‘Esperpento’ español contra Baltasar Garzón

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El Consejo General del Poder Judicial ha iniciado un procedimiento con el objetivo de suspender al juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, por causas que se han abierto en su contra.

 
 
España es la cuna del ‘esperpento’: un género literario que, según explica la Real Academia de la Lengua, “deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos”.
 
Pues ahora mismo, posiblemente para evitar que decaigan las tradiciones, los máximos dirigentes de la judicatura en España están ofreciendo al mundo un perfecto ejemplo de esperpento.
 
[related-articles]En un procedimiento absurdo y grotesco, deformando la realidad hasta el punto de saltarse a la torera, muy español también eso, sus propias reglas, el Consejo General del Poder Judicial quiere suspender al juez Baltasar Garzón. Es decir, apartar de su trabajo, aunque sea temporalmente, al juez que mandó arrestar al dictador Pinochet.
 
Desde luego que no es lo único que ha hecho el juez Garzón, quien, recientemente, destapó una trama de corrupción en el principal partido de la oposición, los conservadores del Partido Popular. Con el dinero de los contribuyentes adjudicaban ricos contratos a sus amigos; un “todo vale” que incluso alcanzaba la organización de una visita del Papa a España. Paralelamente, en otro caso, el juez intentó investigar crímenes cometidos por la dictadura de Franco, que dejó miles de “desaparecidos” entre sus adversarios, asesinándolos y enterrándolos en las cunetas de los caminos durante la guerra civil. A nadie le extraña que los conservadores no le perdonan a Garzón ni lo uno ni lo otro.
 
Aún más extraño es que tampoco le perdonen sus ex-compañeros del partido socialista español. “Ex compañeros” en el sentido de que Garzón desempeñó un alto cargo en un Gobierno socialista anterior, para posteriormente regresar a la carrera judicial y amargarles la vida con procesos por abuso de poder, sobretodo en los ministerios de Justicia y de Interior. Algunos y algunas rivales de Garzón de aquella época se sientan hoy en el Consejo General del Poder Judicial, lo cual explica parte del esperpento que España está viviendo ahora.
 
La otra parte de esta “realidad absurda” tiene su origen en cuestiones que superan los límites de los odios personales y de una época más alejada: la famosa Transición Española, cuando se pasó de la dictadura a la democracia. Para conservar la ‘santa paz’ en casa, España decidió que no habría venganzas, ni apenas limpiezas en el aparato del Estado, sobretodo en la judicatura, donde no hubo “borrón y cuenta nueva” y los jueces seguían siendo los que Franco había nombrado y, en buena parte, son ahora los sucesores que esos jueces conservadores han promovido a los mejores cargos en su profesión. Es decir que la judicatura española es, y quiere seguir siéndolo, mucho más conservadora que la sociedad a la que debe servir. Por ejemplo, bloqueando el ascenso de jueces progresistas o que no son “controlables” por los conservadores.
 
Y aquí tenemos a Garzón, quien, a pesar de sus defectos (que los tiene: le gusta demasiado su status de ‘juez estrella’) es claramente el mejor candidato para presidir el tribunal donde trabaja desde hace años, la Audiencia Nacional. O quizás deberíamos decir “era” el mejor candidato, porque todo este esperpento que hoy se está viendo, tiene el clarísimo objetivo de impedir la promoción de Garzón.
 
Acabo de escuchar al presidente del Parlamento español, José Bono, quien calificó de insostenible esta caza de brujas contra Garzón. Tiene razón, ya que se basa en una acusación de una persona privada en la extrema derecha española, quien afirma, contradiciendo la opinión de los fiscales del Estado, que Garzón no tenía derecho a abrir el caso de las desapariciones de la época franquista.
 
Y luego añade otra acusación, dudosa pero muy al gusto del momento, según la cual el juez había cerrado un proceso contra el prepotente banquero Emilio Botín, del Banco de Santander, unos meses después de que el mismo banco patrocinara un evento cultural en Nueva York protagonizado por Garzón.
 
Dicho así, suena mucho peor que la simple realidad. En un seminario al que logró que asistieran personalidades norteamericanas de primer orden, Garzón dictó unas conferencias sobre la acción judicial contra el terrorismo. Pese a que la reunión era muy favorable para la reputación de España en los medios jurídicos internacionales, el Gobierno de Madrid no podía financiar el seminario. Así que se resolvió, como es normal en Estados Unidos, acudiendo a un patrocinador, en este caso, el banco.
 
Unos meses después llegó a su fin el larguísimo trámite de un pleito en España contra el banquero Botín, quien evidentemente disponía del mejor equipo de abogados que, con dinero, se puede contratar, y había reunido todos los argumentos necesarios para que el caso fuese cerrado. Así lo hizo Garzón, y, en su momento, a nadie le pareció mal. Pero ahora sirve como excusa añadida para que el Consejo General del Poder Judicial se dé el gusto de suspender a Garzón.
 
Hasta ahora, esta medida nunca se había tomado contra un juez basándose exclusivamente en acusaciones privadas que no han conducido a una condena. Por el contrario, todo indica que la sentencia, en los dos casos, acabará por dar la razón a Garzón. Sin embargo, el Consejo General tiene prisas por apartar de su trabajo al ‘juez estrella’. No vaya a ser que lo haga tan bien, que éste acabe presidiendo el mismo consejo.

 

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