Un libro de emergencia

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El uruguayo Mario Benedetti llamaba “letras de emergencia” a textos suyos más cercanos al panfleto que a la literatura, porque defendían causas, porque eran denuncias necesarias e impostergables. El español Rafael Alberti hizo una “campaña poemática” en 1977. En vez de discursos políticos llenos de promesas y vacíos de contenido para ganar una diputación en las primeras elecciones, tras la muerte del generalísimo, Francisco Franco, recién legalizado el Partido Comunista, Alberti hacía versos por soleares (que se podían cantar acompañándose con guitarra).

Por José Reveles

El ChapoIgualmente durante la Guerra Civil de España, en las trincheras recitaban poemas de Miguel Hernández o Federico García Lorca para alentar a los combatientes. Cuando Alberti obtuvo un escaño como diputado, renunció a él en favor del dirigente campesino, Francisco Cabral. 

Ni de lejos me quiero comparar con esos gigantes de la literatura, pero de alguna manera también pergeñé “letras de emergencia” y escribí un libro urgente en torno a la recaptura del principal capo del tráfico de drogas en el mundo, el mexicano Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como “El Chapo Guzmán”. Me empujó a escribirlo el ver que había una versión del gobierno inverosímil, francamente manipulada, demasiado fácil y trillada en torno al sometimiento del supercapo, como si hubiese sido abandonado solo y a su suerte por su ejército de escoltas en unos clasemedieros condominios del puerto de Mazatlán, en Sinaloa. 

Muchos mexicanos buscan explicaciones más allá de las verdades oficiales, porque hace tiempo que no le conceden la mínima credibilidad a las acciones del gobierno y a los shows mediáticos para acomodar cada hecho a la medida de la propaganda.

¿Y será él de verdad?

La gente sigue preguntando, frente a fotografías de un “Chapo” sometido, como la de la portada de este nuevo libro: ¿Y será él de verdad? Porque en el imaginario colectivo solamente existe la imagen del capo capturado en junio de 1993 en la frontera de Guatemala y México, todavía joven, esbozando una burlona semi sonrisa.

Para mí lo único claro y sin discusión es que la recaptura se dio gracias al seguimiento de las agencias de inteligencia de Estados Unidos. No fue labor de la Marina ni alguna otra institución armada mexicana. Esto parece confirmarlo el hecho de que medios informativos de la potencia del norte dieran a conocer primero la re-aprehensión y después las fotos del momento en que se le obligaba, jalándole por los cabellos, a mirar a una cámara. Pasaron cuatro horas antes de que el gobierno mexicano confirmara la noticia que, entre tanto, ya había dado vuelta al mundo.

Más que conclusiones tajantes, lo que el volumen de 212 páginas “El Chapo: entrega y traición” aporta son antecedentes históricos sobre los arreglos en cortes de Estados Unidos y también extrajudiciales para otorgar perdones, inmunidades, reducir penas, abandonar persecuciones contra familiares de importantes capos de la droga.

Ese fue el caso con los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, líderes del Cártel de Cali, quienes entregaron a cambio de tales beneficios unos 2 mil 100 millones de dólares en propiedades y cuentas bancarias en varios países. A sus parientes se les dejó una fortuna suficiente para que pudieran vivir con holgura varias generaciones.

Estos arreglos tenían lugar diez años después de que los Rodríguez Orejuela buscaran con sus comandos armados, junto con militares y fuerzas policiales, a su enemigo Pablo Escobar Gaviria, líder del Cártel de Medellín.

Ellos presumieron de haber comprado aparatos con la tecnología más moderna de la época para intervenir las llamadas telefónicas de Escobar, de traficantes y gobierno unidos, hasta que Pablo fue liquidado en 1992.

El caso “El Vicentillo”

El libro aporta un dato que se le escapó a toda la prensa mexicana, incluidos sus corresponsales en territorio estadunidense: Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”, tenía 38 años cuando aceptó firmar una “declaratoria de culpabilidad” y un pacto para comenzar a delatar el modus operandi del Cártel de Sinaloa (esto ocurría en marzo de 2013, pero se dio a conocer un año después, ya con “El Chapo” en prisión), aceptó que el gobierno de Washington le incautara una fabulosa fortuna: 1,373.4 millones de dólares. 

Se trata de una cantidad 37 por ciento mayor a los mil millones de dólares que, en tres años consecutivos, la revista Forbes le atribuyó a “El Chapo” Guzmán para colocarlo entre los millonarios más influyentes del mundo. 

A cambio de sus revelaciones, que pueden traducirse como traición en los códigos delincuenciales,  “El Vicentillo” ya no estará de por vida en prisión; será condenado a un máximo de 10 años de cárcel (a no ser que rompan los acuerdos). Ya no estará sujeto a proceso judicial en la Corte de Illinois porque su caso fue reservado como de “seguridad nacional” para los Estados Unidos.

Lo más importante para Washington es evitar que se ventilen arreglos extrajudiciales y criminales del gobierno de, Barak Obama, con capos delincuenciales de México y también con marinos, militares, policías y políticos que sirven de informantes de la DEA, la CIA y el FBI.

“El juicio hubiera sido muy costoso para el Departamento de Justicia. Podrían haberse dado a conocer varios acuerdos entre las agencias federales con el narcotráfico mexicano…, se corría el riesgo de tener que haber identificado los nombres de informantes en México. Entre ellos se encuentran narcotraficantes, militares, policías y políticos”, según publicó J. Jesús Esquivel, corresponsal de la revista Proceso, citando fuentes gubernamentales. El propósito de escribir este libro fue que el ciudadano común disponga de elementos para analizar datos y sacar sus propias conclusiones.

Como autor concluyo que la recaptura de “El Chapo” tuvo menos que ver con la delincuencia organizada y el narcotráfico que con el fortalecimiento del presidente Enrique Peña Nieto.

Tras la captura, el presidente mexicano apareció en Time como “el salvador de México” y así se facilitaría la entrega de los energéticos a los inversionistas extranjeros; se colocaría al mandatario mexicano entre los más relevantes del mundo y entonces los inversionistas deberían depositar su confianza en un país que supo reformar las leyes para adaptarse a la modernidad (con renuncia de soberanía incluida) y, además, capturó al capo más relevante del mundo.

Finalmente, la ausencia física de “El Chapo” apunta a una pugna violenta por el control del Cártel de Sinaloa, en donde los “narcojuniors” ejercerán todo el poder adquirido para combatir a quien crean que es su enemigo interno.

Eso no impide que el negocio siga siendo exitoso y productivo. Ya hay una estructura criminal empresarial que funciona como una máquina perfecta, más allá de si “El Chapo” está en prisión (mexicana hoy; seguramente en los Estados Unidos dentro de un año), de si Juan José Esparragoza Moreno “El Azul” se pudo haber autodesaparecido para seguir activo y con otra identidad desde algún lugar del mundo, porque así es este negocio: un redondo triunfo de la globalización.

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Comentarios

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