“Si usted es víctima [del terremoto] y necesita alimento, llegue a CubaMía, un restaurante cubano que está prestando ayuda (Zamora 79, en la Colonia Condesa, Ciudad de México)”.

Este mensaje fue compartido una y otra vez en las redes sociales, sobre todo por cubanos, tras el sismo de 7,1 grados que castigó a México el martes 19 de septiembre y que ocasionó más de 320 muertos y centenares de heridos.

Luego del susto inicial, en el negocio familiar de Mario Abreu —mexicano— y Félix Jesús Acebedo —cubano— no demoraron en ponerse manos a la obra para apoyar a los necesitados.

—Primero buscamos la manera de ayudar en los lugares afectados, pero decían que ya había muchos voluntarios. Un amigo mexicano que tenía una motorina y ayudaba a llevar medicinas y alimentos nos dijo que lo que urgía eran sueros (jugos) preparados y comida rápida, lista para comer. Nos fuimos al restaurante y empezamos a preparar bocaditos y los sueros con las botellas de agua que quedaban en el restaurante. Fue tanta la ayuda que la gente de alrededor comenzó a traernos agua y pan para los bocaditos. Hasta un cliente que llegó a comer comida cubana se puso a untarle mayonesa a los panes.

Así lo recuerda Félix, que salió de Cuba en 2008 sin terminar la carrera de medicina. Primero vivió en Puebla, pero al terminar su contrato de trabajo tuvo ante sí tres opciones: regresar a Cuba, seguir rumbo hacia los Estados Unidos, o mudarse a la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades laborales.

Muchos otros siguieron al norte —aún estaba vigente entonces la política de pies secos, pies mojados—, pero Félix se había enamorado de México y su gente. Se mudó a la gran ciudad y ahora, tras el terremoto, tuvo la oportunidad de devolver solidaridad a la que llama, con cariño, su “segunda patria”.

—Nosotros nos propusimos donar, pero justo tras el terremoto donar no era suficiente. Hacían falta manos para hacer cosas útiles. Lo hicimos por ayudar y también por agradecimiento.

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CubaMía es un joven restaurante de comida cubana —apenas tiene cuatro meses— ubicado en la Colonia Condesa, una zona emblemática de bares y sitios para comer. Allí trabajan cinco cubanos de Las Tunas y un mexicano.

El 19 de septiembre, a la 1:14 de la tarde, la tierra comenzó a temblar con una intensidad inusitada. Las alarmas no sonaron a tiempo debido a la cercanía del epicentro —aproximadamente a 120 kilómetros de la Ciudad de México—. Fueron segundos que costaron, quizás, decenas de vidas.

Por suerte, CubaMía y sus trabajadores escaparon sin daños de consideración a la furia del terremoto y pudieron brindar servicio en las horas más oscuras y tristes, después del desastre.

En un principio, sin electricidad y ante la amenaza de fugas de gas y posibles incendios, el restaurante se quedó vacío. Un montón de edificios se habían desplomado y existía el temor de otros derrumbes. Pero, tras la inicial sorpresa y las aprensiones propias que genera un sismo de gran magnitud, en CubaMía comenzaron a ayudar. La solidaridad instantánea del pueblo mexicano era contagiosa.

—Tenemos que aprender de todos —cuenta Félix—, los mexicanos demostraron que son solidarios y nosotros, los cubanos, lo demostramos de la misma manera. Al final, todos somos seres humanos y debemos apoyarnos en todo momento.

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México y Cuba tienen una larga relación que supera los meros vínculos políticos y económicos. En los últimos años tal lazo se ha fortalecido. Los números lo demuestran.

De 2010 a 2016 el número de cubanos residentes en tierra mexicana creció en un 560%. Si en 2010 el Instituto Nacional de Migración de México contaba a poco más de 4.000 cubanos residentes, en 2016 esa cifra superaba cómodamente los 22.000.

Por mucho tiempo los cubanos utilizaron el territorio mexicano como un puente para emigrar a los Estados Unidos, sobre todo después de la eliminación del procedimiento de Permiso de Salida y del requisito de la Carta de Invitación, y del inicio del deshielo entre Washington y La Habana.

Según el Centro de Investigación Norteamericano PEW, alrededor de 80.000 cubanos utilizaron México como vía para llegar a los Estados Unidos solo entre los años 2014 y 2016.

Con el fin de la política de pies secos, pies mojados —en enero de 2017— México ha dejado de ser un sitio de paso para miles de cubanos que optan ahora por permanecer en suelo azteca y hacer vida allí.

“México es un país hermoso, grande, y la gente es muy distinta a lo que en Cuba se cree -insiste Félix-. Hay oportunidades y quieren mucho a los cubanos. Cuando llegué no tenía amigos cubanos, todos se cruzaban a los Estados Unidos, de hecho he perdido hasta mi acento original. México es mi segunda patria, aquí he crecido y tengo a mi familia conmigo. Aquí encontré la estabilidad que necesitaba”.