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23/11/2016

El cubano ha probado su paciencia siempre. Nos hemos sentado a esperar, que del gotero de donde provienen las buenas noticias, vayan cayendo: una a una, las contadas alegrías que nos tocan. Internet es una de esas aspiraciones, escrita en la listas de las cosas que un cubano pide con fervor.

La red de redes encanta a todos. Su abanico de posibilidades es inmenso. Su uso depende de las necesidades de cada uno y su llegada a la Isla, de forma masiva, asequible y con calidad, se hace esperar.

Internet a Cuba ha llegado a medias. Coquetea y enseña un filo. Siempre nos deja con ganas de más. Sus bondades son repartidas como migajas. Pocas personas tienen acceso -desde diferentes vías- a una conexión que es cara, lenta y está limitada a muchas cosas.

La wifi tornó el paso acelerado pero no es suficiente. No me conformo con una conexión pública que no es gratis, con los bancos o contenes de una esquina, con las concentraciones de personas sin privacidad que gritan a voces sus mensajes, con la sospecha interior de que alguien lee lo que escribo y no estoy autorizando a eso.

Algunas instituciones, con pases mágicos de un nombre de usuario y contraseña, regalan a sus trabajadores o estudiantes la posibilidad de entrar. Casi siempre con un límite de megas o tiempo y una lista de restricciones y sugerencias como qué poner en las redes sociales, las páginas de compraventa prohibidas, lo que se debe leer o lo que no.

Quedaría mencionar a quienes navegan desde sus hogares. Esos que han alcanzado la máxima aspiración y lo mismo lo hacen a través de una cuenta de Enet (servicio de ETECSA que es también malo y caro) o por alguna cuenta de Infomed u otra organización o centro de trabajo que tenga internet entre sus beneficios.

Otras vías existen -al cubano no le falta iniciativa- por eso los que tienen una wifi cerca se salvan y los que no, buscan otras formas que mantienen el denominador común del precio alto y la lentitud, pues no es lo normal ver a Google en Cuba devolver respuestas rápidas.

Explicarle al mundo, lo que representa el Internet para un cubano es una tarea difícil. Lo que es algo normal para todos, para nosotros es diferente, es complicado, es una quimera. Se agradecen las soluciones a medias como paliativo a la necesidad, pero está faltando más. Está claro que aunque las estadísticas de accesibilidad desde dentro han aumentado y en muchos sitios hay conexiones rápidas y funcionales, todavía queda un vacío que llenar.

Mientras, benditos los desconectados. Esa gente que anda por ahí sin preocuparse de las cosas que no saben, de todo lo que se puede hacer con Internet y lo que no. Los que se conforman y creen que todas sus plegarias fueron escuchadas. Esos que no tienen cuenta de Facebook o Twitter y no les interesa. Benditos los que creen que en el siglo XXI se puede amanecer sin Internet. Para ellos es -sin dudas- este reino de baja conexión.

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Rosa FernándezRosa FernándezPerfil del autor

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