Dámaris vive en Tijuana, México. Aaron, en Guatemala. Frank, en Honduras. Ella es la mayor, con 28 años (Aaron, 25; Frank, 23) y los tres se consideran “emprendedores” que están cambiando algo en su país.

Ella armó un negocio de dulces saludables a partir de la semilla del amaranto, una planta local; Aaron recicla vidrio y cartón y vende regalos personalizados a restaurantes y empresas, y Frank se ha empeñado en convencer a los jóvenes hondureños de usar tennis diseñados y fabricados en su país.

Dos del grupo asienten mientras un tercero, que puede ser cualquiera de ellos, se presenta como alguien con deseos de trascender horizontes, de apoyar lo local, de transformar sus sociedades.

Aaron Benfeldt dice estar creando con Grönn “la primera plataforma de reciclaje de vidrio para restaurante en la ciudad de Guatemala”:

“Las tomamos y manufacturamos productos como vasos artesanales, piezas decorativas, jardines verticales y todos los productos son fabricados por mujeres que viven en las zonas más peligrosas del país (…) Estas zonas son muy conocidas porque de ahí están emergiendo todas las pandillas para la ciudad, por eso queremos asegurarnos que, empoderando a esas mujeres, dándoles empleo, sus hijos tengan acceso a educación y a nutrición, y se eviten las pandillas.”

Frank Solórzano, en Tegucigalpa, imprime en los calzados de su empresa CAITEC diseños con motivos centroamericanos. “Lo que pretendemos es promover los aspectos positivos de la región a través de los zapatos, inculcar amor a la patria, que sintamos orgullo de nuestras raíces y dejemos de comprar tanto zapato norteamericano.”

Las ideas de estos jóvenes no son proyectos. CAITEC exporta desde Honduras a Costa Rica, El Salvador y Guatemala. Abbas’ House, de Dámaris, está a punto de comercializar sus “healthy snacks” de amaranto con chocolate y otras cremas en California, Estados Unidos, y los vasos de Grönn siguen creciendo en demanda.

“El emprendimiento es ver los problemas como oportunidades de negocio —dice Aaron— Yo estuve viviendo 5 meses en Escandinavia, una región con un inmenso Índice de Desarrollo Humano. Cuando regresé a Guatemala vi más clara nuestra pobreza, no solo material, sino educativa, social; cómo desaprovechamos todo el potencial de recursos que tenemos. El emprendedor es aquella persona que identifica los recursos, los atrae, arma con ellos una forma de ganar dinero y los pone en función de generar un cambio en su país.”

“El emprendedor es un soñador estratégico -apunta a su lado Frank- En la estrategia lo importante es el trabajo de equipo. Yo tengo una socia con la que creé la empresa y lo hicimos desde el amor que tenemos a nuestro país. Hemos tratado que en todo el proceso de crecimiento de la empresa tengamos relaciones que nos beneficien a todos, productores, proveedores y vendedores. El emprendimiento ya no se trata de cómo yo hago dinero y los demás no, sino relaciones de vos ganás y yo gano, un sentimiento de comunidad que termina el egoísmo y abre fronteras.”

“Innovamos y tenemos fe en nuestras ideas, vemos lo imposible, posible —se suma Dámaris, entusiasmada por el diálogo— Eso motiva a otras personas. En mi caso, como mujer, he experimentado a involucrar a otras mujeres y ya la idea se está replicando. Me quedo con eso, si yo creo en una idea, los demás pueden creer. Por muchos años hemos tenido una mentalidad muerta de conformarnos con lo que nos dan, especialmente desde los gobiernos, y eso se cambia rompiendo los moldes.”

Precisamente en la relación con sus gobiernos encuentran estos tres muchachos otros puntos de comunión.

“En México, como en la mayoría de los países latinoamericanos, no tenemos todo el apoyo desde el gobierno. Nos ven muy pequeños y prefieren apoyar a las empresas mayores”, dice Dámaris, respaldada de inmediato por Solórzano: “La oportunidad de emprender no es la misma para todos en Honduras. Tuve la bendición de disponer de recursos para estudiar, pero la mayoría no los tiene… El gobierno no apuesta por nosotros, los pequeños negocios, porque quizás cree que tenemos mucho riesgo de no cumplir con los compromisos de pago a tiempo y prefiere concentrarse en empresas más grandes y establecidas.”

“El emprendimiento te dinamiza economías locales, reduce desempleo, migración, abre oportunidades en distintas regiones con materias primas abundantes y una población que, tecnificada, puede impulsar al país —asegura Aaron— Pero, otra vez, ahí necesitamos a los gobiernos creando climas de interés.”

“Generar la política no es limitar el emprendimiento, sino fomentarlo. Muchas veces las políticas lo que buscan es encapsularnos en un espacio, como pequeños negocios resolviendo cosas muy puntuales. Crear políticas públicas debería ser: si alguien emprende tendrá estos incentivos. Si una empresa genera cuatro empleos, son cuatro empleos que no existían. Hay que fomentar el crecimiento de los emprendedores para que muchos más problemas sean vistos como oportunidades en Latinoamérica.”

De derecha a izquierda, Frank, Aaron y Dámaris en la cumbre GES 2017. Foto: José Jasán Nieves

De derecha a izquierda, Frank, Aaron y Dámaris en la cumbre GES 2017. Foto: José Jasán Nieves