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Cárceles en Holanda: Pan y agua o pantalla plana y sala de baño

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Si las cárceles holandesas parecen hoteles, entonces las prisiones escandinavas son lujosos centros turísticos de primera clase. Pero, ¿qué resulta más efectivo como castigo: pan y agua o pantalla plana y clases de cocina?

Los criminales deben recibir un duro castigo, esa es una concepción corriente a la que también adhiere el futuro gobierno holandés, formado por los partidos VVD, liberal, y CDA, democristiano, con el apoyo del ultraderechista PVV. El nuevo gabinete quiere introducir penas mínimas para los reincidentes, aplicar la legislación para adultos en jóvenes a partir de los 16 años y penas más severas para el narcotráfico y casos de violencia contra las autoridades. La pregunta de cómo rehabilitar al recluso para una vida sin delincuencia fuera de la cárcel es cada vez menos relevante.

“Tratamiento blando”
Esta tendencia comenzó hace tiempo. En los últimos diez años, la política holandesa sobre el régimen penitenciario se fue haciendo cada vez más austera. Se restringieron actividades como las de educación y capacitación y la pena de reclusión es aplicada con creciente frecuencia. Se acabó el “tratamiento blando”. Sin embargo, las cifras de reincidencia en Holanda no han disminuido: casi tres cuartos de los detenidos vuelve a incurrir en la delincuencia en los primeros siete años y termina nuevamente en la cárcel.

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Por más vigencia que tenga el cliché, las cárceles holandesas no son hoteles. La mayor parte de la actividad diurna se dedica al trabajo (obligatorio). Se trata generalmente de la fabricación de objetos como pinzas para la ropa, empaquetado de tornillos o armado de lámparas para niños. Con lo que perciben por estas labores (75 centavos la hora), los detenidos pueden alquilar un televisor o un ventilador, o comprar papas fritas y coca-cola en la tienda de la prisión. Un recluso tiene derecho a una hora de salida al aire libre y a practicar deportes dos veces por semana. La comida se consume en la celda: el almuerzo es un plato precocinado (calentado en el microondas). El desayuno y la cena son comidas frugales con bocadillos.

Envidia
Los países escandinavos despiertan un cierto sentimiento de envidia en Holanda. En Escandinavia, las cifras de reincidencia son mucho más bajas como así también el número de reclusos. En Holanda, 100 de cada 100.000 habitantes está en la cárcel; las cifras para Dinamarca (63), Noruega (69) y Finlandia (74) son mucho más bajas. Y justamente en Escandinavia se enfatiza durante décadas el beneficio del “tratamiento blando”, más humano. Los europeos del Norte no creen en las ventajas de un sistema carcelario represivo. También se dedica mucha atención a las penas alternativas (trabajo comunitario obligatorio o tratamientos de desintoxicación obligatorios para los drogadictos) en lugar de penas de prisión, y se otorga la libertad condicional en relativamente un breve tiempo.

Ventanas sin rejas
La institución penitenciaria ejemplar para Escandinavia es la cárcel de Halden Fengsel, inaugurada en mayo, el centro de detención más humano del mundo. Hay más de 250 celdas provistas de televisor de pantalla plana, un cómodo sofá, sala de baño y un mini-refrigerador. Las ventanas verticales carecen de rejas para permitir el ingreso de más luz solar, y cada diez celdas se encuentra un salón comunitario donde los presos pueden recibir clases de cocina.

Clase de música
En el terreno, en el medio de un bosque, se encuentra una vivienda separada, con dos dormitorios, donde los reclusos pueden alojarse cuando reciben visitas de familiares. Hay un estudio donde se dictan clases de música y para mantener flexibles los músculos, hay un gigantesco muro para escalar. Los muros exteriores de la prisión, de 6 metros de altura, están camuflados detrás de arboledas por lo que prácticamente quedan ocultos a la vista de los detenidos. Los guardias carceleros no portan armas y los presos pueden rellenar formularios con sugerencias para mejorar aún más la vida en la prisión.

Lujoso centro de vacaciones
La comparación con un lujoso centro de vacaciones surge de inmediato. ¿Es la prisión de Halden Fengsel el lugar idóneo para encerrar a violadores y asesinos? El director Are Hoidal piensa que sí: “Si los presos son tratados de manera humanitaria tienen más probabilidades de integrarse más tarde en la sociedad. Queremos ofrecerles una nueva oportunidad brindándoles posibilidades de formación y trabajo, de modo que cuando salgan en libertad, sean mejores personas.” Los noruegos, en todo caso, pueden vanagloriarse de sus bajísimas cifras de reincidencia: el 20 por ciento de los presos noruegos vuelve a caer entre rejas en el período de dos años. En otros países europeos y en Estados Unidos, ese porcentaje supera el 50 por ciento.

Pan y agua
¿Se debe preferir entonces la televisión plana y la sala de baño a un régimen de pan y agua? Eso parece, sobre todo considerando las cifras de los Estados Unidos, el país con el mayor número de personas encarceladas, en el mundo. Casi 2,5 millones de norteamericanos están en prisión (más de 750 de cada 100.000 habitantes). La mitad de los reclusos está detenido por un delito no violento. Las prisiones son sobrias y la política es severa y a pesar de ello, dos tercios de los presos que salen en libertad vuelven a recaer en el delito.

Sobriedad americana
Los criminales más peligrosos en Estados Unidos son encarcelados en las así llamadas instituciones supermax, que se encuentran en prácticamente todos los estados. La más conocida (y estricta) es la “Administrative Maximum Facility, ADX, en Colorado. Más de 400 presos encerrados 23 horas al día en su celda que cuenta con mínimas facilidades: una mesa de cemento, una silla, una cama y un retrete. Desde las altas ventanas sólo se puede ver el cielo, de modo que el recluso no tiene idea del lugar en que se encuentra. Una hora al día se les lleva a un espacio abierto, descrito como una piscina vacía, esposados de pies y manos. El contacto con el personal de la prisión es mínimo y con los otros presos o con el mundo exterior es prácticamente imposible. 

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