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El "impuesto extra" de las escuelas cubanas

Septiembre trae alegría a padres e hijos: unos por el descanso que simboliza tener al pequeño en la escuela; los otros por la expectativa de lo nuevo. En mi caso muy personal, cada inicio de curso supone un nuevo reto, desde conseguir la merienda, hasta ayudar con las tareas de última hora que siempre aparecen tras una ausencia prolongada de algún profesor o la llegada de uno nuevo.

Pero quizá la más estresante sea ser el delegado del aula, como se le conoce al padre que representa a cada grupo y que forma el consejo de padres de la escuela. Si bien al inicio del curso “todo está listo”, siempre faltan detalles que los padres, tenemos que arreglar; desde la pintura de un aula hasta la compra de un candado para la misma.

No entiendo por qué esos detalles no se arreglan con tiempo.

La preocupación de cada padre es que su hijo se sienta a gusto en el lugar donde va a aprender, sentimiento bien aprovechado por quienes exigen un aula limpia, pintada y adornada, sin garantizar materiales mientras todo corre por cuenta de los dolientes.

En una de las aulas de las que soy delegado hubo que “multar” a los padres para comprar el candado del aula desde el primer día del curso. A groso modo di un vistazo al mobiliario, y si bien está completo, veo que algunos necesitarán de una reparación inmediata.

Es una realidad que la educación en Cuba no nos cuesta nada, pero tiene gastos colaterales. Uno muy común es la tarea que por lo general realizan las madres, de forrar los libros y libretas. Dichos forros salen del bolsillo de los padres con carácter obligatorio, pues es una exigencia de la institución que a su vez no garantiza esos materiales.

Otros de los gastos son en los accesorios del uniforme: medias, zapatos y bisutería para el pelo en el caso de las niñas. Según el reglamento, las medias deben ser preferiblemente de color blanco, pero ¿dónde las venden? Los zapatos preferiblemente de color negro, pero ¿dónde están y a qué precio? Y de los accesorios para las niñas hay que comprar, obligatoriamente los colores que peguen con el uniforme.

Si al igual que con los uniformes, el Estado destinara presupuestos para medias zapatos y accesorios, entonces nos podría exigir su uso; de lo contrario los niños irán con lo que se ha podido comprar o conseguir o alguien le ha regalado en caritativa acción.

Mientras, se acerca octubre, el mes la emulación por tener las aulas listas. Esto significa que hay que pintar, adornar, embellecer las aulas… con el dinero salido del bolsillo de los padres. Siempre se le ha llamado ayuda, pero ya se ha convertido en obligación toda vez que hay una emulación y que nosotros, como padres, no queremos que nuestros hijos se sientan mal o sean señalados en el matutino por ser “incumplidores”.

Sin embargo, no puedo dejar de notar el contraste con las actividades de la jornada por el día del educador en diciembre y con la del fin de curso en junio.

En cada una de ellas ha habido malos entendidos y hasta llamadas anónimas para quejarse por las actividades, lo que ha traído como consecuencia que la escuela tratara de impedir la recogida de dinero de los padres. Felizmente las hemos realizado bajo nuestro legítimo derecho de organizarlas bajo el asesoramiento de la escuela, pero con nuestro dinero.

Al parecer algunos se olvidan —convenientemente— de los “impuestos” extra que pagamos los padres para resolver los “detallitos” de las aulas.

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Daylan Graelles MéndezDaylan Graelles MéndezPerfil del autor

Comentarios

Phoenix 2 meses 2 semanas

Cada pueblo tiene el gobierno que se merece, 60 años dirigidos por una misma familia .
pedro 2 meses 1 semana

Que artículo más mierdero....cuanta felonía y desverguenza de quien escribe..ni un gracias por el mejor sistema de educación en el Tercer Mundo...lo dice la UNESCO..no yo