Hay en Placetas, esta pequeña ciudad del centro de Cuba, una moda en aumento: las motos eléctricas, o “motorinas”, como le llama la gente, prometen convertirse en vehículo escolar más llamativo de su instituto pre-universitario. Son un grupo creciente de muchachos que se aseguran la puntualidad gracias a sus mayores posibilidades de acceder a este medio de transporte.

Por lo general son los hijos de un sector que ha salido ganando con las reformas promovidas por la “Actualización” del modelo de socialismo cubano. Son los descendientes de los dueños de fundiciones, galleterías y otros negocios exitosos del cuentapropismo local.

“Como podía conducir a partir de los 16 años, hice un trato con mis padres: las mejores calificaciones en décimo grado a cambio de una motorina para el primer día de clases en  onceno”, confiesa orgulloso Juan Manuel Carrazana.

Llegar al “pre” en moto eléctrica cuesta 1500 CUC, un poco menos si puedes adquirir este “juguete” popular fuera del  país. El salario promedio en el país no supera los 40 CUC.

“Las parqueamos en el garaje de mi casa que está al fondo del “pre” pa’ no formar foco en la escuela y protegerlas del sol y la lluvia”, comenta Melissa Castro, estudiante de onceno grado. “Pero ya no cabe una más y todos los días aparece otra”, me explica.

Las experiencias son disímiles entre ellos. Harold Rojas, por ejemplo, asegura que “andar en motorina tiene tremenda pinta, además todas las distancias dentro del pueblo te parecen cortas”

Por el momento, el nuevo transporte escolar reserva beneficios de exclusividad a un grupo reconocido por el estudiantado, dentro y fuera del preuniversitario. Ellos, esta vez, marcan la última tendencia de la juventud placeteña.