Esta es la historia de un joven modelo, gay, famoso, casi un sex symbol. Es la historia de alguien que vive en Cuba y no es legalmente cubano.

A Pablo le gusta decir que nació en Argentina de casualidad.

“Yo me siento cubano, mis padres son de aquí y yo siento que también soy cubano”.

Ahora es un modelo internacional con apariciones en revistas como WireMag Noise, Instinct y DNA; videos virales en Youtube con millones de vistas y una activa red de fans que siguen sus presentaciones en todo el mundo, principalmente en Latinoamérica.

En el 2012 con solo 24 años y a través de sus propios fanáticos Pablo escuchó que el diseñador de la marca Andrew Christian, de ropa interior para hombres, estaba interesado en trabajar con él.

“Ahora ya son 5 años trabajando para Andrew Christian y cada día es una aventura con ellos. Sesiones fotográficas, eventos, videos. Claro que tengo mis proyectos independientes y Cuba está entre ellos.” explica.

Pablo viene a Cuba desde que tenía 6 años y, según dice, todos los recuerdos que tiene de su niñez en la Isla son buenos. Aunque hubo un período de casi 15 años que dejó de venir, por cuestiones de estudio y posteriormente de trabajo.

Sus amigos de aquí y los que viajaban a Estados Unidos le contaban lo que sucedía. Ellos le hablaban de que en Cuba había mucha homofobia, y teniendo en cuenta que él es gay, el asunto le preocupaba un poco.

A pesar de las advertencias de sus conocidos hace alrededor de un año decidió venir y comprobar cómo y cuánto había cambiado el país en el que nacieron sus padres.

“Lo que más me impactó, para empezar, fue que hubiese wifi”—se ríe— “pero también que hubiese playas y fiestas gays. Y no pude evitar pensar: esto es muy diferente a lo que recuerdo y sobre todo a lo se cuenta allá”.

Pablo tiene mucha familia en Cuba, más que en Estados Unidos. Y después que comenzaran los vuelos directos del país norteamericano a La Habana, casi siempre está en la Isla. Ayuda a su tía que tiene un negocio de renta.

Aquí lleva una vida muy sana: se levanta temprano, va al gimnasio, no está conectado al teléfono todo el día y eso le ayuda mucho, sobre todo a combatir la ansiedad.

Foto cortesía del entrevistado

Esto es precisamente lo que Pablo extraña de Cuba cuando no está en la Isla. La rutina que se ha creado. “También extraño mucho a mi familia”.

“Cuba me ha curado. Me ha salvado la vida. Me ha sanado los nervios, el estrés. A veces me preguntan qué sería lo peor que me podría suceder, y yo siempre digo: que por alguna razón no pudiera regresar. Todos sabemos que ahora las relaciones entre EE.UU. y Cuba están todo el tiempo cambiando, un día te dejas venir y el otro no se sabe.

Estar en Cuba para él es algo complicado porque Pablo no posee residencia. Tiene visa de extranjero, así que debe salir cada 30 días o pedir una prórroga para poder permanecer en territorio nacional.

Y aunque le guste mucho estar aquí no puede evitar ver muchas diferencias entre su vida en Cuba y su vida en EE.UU. sobre todo en la forma que la sociedad interactúa con las personas LGBTIQ.

“Creo que una de las diferencias más tristes es el momento de salir del clóset. He conocido muy pocos gays en Cuba que son aceptados por su familia. Aunque en Estados Unidos también pasa, sobre todo en el interior del país, creo que aquí el mayor problema con las personas LGBTIQ es la aceptación”, explica.

“También está el matrimonio entre personas del mismo sexo que aún no es. Yo quisiera ver esos cambios aquí”, agrega.

Recientemente recibió una carta de un niño norteamericano, hijo de latinos, de solo 13 años que le contaba como el hecho de que él fuera tan abierto con su sexualidad en las redes sociales lo había inspirado a salir del clóset con su familia.

Este tipo de cosas lo inspiran a seguir con su trabajo. Él a esa edad trató de suicidarse porque no comprendía que era ser gay. “Me alegra que estemos viviendo en un tiempo donde exista cada vez más aceptación. Me alegra poder ser parte de ese cambio y ayudar”, confiesa.

La primera presentación que el joven modelo tuvo en Latinoamérica casualmente fue el pasado enero aquí en La Habana, cuando fue contratado como animador por “El divino”, un proyecto local que realiza fiestas para personas LGBTIQ, para un show que incluía a las transformistas Cynthia Lee Fontaine y Valentina, ambas de la 9na temporada del mundialmente conocido reality show Rupaul’s Drag Race.

“Ese ha sido de mis trabajos preferidos. No solo por el hecho de trabajar con estrellas internacionales, sino por hacerlo aquí en Cuba. Ellas se quedaron en casa de mi tía y fue muy interesante ver la reacción de la gente del barrio cuando salían transformadas de la casa. Sin dudas Cuba ha cambiado mucho”.

Foto cortesía del entrevistado