Estatales y privados, de la mano en Cuba

En Cuba, las nuevas relaciones comerciales entre empresas estatales y trabajadores privados (cuentapropistas) sazonan el amplio espectro de cambios que vive la isla desde el año 2006.

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La restauración de una de las famosas aceras de La Rampa habanera –totalmente de granito y con incrustaciones de obras de la plástica cubana– es hoy, también, parte del progreso de esta simbiosis económica.

“Escogimos las aceras de 23 entre N y O porque nos queda muy cerca de la empresa y podemos monitorear el trabajo diariamente. Esto no se había hecho antes con cuentapropistas, es la primera vez y estamos experimentando” asegura Alexis Casal, técnico en obras de ingenierías y al frente de Redes Técnicas –grupo inversionista de viales perteneciente a la Dirección Provincial de Transporte de La Habana–.

Para realizar el trabajo, consistente en demoler toda la acera, restaurar las obras de arte y volver a fundir todo mediante la técnica de granito lavado, Redes Técnicas escogió a Yojane Luis Font quien maneja desde hace diez años un negocio de fundición en granito que heredó de su padre y que hoy emplea a más de 30 trabajadores.

Casal comenta que “antes de elegir cuentapropistas buscamos empresas estatales –preferencia que es hoy una política extendida–, pero no encontramos ninguna con capacidad constructiva para realizar el trabajo. Por eso, y luego de valorar opciones, contratamos a Yojane, que tiene su licencia y todas las condiciones necesarias”.

Con 37 años, graduado en técnico medio en Radiología y por varios años radiólogo del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) de La Habana, Yojane aclara: Mi condición es que yo lo pongo todo: materiales, transporte, obreros… Solo tienen que pagarme y yo hago el trabajo. El valor de la obra es de unos 500 mil pesos cubanos (CUP) e incluye ambas aceras.

Entre los cuentapropistas licitados y ante la inexistencia de una empresa estatal afín, Yojane y medio millón de pesos resultó la opción más económica para la dirección de Redes Técnicas de La Habana, según comenta Casal, pues les evitaba gastos en materiales, transportación, albergue; además de subcontrataciones de otras empresas para la demolición o la recogida de escombros, lo que Yojane asume completamente con sus recursos.

Las aperturas para el trabajo privado comenzaron en la década de los 90’ –producto de la crisis económica sobrevenida en Cuba con el derrumbe del campo socialista europeo– y desde 2007 se han incrementado aceleradamente.

Desde 2007, la regulación No. 32 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social reglamenta el Trabajo por Cuenta propia en Cuba y dispone las reglas para las relaciones comerciales entre entes privados y estatales, igualando jurídicamente a ambas partes mediante acuerdos contractuales. Sin embargo, no es hasta la Resolución No. 33 del mismo ministerio, en septiembre de 2011, cuando se incluye la modalidad de “granitero”, que avala el ejercicio de esta actividad por cuenta propia y permite a personas como Yojane realizar este tipo de trabajo con mayor seguridad y amparo legal.

"Valoramos a alrededor de siete cuentapropistas, pero lo escogimos a él por las ventajas que ofrece en el contrato: granito con garantía por diez años, calidad en el trabajo de restauración y sobre todo, lo de los recursos", enfatizó Alexis Casal.

Las aperturas para el trabajo privado comenzaron en la década de los 90’ –producto de la crisis económica sobrevenida en Cuba con el derrumbe del campo socialista europeo– y desde 2007 se han incrementado aceleradamente.

 

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Antes, su inexistencia y hasta proscripción deterioraron tradiciones familiares e incluso saberes seculares de muchos de los oficios que hoy, a la luz del siglo XXI, deben resurgir o, al menos, recobrar legalidad.

“Somos dos, que yo conozca, los que ahora nos dedicamos bien fuerte al granito: yo por La Habana, y un pinareño que hace trabajos muy buenos. Pero hemos pasado mucho en este negocio, desavenencias de las “buenas”: decomisos del taller, de las herramientas…, historias muy tristes, pero gracias a Dios hoy estamos aquí”, comenta Yojane con una leve y merecida sonrisa de triunfo final.

Su empresa cuenta hoy con un taller en La Habana Vieja y otro en El Mariel, donde fabrican losas, encimeras y mesetas de granito, entre otros productos. En el resto del país abundan talleres que realizan este tipo de trabajo, pero generalmente a menor escala con garantía de transporte y algún que otro servicio adicional, pero aún no alcanzan semejante perfil empresarial.

Para realizar cualquier obra, Yojane compra recortes de piedra en una cantera en Villa Clara, donde paga con cheques bancarios autorizados por su licencia de cuentapropista; emplea en transportación –camiones de uso particular– unos tres mil pesos (CUP) por cada viaje para llevar las piedras hacia los molinos, también propiedad de cuentapropistas. Otros empleados se encargan de seleccionar, ensacar y almacenar el granito procesado, o de su movimiento para la obra en curso. “Somos cerca de 36 personas en el negocio, porque es un trabajo duro. Yo les pago a todos, por eso cobro a mil pesos cada metro cuadrado de estas aceras”.

[related-articles]Contratado ya por el Instituto de Ingeniería Genética y por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) para trabajos de pulimentación y fundición de estructuras de granito, desde 2012 los servicios de Yojane aparecen en las Páginas Amarillas de las guías telefónicas de ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.) gracias al servicio de promoción que esta habilitó en ese espacio, pago previo de una tarifa.

Así, el Estado cubano abre puertas al sector privado y a su necesaria vinculación con las empresas estatales. Todo sobre la premisa de relacionamiento mutuamente beneficioso y ante la probada incapacidad de estas de aglutinar gran parte de los servicios y producciones que los cuentapropistas han demostrado que pueden proporcionar, además, con mejor calidad.

“Nosotros somos una familia que siempre se dedicó al granito, un oficio que en la década del 60, no sé por qué motivo, quebró, se perdió, y ahora son muy pocos los que lo hacen. Mi abuelo fue uno de los que se quedó ejerciéndolo por su cuenta. Hoy, las herramientas que tengo se las heredé a él y a mi padre”, cuenta Yojane.

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