Siria: Sin noticias del sacerdote que trabajaba por la paz

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El jesuita italiano Paolo Dall’Oglio trabajaba en una misión dirigida a propiciar la reconciliación entre musulmanes, cristianos, alauitas y kurdos cuando desapareció en el norte de Siria, hace alrededor de un mes.  Sus más allegados temen que haya sido secuestrado y temen por su vida.

Por Michel Hoebink

“Al mismo tiempo que luchamos por la paz en Siria, tenemos que preparar el terreno para la reconciliación”, declaró Dall´Oglio en una reciente entrevista a Syria Deeply.

Sin noticias
Dall´Oglio ha trabajado durante treinta años para promover la armonía entre cristianos y musulmanes desde el monasterio sirio de Mar Musa. El pasado año tuvo que dejar el país debido a que se pronunció abiertamente en favor de la revolución. Desde ese momento, realizó varios viajes clandestinos al norte de Siria para hablar de la reconciliación con líderes del Kurdistán y grupos armados musulmanes sunitas.

En los días previos a su desaparición, el sacerdote se encontraba en la ciudad de Raqqa, en el norte de Siria, en contacto con el Amir del grupo yihaidista “El Estado Islámico de Iraq y Siria”, probablemente sobre la liberación de rebeldes y el conflicto con los kurdos. Desde el día 29 de julio no se tienen noticias sobre su paradero y según algunas fuentes ha sido ejecutado.

A finales de los setenta, el joven sacerdote Paolo Dall´Oglio, viajó a Siria y Líbano para estudiar la lengua árabe. En 1982 fue testigo de la invasión israelí en El Líbano. Para asimilar lo que allí vivió, inició un retiro voluntario en las ruinas de un antiguo monasterio en las montañas del norte de Damasco.

Cuanto más violento se volvía el régimen de Assad, más se reforzaba su apoyo a la revolución. Finalmente, en junio de 2012, fue obligado a abandonar el país.

“Estuve orando allí durante diez días y me enamoré del lugar”, dijo Dall´Oglio a Catholic Focus el año pasado. Paolo reconstruyó el monasterio y fundó una comunidad de hombres y mujeres “comprometidos con el amor a Jesucristo a los musulmanes y al Islam”.

Todos eran bienvenidos
El monasterio de Mar Musa, que data del siglo XI, se convirtió en un famoso centro en Siria gracias, en su mayor parte, a la hospitalidad del Padre Paolo y su comunidad. Toda persona con deseos de recoger aceitunas o ayudar a lavar los platos eran bienvenidos a quedarse.

En la antigua iglesia, con frescos medievales, musulmanes y cristianos rezaban juntos. En la terraza, con una gran vista sobre el desierto sirio, compartían comidas vegetarianas. “Hospitalidad en el nombre de Abraham”, lo llamaba el Padre Paolo.

El monasterio recibía más de 50.000 visitantes al año, la mayoría de ellos musulmanes. Se convirtió además, en un lugar seguro para jóvenes –católicos, alauitas y musulmanes–, quienes soñaban con un futuro libre y democrático.

Respaldo abierto a los rebeldes
Entonces, llegó la primavera de 2011. El monasterio alojó encuentros con jóvenes de todas las religiones para rezar por la paz. Cuanto más violento se volvía el régimen contra los manifestantes, más se reforzaba el apoyo de Paolo a la revolución. Finalmente, en junio de 2012, fue obligado a abandonar el país.

El Padre Paolo fue uno de los pocos líderes cristianos que manifestó abiertamente su afiliación con el movimiento revolucionario en Siria. Aquellos obispos que continuaban a favor de Assad, dijo el sacerdote, estaban engañados por la propaganda. Desde el exilio, el Padre Paolo recorrió el mundo tratando de convencer a la comunidad internacional a intervenir y ayudar a derrocar a Assad.

Memoria común
Y continuó trabajando para la reconciliación en Siria. “El pluralismo es la identidad real y profunda de Siria”, explicó Dall’Oglio a un periodista de Catholic Focus. “La ciudad siria típica del pasado es una ciudad árabe donde musulmanes, cristianos y judíos convivían y donde otras personas, como kurdos y armenios también habitaban. En este sentido, queremos volver al pasado. Queremos descubrir esto de nuevo, la memoria común”.

El 26 de julio, Paolo dejó Raqqa para hablar con el Emir del estado Islámico en Iraq y Siria. Existen imágenes en las que los habitantes de Raqqa lo saludan con entusiasmo. En su página oficial de Facebook escribió: “Me siento feliz porque estoy en una ciudad liberada y porque soy bienvenido con alegría. La gente camina libre y en paz por las calles. Espero que esto sea pronto posible en Siria”.

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