Hugo, ¿el utópico?

Aquel martes del 2013 que jamás podremos olvidar los venezolanos sólo pensé: Que En Paz Descanse Hugo Chávez Frías. Había muerto a los 58 años de edad la leyenda del denominado nuevo izquierdismo latinoamericano, quizá hizo mucho, o le faltó por hacer, quién sabe. Aquella tarde de la que no puedo creer haya transcurrido ya un año, sentí lo mismo que ahora: Venezuela se sucumbe en una nueva Era, la que se escribiría si en ese hombre que en el 92 nos hizo amanecer de golpe, que en el 99 cambió paradigmas, y ese que en 14 años nos había modificado para siempre a los ciudadanos de este país la manera de reconocernos como animales políticos.

Hoy por hoy, si pudiera le preguntaría a ese mismo líder en el que muchos creímos, ¿qué ocurrió?, en qué suerte de futuro nos suscribió a todos donde parece que no existe ayer, y en que el mañana llega tan rápido y sin ningún cambio, tanto que nos pasa inadvertido.

El legado de Hugo, pudiera dividirse en varios aspectos, empero existe un motivo para mantenerlo en el presente: la visibilización de los pobres, de los que no tenían nada, ni siquiera qué comer o vestir. En este territorio del Sur de América, se contabilizaban individuos que no contaban con documentos de identidad al menos, ya podrán imaginarse que la escuela o los centros de salud eran macro-servicios inalcanzables. La alfabetización, como bandera de las misiones sociales, entre otras, hizo que la mujer y el hombre de los barrios bajos sintieran que por vez primera eran tomados en cuenta. En la actualidad, aún agradecen ese estatus de ciudadano que les concediera el conocido padre de la Revolución Bolivariana. Quienes crean poseer argumentos que puedan invalidar esta tesis seguramente jamás hayan ido a una favela o cerro, o por lo mínimo conversado por minutos con un ciudadano común. Lo que, por supuesto, no resta validez a la situación actual de la nación.

Por eso también debemos tener en cuenta que ese mismo motivo de tener intacto a Hugo en estos momentos, pareciera se ha vuelto la única consigna posible para el Miraflores de este marzo del 2014, pues, de una u otra manera, mantenerse en el poder significa avivar la llama patriótica del chavismo a toda costa. De ser distinto, se apagarían. En esa misma tónica se justifica la omnipresencia en todas las calles venezolanas del fallecido mandatario reconocido en el mundo entero por sus discursos anti-imperialistas.

Sin él, sin sus pensamientos, no se asoma otra propuesta cuerda y ecuánime que pueda favorecer a toda la población. 

Sin Chávez, ¿qué? El actual Jefe de Estado y su séquito no exhiben alternativas que suplan las anteriores y se adapten a los tiempos que corren, a las nuevas batallas. El vilipendio se caracteriza por ser la moneda que usan todos los políticos en la actualidad.

Incluso, la oposición se muestra como una tendencia sin fuerza, sin antagonismo ni protagonismos. Alguno que otro ejerce su papel, lo apresan y los demás se esconden. A los venezolanos les ha tocado refugiarse en su propia suerte, en la espera de lo inevitable, sin rumbos, como la economía nacional.

Nuevos fenómenos co-existen en la Venezuela de este año sin Hugo Chávez. Ya no sólo vemos las potencias foráneas y las oligarquías hacer de las suyas, ahora también somos testigos de burguesías recientemente creadas y de fuerzas externas que buscan lo mismo que todos: el petróleo, las riquezas criollas. Con diferentes nombres, caras, modelos de gobierno y acento.

Aunado a lo anterior nos encontramos con el conformismo de miles de venezolanos, que piensan que las cosas van bien, ignorando que el estado de bienestar debe ser mayor. Tal vez sea válido recordar el concepto de dignidad que enseñó el propio Chávez, y las múltiples veces que trajo en sus alocuciones el ideario del inmortal Simón Bolívar, Libertador de 5 naciones americanas, y quién siempre mantuvo firme que la moral y las luces son fundamentales para el desarrollo del ser humano, desde todos los puntos de vista.

Sí, decenas de miles de venezolanos, ahora gozan de cédula de identidad, acceso a un Barrio adentro (sistema de salud gratuito), y otros servicios, pero hay más. Mucho por conocer, por tener. Es ineludible, no dejar de lado que somos millones de venezolanos. Y en esta fecha, se volteó la tortilla, y ahora son los profesionales quienes no ven un futuro en estas tierras caribeñas. La inseguridad azota a todos por igual. Así como la escasez. Lo que evidencia que el radicalismo se desvencijó. Lo que puede resumirse que se favoreció a una parte de la sociedad, pero se descuidó a otra.

Si algo tenemos que agradecer a Hugo Chávez ha sido el despertar de la consciencia ciudadana y política. De desprendernos de yugos imperialistas y asumir los retos que se nos presentan para dar pasos agigantados hacia un país soberano lleno de maravillas, que a juzgar por el capital humano y los minerales, deberíamos ser, aunque más que “ser” tenemos que comenzar a “hacer”.

Es evidente que en la Venezuela que hoy vivimos no es ni de cerca la que pensó hace 20 años Hugo, quién intentó cambiar las cosas, hacer de la utopía, una realidad. Y claro que logró, por ejemplo, la independencia económica del FMI o el Banco Mundial, soberanía de nuestras riquezas minerales, aumento del salario mínimo, reivindicación de los obreros, las personas de la tercera edad y los indígenas, triplicar el PIB e incrementar el gasto social, o el establecimiento de lazos continentales en organismos internacionales y acuerdos, como la Celac, la Unasur, la Alba o el Mercosur.

Cabe la pregunta, ¿lo logrado nos benefició a todos por igual… es tangible o fue efímero y no sostenible? A juzgar por la serie de protestas en vísperas de la conmemoración de la muerte del líder bolivariano (que ha dejado 17 muertos, decenas de heridos y arrestados) pareciera que no, y esto no puede pasarse inadvertido.

Ahora bien, el llamado a la paz debe ser sincero, y la activación de mecanismos que permitan la unidad y la conciliación más que un voto político tiene que convertirse en una acción.

Es urgente que a quienes dejó Chávez encargado de su obra gubernamental procuren exista mayor oferta de divisas, se consensue con los empresarios y se incentive la producción; partiendo de la aceptación del descontento social y mesas de trabajos Gobierno-Oposición para encaminar a Venezuela hacia el progreso, a fin de cuentas, eso es lo que deseamos todos.

Sólo queda de parte de los que seguimos aquí trabajar juntos por el bienestar de la nación, sin distinción de partidos políticos, intereses económicos, o posiciones sociales,  o volvernos todos, así sin más, unos verdaderos utópicos.

A 1 año de su muerte y con la Venezuela actual, ¿crees que Chávez fue un utópico o sí hizo realidad su proyecto? Respóndeme a @EduSalazarU

Sea como sea, indudablemente, Hugo, el utópico, el realista, el bolivariano, el latinoamericano, fue un hombre que cambió el destino del sub continente. Nos queda a nosotros continuar sus ideas, o enderezar el rumbo de las naciones americanas. Según sea nuestro criterio, y el del colectivo.

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Comentarios

  8 meses

Utópico???? Un populista autoritario, un dictador grotesco.

  8 meses

La realidad tiene muchas aristas, y la realidad cocreta se vincula con cada ser humani también concreto. La utopía puede quedar devorada por el poder.

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