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¿Por qué respaldo una ley de prensa en Cuba?

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Antes de cualquier paso para cambiar la prensa en Cuba, el pilar fundamental e insoslayable de este cambio debe ser el cuerpo legal que respalde y controle el ejercicio periodístico cubano y la institución encargada de velar por su cumplimiento.

Por Alejandro Ulloa

Cambiar la prensa. Esa deberá ser la regla y no la meta. Si desde hace tiempo nuestra prensa se parece mucho y poco a la sociedad cubana –mucho, porque siempre es “relativa”; poco, porque calla demasiado– la Cuba que “actualiza” su economía y, por ende, reconfigura todo el sistema de relaciones sociales, pide a gritos un definitivo cambio en los mensajes que “pretenden” reconstruir “objetiva” y periodísticamente su realidad.

Dos puntos considero fundamentales en este cambio: la profesionalización del sector periodístico, y la reconfiguración de las rutinas productivas (simplificada y brevemente: desde los valores/noticia ponderados, la selección de los acontecimientos noticiables, las fuentes de información, etc.; los factores externos y organizativos-estructurales; las dinámicas de reconstrucción de los acontecimientos en mensajes periodísticos y su presentación a los “usuarios” (no más “público”, por favor).

Sin embargo, antes de cualquier paso en esta dirección, el pilar fundamental e insoslayable de este cambio debe ser el cuerpo legal que respalde y controle el ejercicio periodístico cubano y la institución encargada de velar por su cumplimiento.

Ejercer el periodismo amparados y dirigidos solamente por directores de medios de prensa o dirigentes partidistas (sugestionables, demasiado complacientes muchas veces con los “oídos” de sus superiores), o por las Orientaciones del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) para la Eficacia Informativa, sume a la prensa cubana en una impotencia y fragilidad creativa de gigantescas proporciones. La imposibilita, casi totalmente, de asumir riesgos o “cambios de mentalidad” trascendentales, debido a la alta probabilidad de censura o falta de respaldo real –que no dependan de actitudes personales.

Contexto “legal” y organizativo
Para el funcionamiento de la prensa cubana, cohabitan en materia legal-reguladora la más variopinta documentación, que, sin embargo, no logra respaldar o controlar a los periodistas y a los medios de comunicación a través de todo su ejercicio profesional.

Dicho de otra forma, resulta escaso el material regulador si es de nuestro interés potenciar una prensa formadora de valores humanistas y una ideología revolucionaria; y sobre todo, si queremos que posea la suficiente fuerza institucional y respeto legal ante el pueblo y otras instituciones nacionales o extranjeras.

A esto debe sumársele que los medios de comunicación pertenecen a diferentes organismos como el ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), PCC (todos bajo su tutela, pero específicamente los periódicos provinciales y el Granma), Unión de Jóvenes Comunistas (Juventud Rebelde) y otras instituciones y organizaciones (Trabajadores, Juventud Técnica, Bohemia y un largo etcétera).

Soy de la opinión de eliminar los “nombramientos” de funcionarios políticos como directivos de Medios de Comunicación. ¿Acaso dirige un hospital alguien que no sea médico?

Asimismo, y aunque parezca increíble, sindicalmente los periodistas somos asumidos por el Sindicato Nacional de Cultura –bastante ajeno a nuestros intereses, condiciones de trabajo e inexistencia “ministerial” de la prensa. Estas condiciones redundan entonces en la escasez de una atención, superación y guía homogénea –esto último, sobre todo, en cuanto a una política comunicacional nacional.

Debido a esta desorganización, solo atenuada por la sempiterna guía del Partido, el periodismo cubano y sus medios de prensa, además de necesitar ese organismo central, aglutinador –un Ministerio quizá–, precisa urgentemente, vías legales que lo respalden y regulen para no depender nunca más de “interpretaciones” o “voluntades”.

En cuanto a la urgencia en Cuba de un organismo rector, desligado del manejo partidista de la comunicación y la prensa nacionales, es interesante notar la existencia del “Consejo de Regulación y Desarrollo de la Comunicación” en Ecuador. Este es “un organismo público con personalidad jurídica, autonomía funcional, administrativa y financiera” que tiene por finalidad “diseñar e implementar las políticas públicas de comunicación”. Vela por el cumplimiento de la Ley Orgánica de Comunicación ecuatoriana y tiene potestad sobre los diferentes medios comunicativos, sus contenidos y otras cuestiones reguladoras.

Definiciones: ¡zapatero a tu zapato!
Uno de los rasgos fundamentales que hoy deteriora la prensa cubana es la improvisación patente de quienes ejercen como periodistas con escasa formación afín o sin ella. Actualmente, para ingresar como tal a un medio de prensa solo basta un pequeño curso o diplomado, o ya laborando se enseñan los rudimentos sobre la marcha.

Ante tal irrespeto a la profesión, en el pretendido cuerpo legal deberán establecerse los requisitos necesarios para ser considerado “periodista”. La ley chilena Sobre Libertades De Opinión e Información y Ejercicio del Periodismo esboza en su Artículo 5°: “Son periodistas quienes estén en posesión del respectivo título universitario, reconocido válidamente en Chile, y aquéllos a quienes la ley reconoce como tales.” Además, reconoce a los estudiantes de periodismo en sus “prácticas profesionales”.

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Y no se trata de purgar, dividir, segregar. Se trata de exigir conocimientos, formación, superación, calidad en las formas de hacer que repercutan en mensajes periodísticos auténticos, profesionalmente construidos. Porque no se es periodista por solo saber escribir –al menos decentemente– sino por una capacidad de análisis y desmonte de la realidad que demandan habilidades, cultura, pericia.

Anotación aparte, soy de la opinión de eliminar los “nombramientos” de funcionarios políticos como directivos de Medios de Comunicación. ¿Acaso dirige un hospital alguien que no sea médico; o un centro científico alguien ajeno al sector? Construir mensajes, conocimientos; dirigir a profesionales con altos estándares de información y avezados en el arte del idioma y la comunicación social no es cosa de juegos. La prensa es poder, pero solo si se trabaja y se le conduce como tal. Los directivos de los medios, de una vez y por todas, deben ser periodistas, expertos en comunicación.


*Publicado originalmente en La Chiringa de Cuba. Twitter: @chiringadecuba

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