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Las reinas del narco

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Guapas, jóvenes y peligrosas: cada vez son más las mujeres que se suman a los cárteles para conseguir dinero y poder.

Un reportaje de Isabel Caro y Marta Garrido

“Se baja una bella dama, con cuerno y camuflajeada. De inmediato el festejado supo de quién se trataba, era la famosa reina del pacífico y sus playas. Esa grande del negocio, una dama muy pesada…” Así describe el grupo mexicano Los Tigres del Norte a la narcotraficante mexicana Sandra Avila Beltrán, también conocida como “la Reina del Pacífico”.

Ávila Beltrán nació en una familia de narcotraficantes en el estado de Sinaloa y fue una de las narcos más poderosas de la última década. Guapa, joven y peligrosa, Sandra Ávila aparece como la nueva ´heroína´ mexicana, protagonista de este narcocorrido de Los Tigres del Norte e incluso de una telenovela y un libro inspirados en su persona.

Pero Sandra no es la única. El poder de la mujer es cada vez más visible en el mundo de los narcos y en la última década, las mujeres han pasado a ocupar puestos relevantes en los cárteles mexicanos. Bien como “halcones”, alertando de la llegada de los militares o la policía a la zona de los intercambios de drogas o como “mulas”, transportando la droga. Incluso desde hace aproximadamente dos años, algunas mujeres ejercen como sicarias.

Compañeras y jefas
Esta nueva estrategia de los cárteles mexicanos se debe a dos razones: por un lado, cubrir las vacantes de los hombres caídos y, por otro, despistar a la policía. Según Arturo Santamaría, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, “la relación entre mujeres y narco se ha agudizado en los últimos diez años, y ahora estas mujeres están relevando a miles de hombres caídos en la llamada guerra del narcotráfico”. Pero ellas no sólo los acompañan, sino que “se están convirtiendo en mujeres que dirigen el tráfico, el secuestro e incluso escuadrones de ejecución, es decir, están actuando como sicarias”, asegura Santamaría. “Esto se ha hecho más complejo entonces. Ya no son sólo mujeres trofeo sino jefas también del narco.” El ejemplo más claro son Las Panteras, el brazo femenino del cártel de Los Zetas.

“Incluir mujeres en los trabajos de los narcos despista a la policía”, aseguró a Radio Nederland un representante de la empresa de seguridad americana Grupo Savant, que no quiso ser identificado por motivos de seguridad. El trabajo de halcones o vigilantes suele estar desempeñado por grupos de 3 ó 4 personas que van en un vehículo pesado, se establecen en puntos fijos y van armados y equipados con radios y teléfonos, según explica este representante de Savant. “Si los policías sólo ven a hombres, van a pensar inmediatamente que es un grupo de halcones y los van a revisar o atacar. Pero si ven a mujeres en el carro, por ejemplo, dos hombres y dos mujeres, entonces se rebaja la atención y pueden tener más éxito con sus trabajos y no ser detectados”, asegura.

Reinas de la belleza
“Desde los años 50 existe una larga tradición de relaciones entre reinas de la belleza mexicanas, sobre todo en los estados del norte del país, y los narcotraficantes. La relación entre el poder del dinero y la belleza es muy estrecha”, asegura Santamaría, autor del libro El culto a las reinas de Sinaloa y el poder de la belleza.

Y es que, según Santamaría, “lo que más les gusta a los narcos es conseguir mujeres bellas pero que tienen un estatus social, como puede ser el de Reinas del Carnaval o las Misses”. Actualmente, este fenómeno continúa vigente, y aunque no existen estudios oficiales que establezcan un perfil físico para las narcotraficantes, los investigadores afirman que existen rasgos comunes entre ellas. “La mayoría son atractivas y jóvenes, pues muchas tienen menos de 20 años aunque llegan hasta los 30”, explica el representante de Grupo Savant.

Sin embargo, sus condiciones sociales son bien diversas. “La mayoría no tienen educación. Algunas son amigas o novias de otros delincuentes y otras son prostitutas que han sido reclutadas como halcones o asesinas”, aseguran desde Grupo Savant. Además, según Arturo Santamaría, que recientemente investiga la relación entre las mujeres y el narco para escribir un nuevo libro, asegura que “en su mayoría son mujeres humildes de la sierra y de las zonas rurales pero también hay algunas universitarias. Incluso muchas de ellas son hijas de los narcos, es decir, son ´narco junior´, como les decimos en México”.

En su faceta más extrema, es decir, la de asesinas a sueldo, el periodista y escritor mexicano Víctor Ronquillo asegura que, incluso, algunas de estas mujeres involucradas en el sicariato son policías. “Como los hombres, se forman en las academias de policía y acceden a espacios de uso de placa y de armas, y así se convierten en una mercancía que puede ser fácilmente adquirible por el crimen organizado¨.

Dinero y poder
¿Qué impulsa a estas mujeres a pertenecer a los cárteles? Según Santamaría, “existe una importante necesidad de mantener el status, el poder por el poder” aunque por supuesto el dinero es un factor también determinante. “En México, casi todas las mujeres metidas en esto hablan de que lo hicieron por su familia, para sacar adelante a sus hijos pues la mayoría son viudas o solteras”, asegura Santamaría.

Y es que en México existen 52 millones de pobres. “Son personas que no tienen opciones de vida y así, ¿a dónde van a ir?”, dice Víctor Ronquillo, autor de la novela La Reina del Pacífico y otras mujeres del Narco. “¿Qué lleva a estas personas a despreciar la vida humana? La respuesta es simple: el hambre. Ante una realidad de pobreza, el narco les ofrece alguna posibilidad de salir adelante.”

Mito y leyenda
La leyenda y la mitificación que existe alrededor de este mundo impulsa a muchas jóvenes a soñar con convertirse en La Reina del Pacífico, pues creen que es una manera fácil de conseguir dinero y poder. Sin embargo, Ronquillo advierte: la realidad mexicana es bien diferente.

“La realidad es que muchas mujeres son convertidas en objetos de lujo y la mayoría son reducidas a ´mulas´ para el tráfico de drogas a menor escala. Es una realidad muy cruel porque todas estas mujeres son explotadas por una sociedad absolutamente machista y capitalista que le pone precio a todo, incluyendo las vidas humanas y la belleza de las mujeres”, asegura Ronquillo. Según el periodista, “en esta realidad tan injusta, las mujeres y los jóvenes son absolutamente discriminados y sufren los efectos de esa discriminación en esta realidad del narcotráfico”.

 

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