Cierre de frontera dificulta la vida a los jóvenes venezolanos

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Llevar a casa a la novia, asistir a clases nocturnas o compartir una pizza con amigos se hizo súbitamente difícil este agosto para los jóvenes en la frontera entre Colombia y Venezuela.

Caracas dispuso el pasado día 11 cerrar su frontera con Colombia durante la noche. Entre las 22.00 horas y las 05.00 de la mañana quedará cerrrado el tránsito de personas y vehículos, embarcaciones o mercancías. Los camiones no podrán circular en los municipios fronterizos desde las 18.00 horas.

El objetivo es combatir el así llamado “contrabando de extracción”, de productos subsidiados (gasolina, alimentos, medicinas) que se venden a precios irrisorios en Venezuela y su elevada demanda en Colombia, proporciona grandes ganancias a grupos e individuos contrabandistas.

La frontera mide 2.219 kilómetros, en su mayor parte parajes semidesérticos, selváticos o de recias llanuras y montañas, con unos pocos pasos carreteros entre los que destaca el de las ciudades de Cúcuta (noreste de Colombia) y San Antonio-San Cristóbal (suroeste de Venezuela).

Separadas por el casi seco río Táchira, traspasado por un angosto puente de apenas 200 metros de longitud, Cúcuta alberga un millón de habitantes, San Antonio apenas 100.000 habitantes.

“Estudiantes del lado venezolano van a las universidades de Cúcuta o la vecina Pamplona a cursar idiomas, arquitectura, comunicación. La situación económica ya es una barrera, ahora les ponen otra al cerrar la frontera”, dice a RNW José Luis Guerrero, 26 años, concejal en San Antonio.

Luisa Mercedes (21), venezolana de San Antonio, fue a estudiar inglés en Cúcuta. Allí se hizo novia de Asdrúbal (23), estudiante de Ingeniería, colombiano aunque con cédula (DNI) venezolana. En la región, ente 10 y 20 por ciento de la población tiene doble nacionalidad.

Asdrúbal acompaña a Luisa Mercedes cuando vuelve a casa y los efectivos de la Guardia Nacional de Venezuela le han permitido que regrese a Cúcuta aún tras la hora límite, “pero dependo de la discrecionalidad de cada guardia. Este cierre de frontera cambia el horario de nuestra relación, y espero que no cambie la relación por completo”, dijo por teléfono a RNW.

En grupo, jóvenes de Cúcuta llegan en cuestión de 15 minutos a San Antonio para comer hamburguesas, unas arepas (el bollo de maíz básico en la dieta binacional) o compartir unas pizzas, que en el lado venezolano son tres veces más baratas, por el diferencial de las monedas.

“Ahora eso cambió, negocios nuestros están palo abajo porque los muchachos ya no vienen como antes del cierre” de la frontera, nos confió un comerciante.

El cierre se ha acompañado de “operativos”, batidas de las fuerzas militares venezolanas contra almacenes y transportes de contrabandistas. El gobierno ordenó desplegar 17.000 militares para vigilar la frontera. Seiscientas personas han sido detenidas en dos semanas. A diario se muestran bultos de comida o bidones de combustible incautados. Un oficial del ejército murió el día 22 en un tiroteo con una banda dedicada al contrabando.

Reclutamiento de contrabandistas

Esa realidad, se mantiene como un imán poderoso para quienes franquean la legalidad y, de nuevo, se afectan los jóvenes:

A lo largo de toda la frontera hay 8.000 escuelas, un campo donde los contrabandistas adquieren nuevos reclutas. Miles de muchachos abandonan los estudios en la secundaria para dedicarse a esa actividad y luego a otros ilícitos”, dijo Javier Tarazona, presidente del Colegio de Profesores del estado de Táchira, en el fronterizo suroeste venezolano.

Jóvenes son muchos de quienes llevan las mercaderías a cruzar la frontera, de quienes las ofrecen en Cúcuta, de quienes venden gasolina en bidones a orillas de calles y caminos en Colombia, de quienes e en plena calle cambian fardos de bolívares por unos pocos pesos.

Sonia Zambrano, 19 años, con la secundaria recién terminada, opina desde San Cristóbal: “¿Dedicarnos a contrabandear? ¡Qué va! Lo nuestro es seguir estudiando, pero vamos a irnos lejos si no mejora la vida económica y se crean buenas fuentes de trabajo. El contrabando no nos sirve, pero lo que están haciendo, al cerrar la frontera, pues tampoco”, remató.

¿Por qué ha sido tan buen negocio este contrabando?

Porque un litro de gasolina en Venezuela cuesta centavo y medio, 0,015 dólares, y en Colombia vale 1,10 dólares. Ese diferencial ofrece márgenes de ganancia muy superiores incluso a los del tráfico de drogas.

Un paquete de harina, de leche en polvo o de arroz, uno de papel sanitario, un dentífrico o una bolsa de jabón cuestan en el lado colombiano tres, siete, diez o doce veces más que en el venezolano.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el bolívar venezolano fue una moneda muy fuerte frente al peso colombiano y las familias de la frontera se abastecían en ciudades como Cúcuta; en las riberas del binacional río Arauca en las llanuras del Orinoco; o en la desértica península de la Guajira, al norte, asiento de la etnia wayúu.

Ahora la situación es inversa y a una escala gigantesca: el presidente venezolano Nicolás Maduro dijo que 40 por ciento de los alimentos que van al occidente del país pasan de contrabando a Colombia, y su ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, ha estimado en 25.000 barriles diarios el combustible que se fuga de contrabando a países vecinos. Sólo en gasolina se van más de tres millones de dólares diarios, más de mil millones al año.

El área de las medicinas tiene facetas atroces: como ambos Estados subsidian o regalan medicamentos costosos a pacientes con cáncer o VIH/sida, por ejemplo, mafias contrabandistas consiguen los productos en Venezuela, donde escasean, los re-etiquetan en la frontera, los venden a distribuidores en Colombia y éstos cobran a Bogotá sumas elevadas por productos obtenidos a bajo costo en Caracas, según reveló un reportaje de la revista colombiana Semana.

Maduro se reunió el 1 de agosto con su par colombiano Juan Manuel Santos y pactaron algunas medidas frente al contrabando, cuya competencia desleal afecta a la industria colombiana. El cierre de la frontera, informó el gobierno de Bogotá, fue una medida unilateral venezolana. 

Economistas como Luis Vicente León, de la firma Datanálisis, son escépticos ante el cierre nocturno: “No hay contrabando porque la frontera está abierta en la noche, sino por la política económica, la distorsión cambiaria y de precios. Si se resuelven se detendrá el contrabando, pero si un litro de leche, aceite o gasolina se vende en Venezuela a un precio absurdo, el contrabando pasará a Colombia de desayuno, almuerzo o cena", dijo a RNW.

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Humberto Márquez, periodista venezolano.

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