Del erotismo al deporte

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“El pole dance no es un streptease, es una manifestación artística, tú ves algunos vídeos y la verdad impresiona la agilidad, la fuerza, la flexibilidad que tienen algunos en el tubo, a pesar de demostraciones como esas, la gente es muy prejuiciosa”, afirma Alexandra Salas, joven de 18 años que desde hace dos meses entrena su cuerpo por medio del pole.

Existen divergencias a la hora de hablar del nacimiento del pole dance, unos afirman que nació en Inglaterra, mientras que otros afirman que fue en Canadá. Una de las historias cuenta que este baile, en principio erótico, se vio por primera vez en la carpas de los militares; mujeres que llegaban y bailaban justo en el centro de la casa provisional, donde un tubo mantenía la estructura en pie.

Hoy en día el pole dance da para mucho, alejándonos de cabarets o bares de streptease. Se ha convertido incluso en un arte escénico en algunos de los circos más reconocidos del mundo como es el “Cirque du Soleil”. Por su demanda física provee de ejercicio aeróbico y anaeróbico, en parte por ello algunas escuelas de gimnasia en el mundo lo han incluido en sus prácticas.

Otro de los usos actuales del pole dance, es una variante llamada pole fitness, que utiliza los recursos del pole dance con el fin de mejorar el físico; para mantener tu cuerpo, para tonificarlo, para estar “a la línea”.

Resistencia, fuerza y tonificación muscular

“En el mundo hay miles de academias, en cada ciudad que tú vayas encontrarás una academia de pole”, afirma Carolina Daboin, venezolana, instructora de pole fitness.

Ella lleva tres años y medio practicando el pole y nos cuenta cómo en sus inicios también fue presa del tabú de bailar con un tubo. “La primera vez que lo vi, fue en Inglaterra en un gimnasio, me llamó la atención pero por prejuicios, no me metí, mi mente no lo aceptaba. Sin embargo, me interesé mucho e investigué y me di cuenta de que había competencias nacionales e internacionales. Fue entonces cuando lo empecé a practicar”.

Hoy en día, Carolina dirige una academia de pole en la ciudad de Maracaibo, al occidente de Venezuela. Ofrece clases por grupos y atiende desde niñas de siete años de edad hasta mujeres adultas. “Lo único que necesitas para practicar son las ganas, no necesitas ningún requisito en especifico, ya que trabajas con tu peso y tu fuerza. Aquí en la academia hay alumnas con sobrepeso que tienen una fuerza y elasticidad impresionantes; mientras que hay otras que llegan con cuerpos tonificados pero que no tienen nada de fuerza”, nos cuenta.

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Las clases tienen una hora de duración y se dividen generalmente en tres partes: Resistencia, flexibilidad y figura. Según datos recogidos por medidores, en una de estas clases se pueden llegar a quemar entre 500 y 700 calorías, dependiendo de la intensidad que se tenga en la misma.

Por último, Daboin nos dice que el pole no es discriminatorio y está abierto a mujeres y hombres, “los hombres tienen más capacidades físicas, léase fuerza y resistencia que una mujer; los trucos y figuras que pueden llegar a hacer los hombres, una mujer quizás tenga que trabajarlos hasta tres veces más”.

Los usos que se le dan al pole dance son variados, asociarlo únicamente como un baile erótico sería un error, es una práctica que crece pujante en el mundo, y en los últimos tres años de manera especial en países de América Latina como Venezuela, donde incluso disfruta de una organización nacional llamada Pole Dance Venezuela.

¿Un baile, una representación artística o un ejercicio? En cualquiera de estas tres categorías entra el baile del tubo. A pesar de los prejuicios sociales, sus figuras dejan boquiabierto a más de uno, no solo por la belleza reflejada en ellas, sino también por las capacidades físicas extremas que adquieren los practicantes de Pole.

Escuche aquí la entrevista para El Toque 

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Pablo Hernández. Periodista venezolano.

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