En la ciudad donde se movieron en bicicleta cientos de miles de personas en los puntos más críticos de la crisis económica de los años 90, hoy apenas se ven otras bicis que no sean los triciclos para viajeros, los llamados Bicitaxis. ¿A dónde han ido a parar?

Por: Cynthia de la Cantera y Ernesto J. Gómez Figueredo

A diferencia de otras capitales del mundo, La Habana no tiene ciclovías. Para los ciclistas la infraestructura de la ciudad es compleja y hasta peligrosa, pues comparten el espacio con guaguas y almendrones que no siempre respetan las reglas viales.

“Yo uso la bicicleta para moverme en la ciudad porque el transporte, como todo el mundo sabe, está super malo. Y la bici está ahí, en mi casa, fácil. Imagínate que vivo en La Lisa y voy todos los días a pedal hasta mi trabajo en El Vedado”, cuenta Maybel Martínez Rodríguez, una “bicicletista” por necesidad y convicción. “Existen menos ciclistas en La Habana es verdad, pero la bicicleta sigue ahí y es una forma de transporte eficaz que también permite mantener la forma a la vez que facilita la movilidad dentro de la ciudad. Yo la verdad no entiendo por qué la gente no la usa más.”

Foto: Alba León

“En lo personal no me gusta andar en bicicleta por la ciudad. El clima es duro para eso”, cuenta un joven de 26 años a quien abordamos en la zona WiFi. “Es demasiado el calor —insiste— y el sol está fuerte durante la mayor parte del día. Eso hace que pedalear sea a en extremo agotador y aún más durante la época de verano.

“Pero a veces me he replanteado la posibilidad de comprarme una —parece dudar— Cuando estás durante horas sin lograr tomar un taxi o una guagua en la parada, quisieras no depender del trasporte colectivo, porque es desastroso. Quizá si el transporte no mejora, debo considerar esa opción.”

Pedro Herrera Hernández trabaja como bicitaxista desde hace más de tres años en la Habana Vieja. Para él, si bici “no solo es un negocio muy rentable por la poca inversión que lleva, sino el medio para garantizar la subsistencia diaria de él y su familia.”

“Como en la Habana Vieja los carros no pueden entrar en el centro histórico, la única forma de moverse es en bicicleta y como casi nadie tiene bicicleta, pues la gente tiene que coger bicitaxis. Por las condiciones de las calles y la cantidad de huecos que hay, es muy difícil moverse. Para un bicitaxi es particularmente complejo, pero bueno, es mi forma de vida y hay que hacerlo como sea.”

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En 2013 el Gobierno hizo público un “plan” para recuperar el uso de la bicicleta como una de las alternativas para mitigar los problemas de transporte público. Marino Murillo Murillo, jefe de la comisión para el desarrollo de las reformas económicas, informó que se promovería el uso de bicicletas con el fin de que ese medio participe en la movilidad de la población.

“Se evaluará la aplicación de precios no recaudatorios en la venta de piezas para su mantenimiento”, dijo entonces. Cuatro años después la infraestructura de la ciudad no considera a las bicis: no existe un carril ni señalizaciones exclusivas para los ciclistas, ni sistemas de parqueo estratégicamente distribuidos. A altura de 2017 tampoco han bajado los precios de los ciclos (más de 100 USD en un país con salario medio mensual de 25) ni abundan sus piezas de repuesto.

La mezcla de calor e incomodidad para los ciclistas, deficiente infraestructura, poca seguridad vial y altos precios, parece haberle pasado la cuenta a este vehículo “no contaminante” en la más grande ciudad del país.

EL BICIENTUSIASTA ALEMÁN

Hace poco tiempo andaba por La Habana un alemán llamado Otto Reinhardt. Otto no entendía cómo en un país con tantas dificultades económicas como Cuba, no se potenciaba el uso de las bicicletas como una alternativa de transporte.

“En muchas partes del mundo, incluyendo capitales muy congestionadas, el transporte en ciclos ha demostrado ser más cómodo, rápido y perfecto para desplazamientos urbanos y sobre todo es bueno para la salud”.

Otto trajo a la Isla una iniciativa para crear conciencia sobre el uso de las bicis en los cubanos.

Foto: Alba León

“Yo traje este modelo Rower 26 hace ya un año y se ha usado por una familia cubana durante todo ese tiempo. Esta es la prueba de que es sustentable, barato y seguro”, comentó.

El bicientusiasta alemán ha escrito a casi todas las instancias del gobierno, visitó personalmente la empresa Mecánica de Santa Clara, MINERVA, para sostener una conversación con los directivos sobre la importancia de ensamblar las bicicletas que llegan desde China. Casi nadie le ha respondido.

“¿Cómo una nación que en pocos años fue prácticamente inundada de bicicletas y se adquirieron cientos de miles de unidades ha perdido en entusiasmo por ellas?”

Otto no cree que todos sean cuestiones económicas, la imposibilidad de mantener buena parte de la producción nacional, o el encarecimiento de los ciclos y piezas en las redes comercializadoras.

“Yo creo que, si el pueblo lo demanda, el gobierno tendrá eventualmente que crear la infraestructura para eso. Deberán revivir los sistemas creados en los 90 de parqueos, ciclovías y servicios de reparación”.

Foto: Alba León

Otto ha viajado mucho dentro de Cuba y ha notado que algunas ciudades sí usan la bicicleta.

“En Cuba pasa lo contrario que en el resto del mundo. Aquí en las grandes ciudades casi no se ven las bicicletas y en las pequeñas hay más”.

Con la apertura del trabajo por cuenta propia en la Isla se han creado varios negocios que involucran el uso de las bicicletas. La mayoría pueden ser encontrados online, pues su principal función es rentar ciclos a turistas para que recorran la ciudad.

CicloCuba, Roma Habana Bikes, BiciCuba, MountainCuba, Bike Rental & Tours Havana, alquilan las bicicletas por 5 cuc para todo un día de uso.

Pero esto no interesa a Otto. Él aspira a que el “cubano de a pie” no ande más a pie, sino sobre dos ruedas.

Yasser González, un joven que lleva 9 años utilizando la bicicleta a tiempo completo, cree lo mismo que él- Mira su historia aquí:

* En la realización de esta historia contribuyó Claudia Padrón.