En El Apartamento de 15 esquina H, Vedado, ocurrió uno de esos sucesos que evidencian cuánto han cambiado Cuba y su Habana en los últimos tiempos: el lanzamiento de la colección de joyería escultórica Asimétrica, de Laura Lis Peña.

Tras un periodo de estudio y entrenamiento en la capital de España, la joven cubana que mucho antes anduviera en vela o en kite sobre las olas —la que conquistara la ferocidad del mar como primera figura en su deporte— se inició en la joyería escultórica “por cuenta propia”.

“Tuve varios años de éxito representando a Cuba como atleta de alto rendimiento, hasta que me lesioné y no pude seguir practicando.

“Mi vida tomó un vuelco, tuve que redirigirla porque ya no podía ejercer aquello en lo que me había formado. Pero necesitaba hacer algo y empecé a ver mucho arte. Tengo la suerte de convivir con Dagoberto Rodríguez, un gran artista y mi esposo. Me ha enriquecido mucho desde el punto de vista cultural”, cuenta.

En el local de la fiesta, un conjunto disperso denota el ala más radical de la modernidad: lo hipster. Frikismo llevado a su máxima expresión de glamour. La anfitriona no da abasto y huimos del ruido y la música para consumar la entrevista.

“No vengo del arte… y realmente tampoco pensé nunca ser joyera—dice Laura Lis un poco con la z, un poco con la s—. Siempre he sido muy exquisita para ponerme alguna joya. Observando arte, sobre todo esta vertiente, me di cuenta de que estaba viendo —es decir, imaginando— joyas dentro de los cuadros: unía figuras en mi mente y me preguntaba qué hacer con todo lo que veía”.

“También empecé a trabajar con la Fundación de Arte Cubano en un libro que se titula Más que 10 concretos. Así he podido conocer la obra de varios artistas cubanos y me siento muy identificada con Loló Soldevilla. Ella tampoco estudió arte en la Universidad, lo cual me ayudó a tener confianza, pese a no provenir de la academia.”

Foto cortesía de la entrevistada

Lis crea en las madrugadas. “Me encanta la paz interior que encuentro a esas horas.”

“Comencé a hacer los primeros diseños, de diferentes tamaños, colores y figuras geométricas. Mis maquetas iniciales fueron con cartulinas y alambres. Los probaba para ver si funcionaban y quedaban bonitos. Los pintaba, pegaba y recortaba. Si eran aretes me los ponía a ver qué tal. De aquellos diseños originales a los que hoy componen la muestra, hay muchísima variación, aun cuando la esencia es la misma. Al principio tenía muchas ideas y algunos diseños no eran siquiera funcionales. Hay joyas muy lindas pero que no las aguantas ni dos horas. Por eso, para mí una de las premisas de la orfebrería y la joyería es que las prendas sean funcionales”, dice.

Laura Lis lleva dos años y medio de formación. Al darse cuenta de que necesitaba herramientas de diseño y orfebrería, entendió que si le gustaba y quería dedicarse a esto, tendría que estudiarlo.

“Viajo a menudo a Madrid y encontré una escuela llamada Lalabeyou, donde se estudian muchas de las asignaturas de la carrera universitaria: la orfebrería y  joyería contemporánea. Matriculé allá no solo para aprender a diseñar sino para instruirme en el oficio. Tengo la posibilidad de seleccionar materias e ir incorporándolas junto a la práctica, lo más importante para el orfebre. Viajo por dos meses, hago cursos y luego regreso a Cuba”, explica.

No es secreto para nadie que la joyería escultórica es un arte difícil y costoso.

“Cuando comencé a trabajar, me corté las manos varias veces, los dedos se me machacaron. Vi que me iba a ser muy complicado cumplir con todos mis parámetros de diseño y que el tiempo de producción se me hacia muy largo, así que investigué y supe que era más efectivo cortar parte de la colección en láser: una tecnología muy moderna que, probablemente, no encontraría en Cuba.

“Hice en España los primeros cortes en el prototipo y salió tal cual quería: finos, con sutileza, líneas perfectas y planas. Es como si cogieras una hoja de papel y la colocaras en tu oreja.”

Foto cortesía de la entrevistada

Asimétrica también se caracteriza por el empleo de color. Su autora tiene una explicación: “En cierto sentido, las joyas son como yo, un “poco” clásica. Me visto de negro, pero siempre verás que tengo algún punto de color, los labios rojos, o un bolso naranja, o zapatos de otro color que aporten diversión y distinción.

Aunque aún es difícil imaginar una Cuba en la que sus vecinas puedan acceder a una joya de lujo, Laura Lis piensa que “hay gente muy buena en el ámbito de la joyería en la Isla. Se están haciendo cosas atractivas y creo que la joyería de autor tiene futuro; debe explotarse más en ferias; mezclar, no segmentar orfebrería por un lado, diseño de vestuario por otro, sino que todo puede tener un lenguaje común si está bien pensado.”

Por eso en esta muestra combinó fotografía con video: “Así se puede mostrar de otro modo el pensamiento y la sensibilidad de uno como artista; ofrecer una visión distinta del propio conjunto de piezas.”

La artista pretende comercializar sus joyas bajo la marca homónima (Laura Lis).

Foto cortesía de la entrevistada

“Me encantaría tener una tienda aquí, pero esto es apenas el lanzamiento. Aunque me tome tiempo, quisiera que mis joyas se conozcan en Cuba y que los cubanos las usen.”