Santana do Livramento, Brasil, fin del camino. Unos pasos al norte, y sus pies a rastros la llevan hacia una línea fronteriza imaginaria. Dos banderas a punta de asta le provocan la sensación de estar en dos lugares al mismo tiempo. Una señal. Rivera, Uruguay, la vida que empieza.

Dicen que vuelves a nacer cuando dejas la Patria, reencarnas en el “yo emigrante” y habitas dos existencias en una. Todo eso y más, había escuchado Enya Vilahomat antes de que decidiera partir. Pero, pocas cosas asustan a los 21 años.

“Salí de Cuba el 15 de julio de este año. Después de analizar varios destinos, Uruguay resultó una propuesta atractiva. Para hacer este viaje abandoné la carrera de Lengua Inglesa, no veía muchas posibilidades de desarrollo personal ni profesional. Pesaban además, el sacrificio familiar para mantener mis estudios y la frustración de mis padres, dos profesores que a los cincuenta años no vieron el fruto de su trabajo”.

Montevideo es la capital más cara de Latinoamérica. Allí, un pasaje de autobús cuesta más de un dólar. Los precios de renta, comida, electricidad y demás servicios elevan el costo de vida por encima de cualquier ciudad del continente. Para los “charrúas” vivir en Montevideo es un lujo, para los cubanos una puerta que se abre.

“Seguí la ruta migratoria del momento. Coordiné todo el viaje con ayuda de otros coterráneos. Las opciones se redujeron después de que el gobierno de los Estados Unidos eliminó la política de pies secos/pies mojados. Salí con libre visado desde la Habana rumbo a Guyana, y de ahí a la frontera sur de este país con Brasil. Atravesé todo el gigante hasta llegar a Porto Alegre, una brevísima estancia y partí hacia Rivera, Uruguay. Arribé en autobús hasta Montevideo. Muchos cubanos usaron el país como trampolín a Norteamérica, pero mi propósito era quedarme”.

Según el Banco Mundial, Uruguay es hoy una sociedad igualitaria, con bajísimos niveles de pobreza y una ausencia casi total de indigencia. Ostenta uno de los primeros lugares de la región en Índice de Desarrollo Humano, Índice de Oportunidad Humana e Índice de Libertad Económica. Su política abierta a la inmigración, lo convierten en un destino deseado.

“El gobierno no cuenta con un programa específico para emigrantes cubanos, pero existen ONG que brindan asesoría y soporte. El trato de los rioplatenses y las autoridades es inmejorable, percibes el interés de los funcionarios por hacer bien sus labores. Aquí accedes a una cédula provisional mientras tramitas la residencia. Cuando la aprueban, te entregan la cédula permanente. Con la temporal posees los mismos deberes y derechos que cualquier ciudadano. Puedes trabajar. Alguna personas solicitan refugio político, pero tienen que demostrar miedo real y probar que fueron perseguidos en su nación”.

El segundo país más pequeño de Sudamérica atrae cada día a más cubanos, profesionales, obreros, de todas partes de la Isla: “En la estación de ómnibus conversé con muchísimos compatriotas y me dieron consejos muy útiles. El espíritu de solidaridad es palpable. Me atrevo a decir que, al menos en Montevideo, no existe un barrio donde no haya un cubano”.

Al igual que Enya, Roberto Santana, psicólogo y comunicador viajó a Uruguay en 2016 en busca de nuevos horizontes. Vivió unos años en Ecuador y visitó otros países. Considera que “Uruguay carece aún, de una comunidad cubana con vínculos establecidos, donde los integrantes se reconozcan así mismo como miembros. Acá cada cual está por su lado, cuando llegas te dan la luz. Se crean pequeños grupos de amistades porque vinieron juntos o eran amigos desde Cuba, y reproducen aquí las redes relacionales que ya tenían”.

Cierto es que la estancia definitiva resulta más llevadera cuando el forastero encuentra gente a la que le unen los afectos, las nostalgias. La Patria en la diáspora. Un soplo de idiosincrasia salva la vida.

Dos meses en Montevideo y Enya siente “libertad, independencia económica. A otros pudo irles mal, para mí fue un cambio sin grandes contratiempos. En una semana accedí a un puesto de trabajo, sin rechazo alguno por mi condición de extranjera, al contrario, todos te desean suerte”.

Después de todo, “cuesta dejar atrás familiares entrañables, amigos del alma. Mi cama, mis fotos, mi barrio, el calor, los abrazos, las carcajadas”.

Ahora entiende otras cosas que le contaron de la emigración. No hay traición cuando eliges crecer. No abandonas si estás allá y aquí, en dos lugares al mismo tiempo.