"Guerrilleros, luchamos por el pueblo"

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Esta semana comenzó el proceso de desmovilización de los grupos de autodefensa en el estado mexicano de Michoacán. Nadie sabe el número exacto de vigilantes, ni cuántas armas tienen, ni si realmente cumplirán con la voluntad del gobierno. Entre sus rangos, hay muchos jóvenes que voluntariamente se unieron. Uno de ellos es Adolfo Silva.

Por Jan-Albert Hootsen

Cambió la calle por la guerrilla, o por lo menos así lo ve él. Donde creció, se lo pasó rodeado por pandillas, droga y la vida callejera. Ahora está en su tierra natal, y otra vez se rodea de violencia. Pero esta vez pelea al lado de los buenos, dice, “para expulsar a los malos y liberar a su pueblo”. Silva tiene 20 años, y es integrante de los Grupos de autodefensa en el estado mexicano de Michoacán.

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Adolfo creció en Santa Ana, ciudad en el condado de Orange County, California. Era uno de los muchos hijos de migrantes mexicanos en Estados Unidos, donde reside una comunidad importante de michoacanos. Tiene una niña de 2 años, pero se metió en líos, traficando marihuana y metanfetamina. Cuando la policía lo descubrió, Adolfo decidió no esperar su juicio y viajó a su tierra natal: la Tierra Caliente de Michoacán, una región calurosa y fértil, hogar de ganaderos y limoneros.

“La vida es dura en California”, dice. Habla un inglés lento y monótono, trae el típico acento de un chicano, un mexicano de Los Ángeles. “Yo me metía en problemas, como muchos "homies", ahí me junté a veces con la gente equivocada.

Hay mucha pandilla ahí, mucha violencia. Por eso decidí regresarme voluntariamente a Michoacán. Tampoco es fácil aquí. Extraño a mi hija y a mi familia, pero puedo hacer algo bueno, algo por mi gente”.

Ocupa con decenas de otros jóvenes una trinchera en los alrededores de Nueva Italia, una ciudad no muy lejos de Apatzingán, la cual es la localidad más importante de la Tierra Caliente. Las trincheras son puntos de control improvisados, hechos de arena y con carpas rudimentarias para protegerles a sus ocupantes del sol. Muchos son de Orange County, como Adolfo, y vigilan la carretera de entrada al pueblo. Paran y revisan coches, en búsqueda de delincuentes. Traen armas; rifles AR-15, pistolas y, como Adolfo, cuernos de chivo (Kalashnikovs AK-47).

“La mera neta es emocionante estar aquí”, dice Adolfo. “Es como estar en una película. Hacemos cosas que en los Estados Unidos sólo podemos ver en el cine. Somos guerrilleros, peleando por el bien del pueblo”.

Cuando llegó, el estado justamente estaba bajo el yugo de los Caballeros Templarios, una violenta organización delictiva con miles de miembros. Ese cártel de drogas, que nació de las cenizas del ya desaparecido cártel de la Familia Michoacana, en los últimos años se ha adueñado de las rutas pacíficas del narcotráfico en el estado, las cuales valen miles de millones de dólares. Pero más allá del tráfico de estupefacientes como marihuana, heroína y metanfetamina, los Templarios se convirtieron en una verdadera mafia, dedicada a la extorsión de casi cada aspecto de la vida económica en Michoacán. Cobran piso a los limoneros, los aguacateros, contrabandean mineral de hierro.

“Estaba horrible entonces”, dice Adolfo. “Esa gente, los Templarios, tenían el control completo. Mataron a mucha gente, secuestraron a niñas adolescentes. No entendemos quiénes son, o por qué son tan violentos”.Fue en febrero de 2013 cuando los habitantes de la Tierra Caliente ya no aguantaban más. Pequeños grupos se juntaron y formaron los llamados Grupos de Autodefensa, vigilantes con viejos rifles de caza y pistolas, y empezaron expulsando a los Templarios de sus comunidades.

En menos de un año crecieron exponencialmente, obtuvieron armas pesadas como rifles AK-47 y AR-15 y, junto con las fuerzas federales, 'reconquistaron' la región, municipio por municipio. Ahora la mayoría de los líderes templarios ha muerto y otros han sido arrestados. Las Autodefensas, al parecer, están por ganar la Guerrilla de Michoacán.

El mismo Adolfo participó en la 'Batalla de Nueva Italia' en enero, cuando cientos de autodefensas entraron a la entonces todavía fortaleza de los Templarios. Hubo un breve pero intenso intercambio de disparos, que cobró la vida a uno de sus compañeros. Con el éxito que han tenido él y sus compañeros, Adolfo está determinado a expulsarles a los Templarios de todo el estado de Michoacán.

“Es la única razón por la que peleamos. Hay que limpiar el estado de la delincuencia, hay que restaurar la paz en Michoacán. La gente pide nuestra ayuda, están contando con nosotros”.

Esta semana el gobierno federal empezó con el proceso de registración de los armas de los Autodefensas. Los vigilantes tienen hasta el 10 de Mayo para registrarse. Los que quieren, se pueden unir con el cuerpo de la Policía Rural, una propuesta del gobierno para ofrecer a los autodefensas que sigan participando en la 'limpieza' de su estado. Los que no lo quieren, tendrán que desarmarse.

Adolfo aún no sabe si se quiere meter en la policía rural. “Tenemos respeto a los militares y la policía federal, colaboramos con ellos en los intentos de arrestar a miembros de los Templarios. Sólo que el trabajo todavía no ha terminado. No podemos terminar hasta que el último Templario se haya ido del estado. Es una guerrilla, una batalla por el pueblo. Al final, el bienestar de mi gente es lo único que realmente cuenta”.

 

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