En el parque de Calzada y K, a unos metros de la embajada norteamericana en La Habana, un centenar de personas espera. Hay más policías en las esquinas que lo habitual y una mujer barre las hojas, como siempre. Son las 10:00 a.m. y nadie ha entrado o salido de la sede diplomática. En tan reducido espacio, casi todos están impacientes, pero se resisten al pesimismo. Nadie quiere —o puede— creer que sea tan radical la noticia que han oído. Así que esperan.

Desde la acera del frente, Bárbara espera también las informaciones, sentada en su balcón. Desde 1994 su trabajo es rellenar los formularios que deben entregarse para las solicitudes de visa. Si se confirma hoy el titular que ha escuchado, podría quedarse sin sustento. “Un cierre de la embajada afectaría el empleo de muchas personas por esta zona y, al menos yo, con 62 años, no sabría qué hacer; pero los más afectados, sin dudas, son los que tenían planes de emigrar para estar con su familia”.

El tumulto se mueve poco a unos metros de la casa de Bárbara. Un hombre llama a su esposa por teléfono y le cuenta que su cita era para la 8:00 a.m. y no lo llamaron. No entiende qué sucede, pero no debe ser bueno. El hombre corta la llamada, ha visto movimiento en el parque y corre para escuchar.

La gente en Calzada y K se agrupa alrededor de una mujer cubana que trabaja en la embajada. La empleada es directa y solo repite un par de líneas: “Las personas que vinieron a recoger su pasaporte, pueden alinearse para entrar a buscarlos. Los demás continúen revisando nuestra página web, allí se les informará”.

Funcionaria estadounidense

Funcionaria de la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Foto de la autora

La noticia que, desde el viernes, se había esparcido, acaba de concretarse: Estados Unidos ha cancelado indefinidamente la emisión de visas para cubanos. El parque parece desplomarse.

Eroilda se le acerca a la empleada con sus papeles y le explica que solo le restaba entregar sus chequeos médicos. Ella y sus nietos ya habían tenido la entrevista por reunificación, insiste, pero la mujer vuelve a ser cortante: “no se recogerá ningún documento, siga informándose por la página”.

La hija de Eroilda, y la madre de los niños, llama insistentemente desde Miami para saber cómo salió todo. Su madre le cuelga. “No sé cómo contarle esto”, me dice con la mirada a punto de estallar.

A su lado, Taimí intenta animarla. “Alguna solución habrá, no te ahogues. No pueden destruirnos la vida para siempre”.

Necesitados de visa

Necesitados de visa. Foto de la autora

Con más de 50 años, Taimí acaba de llegar desde Camagüey para entregar un último requerimiento. Después de 4 años de espera, emigraría definitivamente para reunirse con su padre.

Cuenta que, como su salida del país era prácticamente segura, acaba de renunciar a su trabajo en Cuba. Y ahora ya no sabe qué hará, pero se resiste a marcharse del parque e incita a Eroilda a que tampoco lo haga. Alguien debe explicarles personalmente qué ocurrirá con sus familias. Y también qué pasará con el dinero de las personas que ya pagaron sus entrevistas consulares al gobierno norteamericano, que gastaron más de 400 USD (unas 11 veces el salario medio en Cuba) en chequeos médicos, que lo apostaron todo. Se sienten moneda de cambio, carne de chantaje.

Unas horas antes de escuchar que no será entrevistado hoy, ni en fechas cercanas, Tomás Luis Balseiro había recibido una nueva llamada desde Estados Unidos: su madre de 83 años continúa grave en un hospital de la Florida. Él, como su único hijo, ha debido aprobar todas las decisiones médicas desde Cuba durante las últimas semanas.

“Mira, esta es mi mamá —dice y abre la carpeta donde trae una foto de ella—, se fue desde 1993. No tiene otra familia allá. Y yo no puedo dejar que se muera sola”.

“Al final somos nosotros, los que nada hicimos, quienes pagamos las consecuencias de la política”, exhala lapidario.

Las pagan Tomás, Eroilda, Taimí; y la pagan sus familiares en la Florida, los ciudadanos y residentes en ese país cuyo derecho a reunificar a su familia ha sido interrumpido por la decisión del gobierno estadounidense de retirar el 60% del personal de la embajada. Con dos líneas de “explicación” deben conformarse hoy: “no se recogerá ningún documento, siga informándose por nuestra página web”.