Las nuevas medidas migratorias que entrarán en vigor en enero próximo han sido bien acogidas por buena parte de la emigración cubana; sin embargo, a mí y a muchos que conozco nos deja un sabor agridulce de esos que surgen cuando la hamburguesa se ve grande y deliciosa en la publicidad, pero cuando la compras descubres que había mucho de hipérbole en el anuncio.

De acuerdo con el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, el objetivo de estas medidas, de las adoptadas anteriormente y de las futuras, es alcanzar la “normalización plena” de la relación de Cuba con sus diásporas. Los cambios anunciados son coherentes e imprescindibles para la integración de la emigración cubana a la vida del país, pero no son suficientes y quedan muy por debajo de la grandilocuencia del slogan “Estados Unidos cierra y Cuba abre”.

Viendo el video donde Rodríguez hacía el anuncio el sábado 28 de octubre me pareció estar presenciando un cambio histórico; me vino a la mente el anuncio de una transición y el restablecimiento de derechos políticos y civiles a los cubanos. Pero no fue así; los aplausos y gritos eufóricos de la gente iban destinados al restablecimiento a medias de tan solo un par de derechos, y nuevas y positivas regulaciones en los procesos de obtención de la ciudadanía cubana de los hijos de ciudadanos cubanos residentes fuera del país.

Todos los cubanos deben tener derecho a salir y regresar a su país libremente; la eliminación del llamado “permiso de entrada” no garantiza aun el restablecimiento de este derecho, aunque ciertamente parece abrir la puerta a que así sea. Tendremos que ver si en la practica el gobierno pone o no nuevas trabas para seleccionar de forma individual qué cubanos no pueden regresar al país. Por ahora, ya se sabe, los profesionales que abandonaron una misión internacionalista siguen teniendo que esperar ocho años para que sus “deudas” con el Estado sean saldadas. Tampoco pueden regresar los que burlaron la vigilancia y se introdujeron en la base naval de Guantánamo.

Para integrar a la emigración no bastará con permitir que los emigrados puedan entrar y salir en embarcaciones de recreo o que sus hijos puedan obtener la ciudadanía cubana sin necesidad de avecindamiento. Será fundamental modificar emociones negativas que colman la paciencia de muchos cubanos que viven fuera de Cuba.

Bruno Rodriguez solo nos habló el sábado a aquellos que nos sentimos indisolublemente conectados a la isla y que bajo diferentes circunstancias y con diferentes objetivos queremos mantener vínculos con nuestro país de origen. El ministro habló de “nuevas regulaciones” pero no trató asuntos de fondo, de contenido político. La nación cubana no está resquebrajada solamente por un conjunto de normas y regulaciones mal hechas o superadas por el tiempo, sino por diferencias políticas que han llevado a mucha gente a divorciarse de su tierra. Hay que hablar de reconciliación, hay que tender la mano, hay que incluso pedir perdón donde sea necesario.

Pero eso no bastaría. Tenemos que hablar también de derechos, y Bruno no mencionó esa palabra el sábado. Nada dijo sobre que, en primer lugar, en el plano legal el estatus de residente en Cuba o emigrado no debería existir para los ciudadanos cubanos. De ese modo todos los nacionales, vivan donde vivan, tendrían acceso a los mismos derechos sociales (dígase salud y educación universal y gratuita) y políticos dentro de Cuba. Nada dijo tampoco sobre el desorbitante precio del pasaporte cubano que es, sin lugar a dudas, una de las demandas más escuchadas y vistas en redes sociales. La gente comprende que lo que pagan por su pasaporte cubano (el cual es obligatorio portar para entrar al país) no es simplemente para cubrir los costos administrativos del proceso, sino que es todo un modelo de recaudación de divisas, una especie de negocio donde a los compradores no les queda otra opción que pagar sin chistar.

Las nuevas medidas van en la dirección correcta porque ayudan a acercar a las diásporas con su país, pero son insuficientes pues no restablecen todos los derechos de los emigrados. Bruno Rodríguez aclaró que dirigentes como él continúan estudiando nuevas medidas para el futuro. Los derechos de los cubanos deben esperar un poco más entonces para su plena realización.