Leandro Camargo es un jíbaro. No solo porque conserve el aire natural de monte adentro junto a su extensa cultura de letras, sino porque rehúye, con habilidad y elegancia, cualquier molde que lo aprisione, incluido el de una entrevista periodística. Delgado, trigueño, de mirada noble, este joven integra, a juicio de muchos, el reducido grupo de los poetas improvisadores más relevantes de Cuba e Iberoamérica, en una tradición que cuenta con figuras como Jesús Orta Ruiz, Ángel Valiente, Tomasita Quiala y Alexis Díaz Pimienta, por solo mencionar algunos.

Nacido en 1987, comenzó a cantar e improvisar versos con nueve o diez años, en una finca al sur de su casa, en Paso Real de San Diego, Pinar del Río, en un momento de particular efervescencia del repentismo. Desde entonces no ha dejado de enlazar la poesía en el aire con una insólita destreza. De una canturía pasó a otra, y a otra, y a un festival de improvisación, y a un premio, y a otros galardones, en una indetenible conquista de la expresión lírica, que como él apunta con certeza, no es lo mismo que la simple rima u otros elementos formales.

De su agilidad mental dan muestra las nociones propias sobre conceptos muy manoseados con los que lo provoqué durante nuestro diálogo.

Dije «Felicidad» y él poeta resumió: «No ir contra tu voluntad propia es una de sus raíces más productivas».

Pulsé «Cubanía» y apretó más la idea: «Una condición histórica».

Irrumpió «Juventud» y se activó su vena filosófica: «El tiempo que transcurre en esta vida, mientras te parece que tienes más futuro que pasado».

Pero antes de estos «disparos» le había recordado su más reciente triunfo: mejor repentista del año 2016 y artista de mayor popularidad de Palmas y Cañas, el programa más referenciado de la música y cultura campesinas en la Isla.

—¿Cuánto pesa la fama a tan temprana edad?

—«La fama inmoviliza cuando trabajas exclusivamente para ella. Cuando te conocen muchos, y de algún modo aplauden tu obra, se crea una expectativa sobre la próxima presentación, y ahí puedes confundirte, porque la preocupación excesiva por complacer a otros y hacer honores a lo que creen que eres, pasa casi inexorablemente por una pérdida de la autosatisfacción y la espontaneidad, dentro del artificio que pueda implicar el arte. Un escritor catalán decimonónico, Joan Maragall, desarrolló una distinción entre la gloria y la fama; decía que “la fama es el resonar de nuestro nombre en los oídos de las gentes, pero la gloria es el reinado, el resonar de nuestro espíritu en los espíritus”. Confundir la primera con la segunda, significa perder tu libertad como creador, y todo lo que limite la libertad, es antiartístico».

Su voz no es particularmente eufónica, pero alcanza sobre el escenario una energía y precisión seductoras cuando acopla metáforas en segundos, esculpiendo la décima, estrofa por excelencia del pueblo cubano. Filólogo, editor, invitado permanente a guateques en diversos sitios de la nación, este soñador prefiere irse a recoger mangos en una arboleda después de un aguacero que pasarse horas en una tertulia literaria.

Artistas cubanos

Foto: Cortesía del entrevistado

—En los tiempos de banalidad que corren, ¿cuánto importa, conmueve y moviliza la poesía oral improvisada?…

—«Es un arte del aquí y el ahora, performático, donde todo el cuerpo participa como generador de signos. La unión entre público y el poeta puede ser especialmente intensa, conmover de una manera peculiar. La poesía, en sus orígenes, fue cantada, y nunca ha dejado de serlo. Escuchar es una forma distinta de leer. En Cuba, muchos amantes del repentismo alcanzan, gracias a la calidad de los textos de algunos improvisadores, una cultura poética superior a la media de la sociedad en que viven».

A su óptica no escapan los «antiguos prejuicios contra la oralidad y la improvisación», debidos, entre otros factores, a «clichés frecuentemente reproducidos por medios de comunicación y hasta por artistas, y una todavía insuficiente promoción del género»; pero piensa que estos enfoques discriminatorios pueden ir terminando en el país gracias a la vitalidad y el atractivo que logra esta creación.

Aunque es consciente de que «la supervivencia económica es determinante en casi todo», para mi entrevistado, asumir sus actividades profesionales diarias, la edición de textos literarios y el repentismo, «obedece, en primer orden, a una vocación». «De lo contrario, afirma tajante, me hubiera dedicado exclusivamente a los negocios».

—A juicio de algunos, la décima está demasiado “contaminada” en el contexto nacional con el panfleto político, con los encargos de tribuna y consigna…

—«Es cierto, la décima ha sido una estrofa muy utilizada en nuestro país para la repetición de lugares comunes en el ámbito político. Sin embargo, no ha de ser identificada siempre, de manera directa y exclusiva, con esta función de servicio; pues tanto en la oralidad como en la escritura, ha abarcado los más diversos temas, desde los universales y abstractos hasta los cotidianos y concretos».

Le propongo me esboce brevemente qué son para él la diversión y el entretenimiento…

—«Lo que divierte a cada individuo depende de sus características personales. A veces hay quienes piensan que se divierten sólo porque hacen lo mismo que los demás; y en realidad, lo que hacen es adornar la inercia de estar extraviados de sí mismos. Para mí, divertirme, es encontrarme; sea pescando a la orilla de un río, leyendo, oyendo música, o creando»…

Cuando le pregunto por lo que más le preocupa y lo que más le alienta del país que vive cada jornada, vuelve a sacar su revólver de suma síntesis: «El día de hoy».

Y casi cerrando nuestra charla nos regala una primicia: «Hay dos libros de poesía que, en fecha no muy lejana, quisiera publicar. Dentro de ellos, varios poemas me satisfacen, algunos momentos de especial intensidad; espero que encuentren puerto en un lector que así los reciba».