Las Artes Marciales Mixtas (MMA) a pesar de una imagen violenta, agresiva y sangrienta que venden, cuentan con un grupo creciente de seguidores en Cuba. Ellos -aficionados que en su mayoría ven aquí solo un entretenimiento- disfrutan del curioso deporte de la misma manera que aprecian especialidades como el Boxeo, el Karate, el Taekwondo, la Lucha grecorromana, el Kenpo, la Capoeira y el San Da. El uso combinado de todas esas artes marciales da como resultado el “MMA”, un método de defensa personal utilizado para la competición en el deporte de combate.

Los que se aventuran a practicarla se involucran en la lucha de mayor contacto personal existente, ya que permite el uso de golpes, patadas, llaves y técnicas que forman parte de otras disciplinas.

Aun cuando las MMA cuentan con practicantes cubanos reconocidos, en la mayor de las Antillas este deporte no se encuentra registrado oficialmente.

El crecimiento de esta práctica depende de que la misma afición, u organizaciones como el Instituto Nacional de Deporte y Recreación (INDER), reconozcan la especialidad.

El octágono, la jaula, guantes, protectores bocales y pantalones son, apenas, algunos de los aditamentos que necesita este deporte. Su alto nivel de producción, unido a la precaria condición del sistema deportivo cubano, se traduce en la dilación de la apertura de torneos y academias que amplíen su oferta y ofrezcan una mejor preparación.

A dichas condiciones se sobreponen las ganas de hacer de algunos entrenadores cubanos que, cada día, dedican buena parte de su tiempo a enseñar esta especialidad a los interesados.

Esta es la historia de uno de ellos.