Unos dicen que San Lázaro puso el milagro para salvar distancias irreconciliables. Otros dicen que fue solo coincidencia. Pero el 17 de diciembre, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos anunciaron el comienzo del deshielo en sus relaciones. Un año después, el diálogo entre ambos países, catalogado como “discreto”, no parece generar grandes cambios.

“Yo soy revolucionario asere, no me compliques”, nos dice Yosmel, un joven que a golpe de pedal se gana la vida en las calles de Centro Habana. Desde su bicitaxi ha conversado con turistas norteamericanos, mientras sueña poder ir algún día “al país de las oportunidades.”

Yosmel espera atraer turistas a su bicitaxi, pero también le gustaría, algún día, vivir en lo que llama la tierra de las oportunidades. Foto: Alejandro Ulloa

“Claro que espero que mejoren las cosas. Pero esto no ha cambiado mucho. Todavía no hay ná pa los pobres. Todo sigue siendo pa los «barrigas llenas». Me gustaría que la gente pudiera moverse pa´llá y pa´cá, como en los tiempos de mi abuela”.

Yosmel no se detiene mucho en si vienen más o menos turistas, que si mejorará la economía. Lo de él es rodar cada día, en su bicitaxi, y “ganarse los frijoles”. “Lo mío es darle al pedal, y si la cosa cambia, mejor”.

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También Liandy recorre a diario la ciudad. A sus 24 años es técnico medio en informática, pero le da más resultado manejar un Ford de 1954, donde ofrece recorridos a los turistas que visitan La Habana.

Liandy espera por turistas para pasear por La Habana en su Cevrolet del 54. Foto: Alejandro Ulloa

“Fue tremenda noticia lo de Cuba y Estados Unidos. Y han venido más turistas americanos, pero no tantos. Yo he trabajado con algunos, y aseguran que les gusta La Habana, los cubanos”, dice mientras mira insistentemente el reloj, pues son las diez y media de la mañana aún no cae ningún cliente. “Lo que espero es que mejoren las cosas, que aumenten los turistas. Eso va a ser bueno para todo el mundo.”

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Lo que nunca imaginó Yoel, es que vería personalmente a un Secretario de Estado norteamericano, y mucho menos que le compraría uno de sus humidores. Del nerviosismo de aquel día frente a John Kerry guarda las fotos, y espera por más americanos que le compren.

“He visto unos cuantos turistas de Estados Unidos, pero son sobre todo personas mayores, no tanto jóvenes”, dice haciendo referencia a los viajes “pueblo a pueblo” que llegan desde el norte, casi siempre en grupos y con viajes bastante dirigidos, según las regulaciones del Departamento de Estado.

na foto con John Kerry y sus humidores buscan clientes para Yoel. Foto: Alejandro Ulloa

Mientras la economía “se lo exija”, para Yoel –ingeniero mecánico y carpintero autodidacta–, los humidores no serán solo un hobby, sino un sustento vital.

Desde febrero, los estadounidenses que visitan la isla pueden llevarse a casa ron, tabacos y manufacturas variadas, entre otros artículos. Y aunque Yoel no lo sabía, ve la normalización como puro beneficio, “al final ellos son nuestros vecinos”.

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Ivania Ordaz es una de esas cubanas que quisiera borrar de golpe el mar. 90 millas la separan de su esposo hace ya más de tres años. El 17D pensó mucho. Pensó que pronto podría verlo, que ahora todo sería más fácil, que por fin pasaba algo. Pero nada ha cambiado para ella un año después.

Foto: Alejandro Ulloa

“No he visto que los gobiernos se hayan puesto de acuerdo. Al menos no en el tema que más nos preocupa, el de la reunificación familiar”, dice a las puertas de un templo dedicado a San Lázaro, en las afueras de La Habana. Ha ido siempre por tradición familiar, pero también reza por el reencuentro. “Para el cubano, la familia es muy importante. Hay muchos que no quieren emigrar, solamente ir y venir, acompañar a sus seres queridos”.

 

Durante doce meses, se ha mantenido atenta a la radio y al periódico; a los noticieros (de adentro y de afuera),  a las notas oficiales, a las declaraciones de los funcionarios de los dos países, mientras la ausencia sigue marcando su vida. Ivania espera “lo que siempre se ha esperado antes del 17D, que nos dejen viajar sin tantas trabas”.

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Así van los días en La Habana, en Cuba entera. El discurso varía, más “visitantes” llegan desde el norte, los presidentes se dan la mano, hay embajadas, los gobiernos tienen encuentros técnicos… Pero hasta ahora, los cubanos ven pocos cambios palpables.

“Habrá que esperar”, coinciden todos en decir.

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