Con 16 años se graduó de Técnico Medio en Informática y cumplió durante tres años su servicio social. Pero inmediatamente después procesó y guardó los resultados. Como quien cambia de ventana en un sistema operativo, Malena Arruebarrena puso su vida lejos del cómputo y más cerca de los comensales.

“Son las vueltas de la vida. Uno sabe cómo empieza pero no donde termina. Cuando inicié los estudios me gustaba la informática, pero no me veía futuro. Dentro de un pueblo de provincia es muy difícil hacerse camino en esta carrera. Es duro aprender tanto y no ver los logros. Creo que, pese a mi juventud en aquel entonces, tuve la visión necesaria para abandonarlo a tiempo. Las computadoras no me iban a llevar a ningún lado,” expone esta joven que ahora tiene 24 años. 

“Mentiría si dijera que tenía un plan” prosigue Malena mientras asegura que “malamente sabía cómo poner el arroz o freír un huevo”. Sin embargo, hoy es una chef profesional del hotel cinco estrellas “Perla Blanca” de la cadena Valentín, enclavado en la cayería norte de la provincia Villa Clara.

Foto: Cortesía de la entrevistada

“A través del Ministerio de Trabajo del municipio supe que necesitaban personal para el sector turístico. Nunca pensé en la cocina, pero sí quería trabajar a ‘los cayos’ y esta era una oportunidad única. Hoy cuento con tres años de experiencia en el mundo de la hotelería y he aprendido mucho.”

Para quien no conoce las interioridades del sector, ocupar una plaza en una cadena hotelera parece un lugar idílico, pero Malena aclara que no es así: “Mi salario mensual es de 280 pesos y una divisa de 10 CUC. Descanso un día a la semana y estoy todo el tiempo fuera de casa.”

Entonces, ¿Dónde está el encanto? ¿Por qué tantas personas añoran trabajar ahí?

El secreto radica en las propinas”, asegura la chef. “En temporada alta (diciembre-abril) en la cocina se puede obtener de 11 a 13 CUC diarios y en temporada baja (mayo-noviembre) entre 4 a 6 CUC, según el día.”

Malena se dispone a viajar hacia los cayos. Foto: Iris C. Mujica

A pesar de los beneficios materiales, acariciar “la gallina de los huevos de oro” conlleva ciertas consecuencias: “El cansancio es perenne. Hay días que trabajas para 230 comensales de 6:00 p.m. a 10:30 p.m. Hay mucho estrés porque tienes arriba decenas de clientes pidiendo platos diferentes y todo es a memoria. Trato de relajarme, pero es difícil porque todos están apurados, son muy exigente y muchas veces llegan con mal carácter,” asegura.

Malena es una luchadora por eso aguanta los seis días de trabajo a la semana, las horas de pie, los cambios constantes de temperatura del salón a la cocina y demás detalles que, de a poco, mellan la salud: “Mi nivel adquisitivo ha mejorado mucho. Sin embargo, de poder, quisiera otro puesto. Tal vez como dependienta o algo que no destruya tanto. Tan solo en los viajes se te agotan las energías. Llegas muerta y vas directo a la cama. La vida social se pierde. Yo no salgo. No tengo tiempo y cuando lo consigo no hay ganas. Las amistades no las ves y cuesta mucho encontrar y estabilizar pareja. Pero bueno…nada es ideal.

“Todo tiene un precio, y como sabemos estar en ‘los cayos’ tiene una tarifa bien alta.”
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