡Imagínate que invertí más de 10 mil pesos cubanos (500 USD) y aún no he logrado cambiarle el techo a la cantina, pero, eso sí, logré mejorar al 100 por ciento las ofertas gastronómicas y la imagen de nuestra Pista.”

Cuando el Bar en que había trabajado toda su vida se venía abajo, Osly Borrego también aceptó el desafío: “Así mantengo mi trabajo y prospero en la vida, aquí en mi pueblo. “

“Comencé como dependiente, hace 12 años y entonces había hasta una peña deportiva del equipo de Sancti Spíritus que se llamaba así: ¡El Ranchón de Iguará! Luego fue perdiendo calidad en los servicios, reputación y por supuesto, clientes. Hasta que me decidí a invertir en arrendarlo”, dice y señala la tablilla.

Foto: Yariel Valdés

Le pregunto por el yogurt de soya, los embutidos y otros productos que usualmente se ofertaban en esos establecimientos estatales, a precios subsidiados; pero antes de terminar, Osly hace un gesto reprobatorio. “Ya no llegan”. Hasta ellos, pues algunos todavía se expenden en un merendero y el llamado Hotel Mascó, aún bajo la tutela del Estado.

Para los locales gastronómicos arrendados solo se destinan a precios preferenciales ron, tabaco y cigarros. Lo demás lo gestionan ellos mismos, confirma Erick.

“Aquí lo que tenemos que hacer es buscar mercancías por todo Sancti Spíritus y hasta fuera de la provincia. Eso lleva un gasto en transportación y el riesgo de que cuando llegas ya no queda ni por quién llorar”, agregan sus coterráneos Osly y Yoel.

Pero el dilema del mercado mayorista tiene efectos agregados para el sector “cuentapropista” en la Cuba rural. Dice el arrendatario de la Pista: “Aquí algunos en lugar de decirnos “emprendedores” nos dicen “revendedores” porque supuestamente lo único que hacemos es encarecer los productos que vendemos; pero yo no tengo forma de fabricar cerveza, refrescos y otros productos sellados. Estoy obligado a comprar al Estado al mismo precio que el cliente común y mi servicio tiene un costo adicional”.

Para los críticos, tiene otro argumento bajo la manga: “creo que nuestro efecto para la comunidad es positivo porque le damos empleo a varias personas que quedaron “disponibles” y a otros que simplemente se sienten atraídos por esta modalidad”.

Se infiere que existen otros beneficios (más allá del evidente rescate de opciones gastronómicas en la más rotunda depauperación antes de que fueran arrendadas) por ejemplo, en la redistribución de los ingresos. Los tres entrevistados para este reportaje entregan entre 1000 a 2000 pesos mensuales por concepto de impuestos, y suponen que una parte de esos tributos regresen al presupuesto municipal.

Pero su alcance tiene también dimensiones “subjetivas”. Los nuevos administradores del Ranchón y el Círculo Social participan junto a los promotores de la Casa Comunal de Cultura y la administración local en actividades para las que deben estar disponibles sus instalaciones.

“El objeto social del Círculo no ha cambiado, yo no cobro por utilizar el espacio para que se realicen actividades culturales, porque lo mío es ofrecerles el servicio de cafetería; pero recibo, además de ingresos por las ventas, muchos elogios cada vez que hay aquí una actividad”, insiste Erick.

El muchacho a cargo del Ranchón también tiene su “cartelera”: “En mi centro se hacen actos del personal de la salud, las maestras, los pioneros, campesinos destacados.  ¡Hasta un círculo de abuelos funciona aquí!”.

Foto: Yariel Valdés

En 5 años de implementación de las reformas económicas, el 32 por ciento de las unidades de la gastronomía y los servicios personales y técnicos de uso doméstico en Cuba pasaron a formas de gestión no estatal. Casi la mitad de los más de 4 mil centros no gestionados hoy por el Estado, se dedican a los servicios gastronómicos.

En Iguará, este poblado al noroeste de Sancti Spíritus, han sido arrendados otros locales para la gastronomía además de El Ranchón, La Pista y el Círculo Social. También para los rubros de zapatería, confección textil y arreglo de electrodomésticos. El salón de belleza, duró muy poco en arriendo, pues apenas reabrió sus puertas bajo la nueva modalidad, fue declarado en peligro de derrumbe.

“Iguará va renaciendo gracias al cuentapropismo”, sigue comentando la gente aun cuando parece que nos vamos. ? ¿Casi todos son hombres, eh? Pregunto, pero ya el tumulto se ha ido diluyendo.