En las noches habaneras, alejados de los centros urbanos, los carros son los anfitriones de un espectáculo donde priman la aceleración y la potencia. En una suerte de Rápido y Furioso a lo cubano, modelos soviéticos Ladas y Moskvitch intentan competir entre ellos rechinando desesperadamente con cada pieza. La multitud forma un círculo alrededor de los autos. Los gritos son ensordecedores, pero en espacios bajo control y legalidad.

Foto: Claudio Peláez

Ya han pasado varios años desde que Ernesto Salazar comenzó la carrera de su vida. De pequeño fue un fanático de los autos, compitiendo en rústicas chivichanas de madera… Y ya desde entonces emprendió la búsqueda de un espacio donde otros compartieran su pasión.

Con ese ánimo fundó el 14 de febrero del 2014 el Club de Autos “360 grados”, integrado mayoritariamente por jóvenes que como Ernesto, tienen una sola adicción: la adrenalina que se desprende del olor a goma quemada y del retumbar de la multitud.

Desde su nacimiento el club se concentró en hacer competencias y demostraciones de lo que popularmente se conoce como “trompo” (lograr  la mayor cantidad de rotaciones posibles alrededor de un eje imaginario, en un espacio determinado). Junto a esta modalidad también disfrutan del “aceleramiento” (correr en línea recta por 100 o 200 metros) y las exhibiciones de autos. No obstante, y a pesar de la aparente rudeza del asunto, lo que más acostumbran a hacer son celebraciones en conjunto: cumpleaños colectivos, excursiones…

“Hoy día son varias las organizaciones relacionadas con este mundo en Cuba, pero años atrás casi se podían contar con las manos, además de que se encontraban en un limbo legal”, comenta Ernesto y recuerda que aunque eran frecuentemente invitadas por instituciones como el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER) a los eventos y actividades oficiales usualmente también, les era denegado el derecho de organizar sus propias iniciativas de manera independiente.

Foto: Claudio Peláez

Iniciativas como la de Ernesto y un creciente número de apasionados por el mundo de las gomas quemadas y las multitudes frenéticas han contribuido a que el INDER, así como la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), oficializaran y permitieran las carreras de autos dentro de los clubs, las cuales antes solo eran posibles en competencias ilícitas.

“Las cosas han cambiado. Ahora podemos disfrutar de competencias de autos, pues tenemos cierto margen de reconocimiento”.

Ernesto piensa que siempre es mejor correr de manera legal y en circuitos permitidos que a la sombra de la ley, pues de esa forma cada club tiene la responsabilidad de dirigir, controlar y velar por la seguridad en cada uno de sus eventos.

“Este es un paso positivo”, opina el presidente del joven club de autos e inmediatamente agrega que a pesar de esto aun queda seguir trabajando en cuestiones relacionadas con las trabas burocráticas. “En ocasiones debemos esperar hasta 15 días después de pedir permiso para realizar una actividad. Eso nos dificulta el trabajo”.

Foto: Claudio Peláez

Para este fanático del mundo del motor muchos de los problemas que pueden tener las organizaciones automovilísticas en Cuba se deben a que diversas personas asocian frecuentemente las actividades desarrolladas por los clubs con infracciones o comportamientos peligrosos al volante. Sin embargo, dentro de la planificación de estos grupos se encuentra el trabajo educativo con jóvenes sobre las regulaciones de seguridad vial.

“Estas concepciones se desprenden del desconocimiento. Los medios deberían otorgarles un espacio a presidentes, activistas, o miembros de clubs para poder expresar lo que hacen, cuáles son sus reglas y cómo se desarrollan sus eventos, con el fin de que las personas conozcan que los amantes de la adrenalina también abogamos por la responsabilidad.”

Nuestra principal regla es la disciplina

Es que para Ernesto la pasión por los autos es solo un pretexto para formar una comunidad, una “familia”, palabra que a lo largo de nuestra conversación repitió sin cansancio.

“Llegamos a cualquier actividad en caravana y nos vamos en caravana, donde sea el club debe permanecer junto pues somos una familia tanto en el mundo automovilístico como en la vida cotidiana, y a todos los jóvenes que se nos han unido hemos tratado de contagiarle ese sentimiento, y creo lo hemos logrado”.

Foto: Claudio Peláez