La última noche, los inesperados acordes de Knockin’ on Heaven’s Door fueron seis minutos en vivo capaces de robarse una vida.

No fue tocada por los Kents, ni se interpretó una versión cubana, ni de victrola. Incluso cuando la de Guns N´Roses fuera ya una versión del original de Bob Dylan, la versión de Dead Daisies en el Salón Rosado de la Tropical, La Habana, durante el mejor concierto de Rock & Roll (cuando menos) que se ha hecho en Cuba desde que tengo uso de razón, también lo es.

Llegaron hace una semana. Ellos son David Lowy (líder de The Dead Daisies), Darryl Jones (bajista), Bernard Fowler (vocalista), Marco Mendoza (bajista), John Corabi (vocalista), Richard Fortus (guitarrista) y Dizzy Reed (teclista). Les avalan años de giras, éxitos y colaboraciones con algunos de los mejores grupos y vocalistas de rock de la historia, como The Rolling Stones, Guns N’Roses, Thin Lizzy, Ozzy Osborne o Billy Idol.

Anunciaron su viaje en las redes sociales y fueron actualizando la información ya desde la Isla. Vinieron, en palabras de Dizzy Reed, a “tocar algunas canciones de rock & roll, a sumergirnos en la cultura, la comida, el ron y, por supuesto, la música. Con los cambios diplomáticos recientes, parece ser éste el momento perfecto para ir”. Son conscientes de ser la primera banda de rock que visita Cuba luego del anuncio del restablecimiento de las relaciones con EE.UU. “Este viaje será histórico”, se anunciaba en su página de Facebook.

La visita fue propiciada por la Red de Redes en Defensa de la Humanidad, el Instituto Cubano de la Música y la Agencia Cubana de Rock. Aunque se dijo que no está relacionada con el acercamiento diplomático entre ambos países, la sensación de que ahora éste y otros conciertos son más posibles que antes se mantuvo en el aire.

“Lamentablemente, no conocemos el rock cubano”, afirmó Marco Mendoza durante el conversatorio en el Maxim Rock horas antes del primer concierto en la Isla: “Con el favor de Dios, ésta va a ser la primera de muchas visitas. En pocos días hemos conocido a numerosos amigos y creo que debemos mantener esa conexión, pues tal vez podamos promover su música por allá”.
Antes, uno de los miembros de la Agencia Cubana de Rock les explicó que, históricamente, cada vez que viene alguna banda de rock importante “jamás ha tenido contacto con los músicos que hacen rock en Cuba, siempre ha sido con representantes de la salsa, el jazz, la trova” y agregó que “los llevan a las escuelas de arte, pero aquí el rock se hace en la calle. Incluso, hace poco vino al país el guitarrista de Sting y fue cuando visitó el Maxim que descubrió el movimiento de rock cubano. Él no sabía que existía”.

“También en los medios casi todo lo que ponen es música tradicional, salsa. Y se hace muy difícil la difusión de nuestro trabajo. Sería bueno que incitaran a otros grupos a venir para poder mantener este tipo de intercambios y que les contaran sobre sus experiencias aquí”, dijo otro joven músico. Luego, ante las dificultades expresadas, Darryl Jones aconsejó perseverancia, lealtad: “El público va a llegar a ustedes por su fe en lo que hacen. Precisamente porque casi nadie los conoce y porque es duro hacer esa música aquí, quizás están creando algo único. Así que continúen trabajando de esa forma, para que cuando el mundo los descubra, sea algo muy especial lo que encuentre”.

– “¿Van a regresar?”, pregunta una muchacha.
– “Sí, ya hemos conversado sobre eso”, dijo Richard Fortus.
– “Definitivamente”, agrega Dizzy Reed.
– “Y los Rolling Stones, ¿podrían venir?”, insiste la joven.
– “Sí”, es rotundo Bernard Fowler. Y le traducen: “Estamos esperando que un productor nos invite y arregle las cosas para venir”. Ovación.

También Richard Fortus afirmó a la prensa que esperaba convencer a los miembros de Guns N’ Roses para tocar en Cuba.

Esa tarde, estaban presentes numerosos jóvenes que llegaron desde provincias como Santa Clara y Holguín (a más de 800 Km. de La Habana) para disfrutar de sus conciertos. Eran, dijeron, representantes de muchos amigos que no tuvieron la oportunidad de viajar. Estaban, cómo decirlo, ¿radiantes de felicidad?. Sí, radiantes.

Y el concierto final, el de la paz, sin lecturas políticas aprovechadas de tanta plenitud, fue sencillamente espectacular.
En Cuba se ha vivido a Sepultura, Audioslave, Manic Street Preachers, Kool & The Gang… Pero ésta puede haber sido la mayor oportunidad de encontrarse con una buena parte de la historia del Rock & Roll en una sola noche, sin salir de mi país, por el equivalente a un dólar y una de las colas de concierto más organizadas en las que he estado.

Fue el solo de Brian Tichy haciendo volar por los aires sus baquetas hasta que únicamente le quedaron los puños lo que todavía me sacude. Fue la voz de Bernard Fowler desgarrándose hermosa con Helter Skelter. Fue Yesterday y Richard Fortus abriéndose camino, mordiéndose los labios, recordándonos de dónde viene. Fue, sobre todo, Knockin’ on Heaven’s Door completa, comprimiendo en el pecho los años de adolescencia en el Parque G y el Patio de María, donde íbamos a falta de cualquier otra opción rentable que nos permitiera ser “freakys”. Los años de cientos de canciones que esa noche, en el Salón Rosado, dejaron de ser imposibles.

Y fue, por último, la frase de Marco Mendoza: “Los amamos. ¡Nunca dejen de soñar! Arriba y adelante. A la luna. ¡A la luna!”.