Aquel momento era como la escena inolvidable de un filme épico. Yadier, con una rodilla sobre la hierba, apoyaba su frente en el extremo de una pala de construcción encajada en la tierra, aún húmeda. La genuflexión la provocó su más grande momento de arrepentimiento.

Todos los que estaban allí escucharon los primeros ladridos de Tuco, El Campeón. Ahora se inhumaba como a los hombres, con flores y una tosca cruz de madera, en la ladera donde corría para fortalecer sus músculos.

Tuco era hijo de dos perros campeones, una Pitbull llamada Iguana y de Faraón, un Stanford reconocido por su mordida a los congos que alcanzó celebridad en el mundo de las peleas ilegales. Estas dos razas y sus híbridos son las mejores para pelear.

En Sandino un pueblo sin sentido en Pinar del Río, muchos jóvenes se dedican a entrenar y topar “perros de peleas”.

En el momento justo en que la madre dio a luz sus cuatro cachorros, Yadiel se le apareció en la casa al dueño para marcar el suyo, con el dinero en la mano, 40 CUC. Había tenido que vender su bicicleta montañesa y su hermano desde Estados Unidos lo ayudó un poco.

Luego del “destete”, comenzaría una vida de entrenamientos, topes y finalmente la gran pelea oficial, donde el animal se jugaba la vida y el dueño hasta miles de pesos en dependencia de la celebridad del contrario.

Un perro de pelea debe tener siempre su casa, que es como un corral, siempre con agua y limpio. Es importante que esté trancado para que no capture enfermedades de otros.

Tuco tenía una caseta a dos aguas hecha con curiosidad por Yadier, además le ponía una cesta llena de trapos viejos para que durmiera con comodidad. Casi siempre tenía un coco seco dentro, le daba diente hasta pelarlo por completo, lo ponía entre sus patas y arrancaba los pedazos de cáscara. La “técnica del coco” había sido una sugerencia de Coco, el mejor entrenador de la zona, decía que eso le fortalecía los dientes a los perros.

“Cuando está creciendo no se puede sobrecargar mucho, quizás un poco de bicicleta, dos o tres kilómetros, y ese ejercicio lo combinas con banderín”, le enseñaba el Coco.

En la técnica de la “bicicleta” el perro corre al lado, unas veces hay que dejar que su fuerza lleve al ciclista y cuando llega una loma, se le ayuda, para así evitar el desgaste del perro. Este ejercicio genera una resistencia que después necesitará, y le provocará pérdida de grasa, para definir sus músculos.

El “banderín” es una especie de bandera pequeña atada a un pedazo de madera, con ella el entrenador, estático, bate de un lado a otro y el perro intenta atraparla, con zigzagueo incluso por debajo de las piernas del preparador físico. Así el perro consigue agilidad, muchas veces alcanza la bandera y la muerde con furia sin dejar escapar más que unos pocos retazos de tela.

En el patio se reunían los muchachos del barrio a ver saltar a Tuco. Él tendría que entrenarse más de dos horas cada día, en dos sesiones: mañana y tarde, durante toda su vida para ganar y quedar de semental y crear un linaje con su sangre, o morir en combate.

En el extremo inferior de un resorte de acero, se amarraba una pelota de voleibol ponchada que se alzaba a más de dos metros en un gajo de una mata de mangos. Yadier solo le señalaba la pelota y el perro podía estar saltando hasta 20 minutos. Esta acción se repetía una y otra vez, en algún momento la alcanzaba y quedaba prendido de ella, sacudiendo el cuerpo en el aire.

Las sacudidas también se entrenaban, con un pedazo de neumático: El perro mordía y Yadier agarraba con fuerza y le ordenaba: “Sacude perro”. Era como si llevara un código en su ADN que no le permitía dejar de morder.

Después de cada sesión sudaba a cántaros por la lengua, los músculos de las patas se le veían inflamados y definidos. En Sandino hubo casos de perros que murieron de infartos por los duros entrenamientos.

Si Tuco lo podía pasar mal, peor estaba el pequeño gato que colgaban como cebo en uno de los extremos de la “estrella”, un aparato diseñado para que Tuco tratara de moder al animalito mientras arrastraba una goma. El felino maullaba sin alivio los largos minutos que duraba el avance circular de Tuco.