Como puntos verdes de referencia en la ciudad se extenderían los jardines verticales que hoy son tan solo una idea, romántica por demás. Una idea que nace de la necesidad de ofrecer alternativas viables, ecológicas y sostenibles en el escenario actual de la arquitectura cubana.

Arbio —de vida, árbol, arquitectura— tiene esa idea.

Sus fundadores, Alejandra Pino y Raydel García crearon desde hace un año este emprendimiento dedicado a la jardinería vertical, un área muy específica y novedosa en el país. Parten del principio de no diseñar quiméricamente, sino diseñar para construir. Según los dos arquitectos, la especialización garantiza un alto nivel de excelencia y calidad, realmente necesario en el área de la construcción en Cuba.

Empezar con los jardines verticales fue una decisión práctica: la tecnología y sus suministros (perfilería de aluminio, fieltros, materiales hidrófugos, goteros, tuberías de agua) son más accesibles. Pero como aclara Alejandra, es solo un punto de partida hasta llegar a techos, terrazas verdes y otras soluciones que, además de influir en la estética urbana, logre beneficiar ecológicamente a la ciudad.

“El tema de la impermeabilización no está bien pensado —cuenta Alejandra—. Tú subes a un edificio alto y ves todas las azoteas cubiertas con la manta negra en un país donde hay tanto sol. Es absurdo. Por eso la ciudad, el país, precisa de sistemas que ayuden a mejorarlo todo. No solo impermeabilizar, el clima también es importante”.

Ajardinar paredes disminuye en 5 grados Celsius la temperatura interior de un edificio. Y en caso de que la habitación esté climatizada, ayuda a disminuir el gasto energético.

Por ser tan novedoso, uno pudiera preguntarse cómo funciona (y si en efecto existe) el mercado de la jardinería vertical en Cuba. Pero Alejandra y Raydel no creen que ello constituya un problema. Clientes tienen, aun cuando su producto es de élite.

“Yo sé que hubiera ganado más dinero y más rápido si hubiese sido otro negocio —comenta Alejandra–. Pero este es el negocio que queríamos hacer”.

“Además —dice Raydel— a nosotros nos `tira´ la cosa ecológica, la arquitectura sostenible, si se le quiere poner un adjetivo. Desde el punto de vista espiritual, a los dos nos satisface mucho”.

Sucede también que la empresa depende en gran medida del desarrollo del sector cuentapropista: bares, restaurantes y hostales son hasta ahora las edificaciones que permiten intervenir a partir de las escalas mínimas (de 25 a 40 metros cuadrados).

“Un proyecto comienza a ser interesante a partir de los cien metros cuadrados”, explica Raydel. Con tal escala, la intervención se trasladaría a edificios o espacios públicos, para lo que Arbio se encuentra legalmente capacitado.

Los jardines verticales, mientras más grandes sean más beneficios traen. Salvo por la humedad que puede provocar con el tiempo, ayudan a purificar la ciudad gracias a la cantidad de oxígeno que generan y la cantidad de metales pesados que recogen: un metro cuadrado absorbe 130 gramos de estos metales y produce a su vez el oxígeno que una persona consume en un año. Asimismo, reduce en diez decibles la contaminación acústica del exterior.

Por todo ello Raydel aspira a que los jardines verticales y terrazas verdes se incorporen dentro de las regulaciones urbanísticas, al menos en la capital. “Hay países como Japón, Finlandia o Argentina donde, si vas a ejecutar un edificio nuevo, debes tener un porcentaje de superficie ajardinada. Aquí, en Centro Habana o La Habana Vieja se necesita muchísimo”.

La desventaja quizás esté en el mantenimiento mensual que requiere el jardín, por el uso del sistema de recirculación del agua. En un inicio Alejandra y Raydel pensaban prescindir del mismo, hasta que comprendieron que no tendría mucha lógica en una ciudad donde el agua es un recurso altamente valorado. Por ello, durante los primeros tres meses el mantenimiento se incluye en el precio inicial. A partir de entonces, se ofrece como un servicio independiente.

Sucede también que, de las 100 plantas probadas en el mundo para este tipo de jardinería, ellos lograron localizar solo un tercio en las áreas comercializables de La Habana: los viveros. “Allí —explica Raydel— solo reproducen las plantas más resistentes y las que más rápido se desarrollan. Y luego te encuentras diez plantas cuando mucho. No existe una variedad con la que uno pueda contar”.

Aunque la denominación pudiera parecer simple, el concepto de jardín vertical no abarca solo sembrar plantas sobre ese eje; sino crear, de alguna forma, ecosistemas en armonía con su entorno y según la orientación del edificio (condiciones climatológicas, distancia del mar, etc.). Crear jardines, como dice Alejandra, que logren encontrar solos su propio equilibrio.