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¿Será Raúl Castro el próximo?

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Es irónico cómo la Casa Blanca de Obama puede comportarse con tanta audacia en las relaciones estadounidenses con Irán, mientras deja pasar las actuales condiciones favorables para dialogar con el gobierno de Cuba de manera similar.

Por: Hugo Cancio y Arturo Lopez Levi, OnCuba 

El presidente Barack Obama hizo una llamada telefónica histórica al presidente Hassan Rouhani de la República Islámica de Irán. Para millones de estadounidenses e iraníes esta conversación de minutos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el pasado de décadas de enfrentamientos y una esperanza para mejores relaciones en el futuro.

La conversación telefónica de los Presidentes fue posible gracias a transiciones de liderazgo importantes en Washington y Teherán. En 2008, el presidente Obama proclamó su flexibilidad para establecer un diálogo no sólo con los amigos, sino también con los adversarios. Durante las elecciones presidenciales iraníes, el presidente Rohani declaró su voluntad de negociar y hacer acuerdos con Occidente sobre el programa nuclear de su país.

Aunque la relación entre EE.UU. y Cuba tiene un lugar menor en las prioridades de los Estados Unidos que la política de Washington hacia Teherán, las posiciones presentadas por el presidente Obama y el secretario de estado Kerry nos hace preguntarnos por qué no hay medidas audaces similares de diálogo con el gobierno de Raúl Castro.

Como cubanos-americanos comprometidos en mejorar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, creemos que existen condiciones favorables en La Habana, Washington y Miami para un mayor entendimiento y una comunicación directa entre el gobierno, la sociedad civil, los líderes empresariales y sociales a ambos lados del estrecho de la Florida. Los procesos de reforma económica y apertura política en Cuba y el cambio generacional en Miami están mostrando una nación cubana, que está lista para fortalecer los vínculos entre los EE.UU. y Cuba.

Es irónico cómo la Casa Blanca de Obama puede comportarse con tanta audacia en las relaciones estadounidenses con Irán, mientras deja pasar las actuales condiciones favorables para dialogar con el gobierno de Cuba de manera similar. Resolver todos los conflictos con Cuba no será fácil, pero en si lo comparamos con la situación nuclear de Irán, el diálogo presidencial puede producir un gran avance mucho menos costoso.

En cambio, Cuba está experimentando una importante reforma económica con importantes medidas de liberalización política. Irónicamente la reforma migratoria de Cuba ha permitido a los cubanos viajar libremente, incluso a los EE.UU., mientras el embargo económico norteamericano contra Cuba no permite a los estadounidenses visitar Cuba. Esto es contradictorio e injusto.

Los informes del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre terrorismo proveen una comparación clara entre graves acusaciones contra Irán por los intentos de cometer actos de terrorismo contra objetivos estadounidenses y menores referencias a Cuba, que no presentan una sola evidencia de la participación de La Habana en actos de terrorismo durante los últimos veinte años.

Por otra parte, mientras que Irán ha apoyado a las milicias del ejército del Mahdi en Irak contra las tropas estadounidenses, Cuba está mediando las negociaciones de paz para dar fin a la guerra civil en Colombia, el aliado más cercano a los EE.UU. en América del Sur.

Como cubano-americanos que deseamos la normalización de las relaciones entre nuestros países de origen y de residencia, valoramos mucho los recientes acuerdos entre Cuba y los Estados Unidos sobre el rescate y asistencia en el mar. También somos conscientes de la difícil historia de conflicto entre los dos países. Por eso alentamos a los dos gobiernos a que muestren flexibilidad, reconociendo los errores del pasado, y lo más importante, demuestren la mayor voluntad de negociación.

Como el presidente Carter recomendó en su visita a La Habana en 2002, porque los EE.UU. son el país más poderoso, Washington puede permitirse el lujo de comenzar un ciclo positivo con algunos pasos importantes y decisivos. En primer lugar, el Departamento de Estado debe sacar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, en segundo lugar, el presidente Obama debe ampliar de un solo golpe todas las categorías de viajes no turísticos, permitiendo todo tipo de intercambios educativos y culturales, sin importar su nivel o la duración entre los dos países.

En tercer lugar, Washington debería favorecer los intercambios entre los distintos estados de la unión americana y las autoridades de las ciudades y sus homólogos cubanos que hoy están participando en un proceso de descentralización política.

Estos pasos pueden ayudar en el proceso de reformas en Cuba, eliminando buena parte de los malentendidos y la desconfianza entre los gobiernos cubano y estadounidense. Cuba y Estados Unidos deben desarrollar un amplio acuerdo para la cooperación bilateral en la asistencia humanitaria y de socorro en el Caribe.

La hora para una cooperación abierta y constructiva entre Washington y La Habana en Haití ha llegado. Cuba debe abrirse a categorías de estudio y viajes de trabajo para sus ciudadanos que desean estudiar y trabajar en los Estados Unidos más allá de los dos años límite de su reciente reforma migratoria y EE.UU. debe otorgar becas y visas a los cubanos que responsablemente participen en programas similares a los que se brindan a ciudadanos de otros países.

Por último, pero no menos importante, hay secuelas de pasadas hostilidades entre los dos países que deben ser atendidas. Es hora también de negociar con madurez una solución realista y humanitaria a los casos de la permanencia en prisión de cuatro de los cinco cubanos arrestados en Miami por espionaje y la del estadounidense Alan Gross.

Estos prisioneros son un legado de la Guerra Fría que nunca terminó entre nuestros dos países. Sus casos son particularmente simbólicos y de extrema sensibilidad para para familiares y muchas personas en ambos países y a nivel internacional.

El hecho de que el grupo de la ONU sobre detenciones arbitrarias haya expresado dudas sustanciales acerca de la equidad y la imparcialidad de los procesos legales que los condenaron es una razón más para que ambos países negocien soluciones respectivas a estos casos o acepten repetir los procesos legales, tomando en cuenta las recomendaciones de esa entidad.

Al igual que en el caso de las relaciones estadounidense – iraní es urgente entender que nuestras dos naciones tienen una oportunidad única de actuar con prudencia y pragmatismo para el beneficio de todos los cubanos y norteamericanos. Si no es ahora, ¿cuándo?

Hugo Cancio: Empresario y activista, presidente de Fuego Enterprises y Editor en Jefe de las revistas OnCuba Magazine y ArtOnCuba.

Arturo Lopez Levi: Profesor de la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

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