Con las nacientes luces del alba, después de pocas horas de sueño, se despierta el primero de los Martínez a cargar, como todos los días, varias cubetas de comida. Entre bostezos camina por el patio hacia las puertas de madera de un metro de altura y cerrojos de hierro a ras de tierra. Coloca en el suelo la primera ronda de sancocho y demás desperdicios de cocina recopilados por gestión personal en todo el barrio. Allí, aspira el olor húmedo y rancio de su pequeño tesoro porcino.

La cría de cerdo representa un modo de vida para muchas familias de Placetas, municipio de mayor producción porcina en Cuba. Leonel, Julia y Elsie Martínez son unas de las tantas familias que emplean gran parte de su tiempo y esfuerzo en este “negocio” que avanza y se tambalea con la misma intensidad.

“Durante casi una década, la crianza de cerdos sustentó la economía de mi casa, así como a muchas otras en Placetas. Nos llaman ‘productores particulares’ porque realizamos esta actividad en convenio con el Estado,” dice Leonel Martínez.

Foto: Iris Celia Mujica

Pero en esos convenios existen varias categorías. Esta familia, por ejemplo, pertenece al grupo de cebadores de animales propios, quienes carecen de contrato firmado y no son socios de la cooperativa porcina estatal Niceto Pérez. Los Martínez poseen corrales pequeños de hasta 10 cerdos que engordan con el pienso adquirido del Estado a precio módico -pueden comprar 3kg de pienso por cada kg de carne ya entregado- y que luego le venden a la cooperativas. Para la administración territorial este tipo de pequeños productores implica un ingreso constante de ganado porcino acondicionado y resguardado en locales fuera de las instalaciones estatales. Un “extra” efectivo desde todos los puntos de vista, o casi todos.

“Sucedió algo inexplicable. El Estado dejó de comprar nuestras producciones ¿Cómo pudo ocurrir?”, repetía Leonel incapaz de formular alguna respuesta.

De la noche al día, parte de los protagonistas de una producción de 6 mil toneladas de carne al año en esta localidad de la provincia de Villa Clara, los más debiles, los pequeños criadores, se quedaron casi literalmente a las puertas del matadero.

“Un buen día llegué a la cooperativa y me explicaron que el municipio tenía excesos en la producción, así que decidieron parar. Durante meses no nos compraron más carne y mucha gente se quedó con siete, ocho o más animales gordos en su casa sin poder venderlos. Cerraron cantidad de cochiqueras. Algunos se deshicieron de las reproductoras que poseían y otros negociaron en términos muy desfavorables con particulares. Fue una pérdida. Un golpe duro para todas estas familias.

Ahora Porcino  -como le dicen -retomó la producción porque, como es lógico, tienen un déficit, pero ¿cuántos se arriesgan a volver a criar? La economía de una casa no aguanta esas cosas.” , insiste Martínez. “¡No me hablen más de puerco!”, interrumpe Julia, esposa de Leonel, “aquí había un vecino que tenía tres puercas paridoras y las vendió para recuperar dinero. Nosotros caímos en esa vuelta. Vendimos a bajo precio en la calle y tuvimos una deuda de 5 mil pesos ¡Figúrate!”

Foto: Iris Celia Mujica

Placetas, primer municipio productor del país, tuvo que ver incluso cómo desaparecía de mercados y tarimas su codiciada carne.

“Hasta hace poco no hubo puerco en todo el pueblo. No se trabaja planificadamente, si sobra, mándenlo para otras provincias. Así incentivas la producción y se suma gente a este negocio. La solución no es detenerse porque de lo contrario creas un problema y un malestar innecesario a la población. Aquí una libra de bistec llegó a costar más de 30 pesos y en los particulares hasta 45. Si no hay carne, la especulación aumenta, los precios se disparan. Todo por dejar de comprar los puercos,” agrega Leonel.

De acuerdo con uno de los trabajadores de la cooperativa Niceto Pérez en Placetas, la demanda de cerdo en el municipio siempre supera la oferta. Semanalmente el Estado sacrifica y comercializa unos 150 “cochinos” que se distribuyen en diferentes plazas. Aun así no alcanza. A pesar de ello, aclara, el Estado no tiene la obligación de comprar la producción de los cebadores y puede terminar los acuerdos verbales que tiene con los cebadores privados cuando así lo entienda.

“La gente invertía, y aún lo hace, porque este es un pueblo próspero para la crianza”, advierte Elsie Martínez, de 37 años, quien desde hace años ayuda a sus progenitores en estas labores. “La mayoría de la carne que abastece las ferias y los mercados internos sale de la ceba de animales propios. Cuando no hubo se creó un problema alimenticio y también económico que afectó a toda la familia, porque hasta las mujeres de la casa invertimos esfuerzo en este negocio. Mi madre y yo trabajamos duro, como el que más”.

“Las matemáticas están sacadas -explica Leonel- un puerquito cuesta 500 pesos. Si compras el pienso del Estado, que representa un 70 por ciento del alimento que consume, y luego lo vendes a la misma cooperativa, en cinco meses obtienes 500 o 600 pesos netos de cada cerdo. Esto si no posees la cría, si tienes una puerca paridora le sacas más.”

Si, además, consideramos que la cochiquera casera promedio abarca espacio para diez animales, una familia productora obtendría de 5 mil a 6 mil pesos cada cinco meses. Parece mucho dinero, comparado con salarios oficiales en la media de los 700 pesos cubanos (CUP) pero dividido entre cinco, el ingreso por la venta de cerdo apenas suma 1000 pesos mensuales, que es la mitad de lo que algunos estudios han estimado requeriría una familia promedio para cubrir todas sus necesidades.

Además de la ceba de animales propios existen otros tipos de convenios con el Estado: reproductor (posee tierras, contrato y son socios de la cooperativa) y comercial (al criador se le entrega el cerdo con un peso de 8 a 12 kg y este lo vende a la misma cooperativa cuando sobrepasa los 100 kg).

“Nosotros -continúa Leonel- no tenemos 300, 400 cerdos. Ni siquiera diez. El golpe lo siente el de abajo. A mi entender como único se retoma el equilibrio es con garantías, generando confianza. Hay inseguridad en la gente y después del huracán no se sabe. Por lo pronto están comprando el animal, pero existe temor porque se vuelvan a quedar los puercos en la casa. Ahora a levantarse otra vez.”