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Cuba: Disculpa a los emigrados involuntarios

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“(…) ¿Tú piensas que me voy porque yo quiero? ¿No te das cuenta que no me queda otra cosa que hacer, que no puedo hacer otra cosa? (…)” Diego (Fresa y Chocolate)

Al final de la película Fresa y Chocolate, el personaje tiene que irse de un país al que quiere pero en el que no tiene futuro alguno, tiene que dejar todo atrás y comenzar de cero en otro lugar aunque nunca tuvo espíritu de emigrante.

Y hace todo eso con el dolor del marginado, el excluido, al que las circunstancias le han arrancado un pedazo y sabe que siempre va a extrañar su tierra.

De Cuba se han marchado muchas personas después del triunfo de la Revolución, por las más distintas (y legítimas) razones han abandonado su tierra y han salido en busca de una mejoría económica, reunificación familiar o un sistema político de su preferencia, pero la mayoría han optado por este camino voluntariamente. Hoy pienso en los que se marcharon por no tener otra opción.

La Revolución implicó un proyecto unitario que acertó en muchísimas medidas de bien público que (aunque hoy las demos por sentadas) significaron un salto enorme en la calidad de vida del pueblo. Pero en este camino no estuvimos exentos de cometer más de un error y desde el inicio quedó claro que éramos susceptibles a esos deslices en nombre de la Revolución. Desde entonces esta ha cargado con la culpa de todos los errores humanos en su construcción.

Para ser justos, en la historia de los últimos 50 años nuestros desaciertos no fueron los únicos, si vimos con ojeriza a los cristianos fue porque la casi totalidad del movimiento comunista lo hacía así. Por otra parte, algunos segmentos del mundo católico también conspiraron contra el joven proyecto desde su nacimiento. Así que la predisposición, aparte de ser heredada, estaba justificada por la realidad. Por suerte ahora el contexto es otro.

Si asumimos la homosexualidad como una enfermedad fue porque el resto de la comunidad internacional lo hizo hasta finales del siglo XX, además de que esta concepción era compartida por gran parte de la sociedad cubana. Cuando se condenaba a “los enfermitos” en el Primer Congreso de Educación y Cultura en el 1971, en este se encontraban más de mil representantes de todos los estratos de nuestra sociedad.

Si Pablo Milanés fue a parar a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los rockeros eran mal vistos, o la música en inglés resultaba un “diversionismo ideológico”, fue producto de un concepto muy estrecho sobre cómo debía ser un revolucionario. Esto, sumado a otras importaciones ideológicas y nuestros propios prejuicios, fueron caldo de cultivo para más de un error.

En fin, cada equivocación nuestra esconde tras sí gente que sufrió por ello, que fue marginada y excluida, que de haber nacido hoy estarían perfectamente insertados en la sociedad cubana pero que fueron también víctimas de las circunstancias históricas.

Entre estos estuvo el que resistió, tiene razón el personaje de la película cuando dice: “(…) formo parte de este país aunque no les guste y tengo derecho a hacer cosas por él, de aquí no me voy a ir ni aunque me den candela por el culo, sin mí, coño, le faltaría un pedazo (…)” Al final Diego escoge marcharse, como hicieron muchos que sufrieron estos errores y cayeron víctimas de algunas miserias humanas. Quizás aún nos siga faltando ese pedazo.

Lo que es peor, ellos nunca han recibido una disculpa. Así que hoy me disculpo a nombre de mi Revolución por los errores cometidos en su nombre, por la imperfección de la naturaleza humana, y lamento profundamente que ustedes hayan tenido que sufrir las consecuencias por ello.

Espero que al final de esta película que todos vivimos, no prefieran el camino del resentimiento o la amargura y puedan perdonarnos. Quizás así recobremos ese pedazo, Diego pueda regresar a Cuba, y podamos dejar el pasado atrás.

Tomado del Web-Blog Cubano ( www.cubano1erplano.com

* Harold Cárdenas Lema, profesor de Filosofía en la Universidad de Matanzas, Cuba. Aspirante a doctor en Ciencias Filosóficas, investiga fenómenos sociopolíticos y culturales de su país. Bloguero desde hace más de dos años con el blog conocido como La Joven Cuba, en el que sus autores tratan de matizar un poco la realidad cubana en un contexto que se caracteriza por las manipulaciones y los intereses espurios. Es, como dice su blog, "un joven universitario que opina sobre la realidad nacional".

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