Los cuerpos cubiertos de lava solidificada serían un perfecto detonante. Era Pompeya, Italia. Con apenas 12 años, el viaje de intercambio cultural dejaría en ella esa constante curiosidad por la reconstrucción de la memoria, de sus símbolos y del patrimonio, que la acompañaría hasta hoy.

Hace casi diez años, Sara Alonso comparte su vida entre Cuba y el mundo. Su trabajo como curadora de arte la lleva a Francia y otros tantos lugares donde ejerce su profesión de modo “trasnacional”. Es, como ella dice, un “poco nómada”, pero ese ir y venir ha sido parte esencial de su formación profesional y personal.

Pompeya y una voraz afición por la lectura y los museos hicieron que en 12 grado pusiera Historia del Arte como la carrera elegida.

La joven que entraba a la Universidad de La Habana pronto haría frecuentes y largas sesiones de lectura en la  Biblioteca Nacional o en el Museo Nacional de Arte Cubano. Todo era minuciosamente procesado. El conocimiento por absorber era infinito, “teniendo en cuenta que la Historia del Arte no se enseña en los niveles primarios ni secundarios, lamentablemente”.

Ya en cuarto año curó sus primeras exposiciones. Luego vino la Fundación Ludwig de Cuba y su constante investigación y promoción del Arte emergente; un máster en la Universidad de La Habana, otro en la Sorbona; además, un doctorado que cursa en la misma universidad francesa. La apuesta fue por “el camino del conocimiento y la reflexión y ambos son infinitos”. Sin embargo, Sara siempre regresa a Cuba.

Sara Alonso

Sara Alonso. Foto cortesía de la entrevistada.

En la muestra de 2015 trajo “La imporancia de ser…”, una recopilación de 60 obras —en los más variados formatos— de artistas belgas e internacionales que invadió casi todo el edificio del Museo de Arte Universal de La Habana.

Pero el trabajar dentro y fuera de la Isla, hace que a Sara le preocupe realizar exposiciones con “sellos nacionalistas que intenten reducir la realidad de un país a tres ideas”. Sin embargo, “hay que saber aprovechar esas oportunidades para contornear las cosas. Prefiero poner a dialogar temas, preocupaciones comunes, métodos de trabajo e investigación, establecer vasos comunicantes”.

Con diez años de experiencia en estas lides, Sara tiene cartilla propia: “Un curador es a la vez el compositor y el director de orquesta de su propia obra. Su mejor cualidad es la sensibilidad; su mejor herramienta es el conocimiento y su capacidad de establecer relaciones; su mejor amiga, la escucha y adaptabilidad.

“Todos dicen que trabajar en Cuba es difícil, y lo es, porque se carece de mucho, pero al mismo tiempo es uno de los lugares donde más libre me he sentido realizando una exposición, porque la gente tiene tantas ganas de hacer que se entregan de a lleno. Buscan las soluciones”.

La importancia de ser… “con obras de todos los soportes e instalaciones titánicas, nunca la hubiera podido hacer en Europa”.

Sara Alonso

Sara Alonso. Foto cortesía de la entrevistada.

Para Sara, “el arte hace visible aquello que es invisible a nuestros ojos o ha sido invisibilizado por disímiles razones (juegos de poder, olvidos conscientes o inconscientes, manipulaciones varias, inconsciencia colectiva, efecto de masas, etc.), por medios que son disímiles. El artista, de manera consciente o intuitiva, interpela su contexto, lo aprehende y lo transforma de alguna manera. Pero el arte, que va más allá de la obra, lo conforman también muchos otros elementos que participan de manera sistémica.

“El arte cubano se reinventa porque la sociedad tampoco es una variable fija. Pero en los últimos años hay un distanciamiento entre el arte producido en Cuba y la realidad cubana. Esto tiene que ver con la dinamitación de las relaciones y canales de intercambio, con formas no reguladas de mercado aparecidas recientemente, y el fin de un proceso de individualización comenzado en los 90, entre otras razones.

Hoy, los artistas cubanos viajan en todas las direcciones, y muchos deciden hacer su vida desde Cuba y esa es una gran diferencia con la generación de los 80 y 90 (gran cantidad de artistas que emigraron en esa época, cuya obra se exhibe a nivel mundial y son representados por importantes galerías internacionales, han regresado, firman ‘vive y trabaja entre La Habana y…’ y hoy invierten en Cuba en la creación de nuevos espacios, de centros de Arte, de institutos de enseñanza, etc.).”

Sara Alonso

Cartel oficial de la muestra. Cortesía de la entrevistada.

Sara Alonso regresa esta vez con el proyecto ON/OFF, con sede en cinco instituciones capitalinas, por el mes de la cultura francesa en Cuba. Aquí pondrá a dialogar 40 obras: una selección de la colección de la Maison Européenne de la Photographie, y obras realizadas por artistas cubanos bajo el concepto de identidades híbridas de Edouard Glissant.

La idea es armar un concierto polifónico donde el concepto de identidad será puesto en crisis ante el contacto con lo desconocido, lo extraño, la otredad, explica Sara.

“Cuba entra poco a poco en el dichoso mundo de la globalización y lamentablemente no siento que estemos listos aún; pero nunca lo estaremos y hay que dejarse de paternalismo para chocar con la verdad. El arte siempre encontrará la brecha para expresarse.”

Sara Alonso es un hoy una de las jóvenes profesionales que no dice vivir fuera de Cuba: “espero que llegue el día en el que dejemos atrás la visión traumática del viaje para al fin rendirle un homenaje lezamiano y verlo como algo natural y constitutivo de la naturaleza del ser contemporáneo.”

El mundo y el contacto con la otredad la hicieron profundamente humanista.