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México: Crónica de una detenida

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"La actuación de la policía mexicana en la detención de jóvenes durante las manifestaciones de protesta es arbitraria e intimidadora", relata una estudiante que fue detenida.

Por Ana de la Cruz Cortés*
 

Desde horas tempranas el caos invade la ciudad. Helicópteros rugen en el cielo, sirenas de patrullas y ambulancias resuenan y cientos de policías recorren las calles asfaltadas. Es primero de septiembre, mes patrio en México.

Se distingue que este domingo es diferente de los otros. No habrá futbol. Habrá mexicanos y mexicanas inconformes, tomando las calles, dispuestos a movilizarse para manifestar su rechazo a las recientes reformas del código constitucional.

La convocatoria, abierta a todo público, es en la explanada de la Plaza del Zócalo en la capital del país, a las 9 en punto de la mañana. Es tarde. Apresuramos el paso, caminamos por Calle Juárez, en la Alameda Poniente.

Varios elementos de la policía preventiva se dirigen hacia nosotras. “Deténganlas y revísenlas” es la orden.

Somos un grupo de cinco personas, cuatro estudiantes de la Universidad del Claustro de Sor Juana y uno de la UNAM. Nuestro único objetivo es realizar un performance a favor del derecho a la protesta, en contra de la represión policial. Cruzamos la acera al ver a un grupo de comerciantes.

Los reconozco, he trabajado con ellos. Mi compañera se interna entre los puestos, yo me percato que los demás compañeros se han adelantado, pero algo más llama mi atención.

Varios elementos de la policía preventiva se dirigen hacia nosotras. “Deténganlas y revísenlas”, es la orden. Trato de llamar a mi compañera, pero todo sucede rápido y sin más me encuentro rodeada por agentes especiales.

Un elemento femenino me empuja contra un módulo de atención turística y me jalonea. “¿Por qué me detiene oficial? No me toque de esa forma, antes se tiene que identificar”, digo tranquilamente con el fin de entender mejor la situación. “Yo soy mujer, te puedo tocar y hacer lo que yo quiera” responde la oficial sin identificarse, entre gritos de los demás elementos. “Agárrenla, qué no se eche a correr”, “la otra se fue para allá”.

Para mi buena o mala fortuna, vestía de negro y era la portadora de la utilería del performance. Entre mis cosas, todas debidamente guardadas, portaba vestuario y utilería para el acto, pero es una macana o un PR-24, como lo llaman los policías, lo que desata la tensión.

En cuanto se percatan de este objeto, la agresión se intensifica. “No, que no, ¿para qué lo llevas?”, me grita la oficial. “Para una representación” respondo.

“Ya no te hagas, espósenla y súbanla a la unidad”.

Pierdo de vista a mis compañeros, me suben a una patrulla, en ningún momento me resisto al arresto, ellos lo saben, y es por eso que no fui esposada durante el trayecto. En ningún momento me dicen hacia dónde sería el traslado.

No me entero hasta que el conductor de la unidad recibe la orden. “Me llevan a la Magdalena Contreras”, es todo lo que alcanzo a gritar antes de que se cierren las puertas y arranque la unidad.

“¿Por qué me llevan hasta allá, si me están deteniendo en el centro?”, pregunto.

Lo que yo no sabía es que mi caso ya circulaba en las redes sociales. Fue así como se logró la presión social.

“Porque allá nos están indicando y ya cálmate no estés de impertinente.” En ese momento entendí que lo mejor sería no hablar, no se fuera a malinterpretar, pues también entendí que la información y el conocimiento de cuestiones legales te da poder como ciudadano, un poder mucho más significativo que el poder físico.

Llegando al Ministerio Público número 1 de la Delegación Magdalena Contreras, me dieron a leer mis derechos, pero sin ser informada de todos los cargos que se me imputaban. Posteriormente fui aislada en una sala de seguridad.

Estando ahí perdí la noción del tiempo, las horas me parecían eternas. Desde que llegué sólo escuchaba: “Estás sola ¿Y ahora dónde están tus amigos?”, “Nadie te va a venir a buscar.” Éso no fue cierto.

Lo que yo no sabía es que mi caso ya circulaba en las redes sociales. Así fue cómo varias instancias defensoras de derechos humanos, la Liga de Abogados, entre ellos; el licenciado Jesús Robles Maloof y los medios conocieron mi caso, fue así como se logró la presión social. Horas después, familiares, amigos, colegas, conocidos y todos aquellos que se solidarizaron con la causa llegaron al MAC 1. Gracias a ellos se apresuró el proceso. Fueron también ellos quienes me dieron a conocer la noticia de los 16 compañeros detenidos, la mayoría, al igual que yo, de forma arbitraria.

Tres de ellos se encontraban en el MAC 2 de la misma delegación. Los demás dispersos en los separos de las delegaciones Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco.

Sin duda fueron momentos agobiantes y llenos de incertidumbre. Yo estuve dos días y dos noches esperando una resolución. Fue en la madrugada del tercer día, martes 3 de septiembre, que fui liberada con fianza bajo caución, es decir, el proceso legal continúa permitiéndome la libertad.

Los cargos imputados fueron: la portación, fabricación e importación de objetos aptos para agredir, así como desobediencia, resistencia de particulares y ultrajes a la autoridad, los mismos cargos que compartimos todos los detenidos.

“¿Todavía piensas seguir en lo mismo?” me preguntan. La respuesta es clara y contundente: SÍ.

Reflexionando un poco sobre todo lo sucedido, es evidente que desde hace ya algún tiempo, la criminalización de la protesta se ha intensificado, vulnerando a un sector específico: las juventudes inconformes que se atreven a protestar en contra de lo que consideran, se debe cambiar.

La violación de garantías individuales como la libertad de expresión, de libre tránsito, de reunión, por mencionar algunas, son violentadas mayoritariamente por figuras estatales y agentes del gobierno. Quienes en vez de buscar soluciones pacíficas y por la vía de lo legal, obstruyen dicho camino mediante malas prácticas políticas, represión y desinformación.

Lo que aprendí de esta experiencia es que la información nos empodera como ciudadanos. Conocer nuestros derechos y garantías ayuda a generar una conciencia crítica y analítica ante la actual situación del país, permitiéndonos tomar una postura política clara y generar acciones que motiven el cambio social.

[related-articles]Después de lo sucedido, muchos han cuestionado mi sentir político y social. “¿Todavía piensas seguir en lo mismo?”, me preguntan. La respuesta es clara y contundente: SÍ. Permaneceré firme y caminando, al lado de todos los que queremos y trabajamos dignamente por un nuevo horizonte y la regeneración social, en solidaridad con las causas que creo justas y alzando la voz ante la injusticia.

*Estudiante de la carrera de periodismo de la Universidad Claustro de Sor Juana, en Ciudad de México.

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